Los obstáculos que alteran la migración de los peces

Expertos dan a conocer los perjuicios que ocasiona la falta de movimiento de algunas especies de peces.
viernes, 30 de mayo de 2014 · 20:57
Tatiana Sanabria / La Paz
Cada vez que un cardumen de sábalos, surubíes o dorados se desplaza por los ríos en busca de mejores condiciones de vida, suele encontrar obstáculos infranqueables que les impiden cumplir el proceso de migración. Se trata de grandes represas, pescas excesivas en comunidades aledañas y problemas de contaminación sonora y ambiental.
En el marco del Día Mundial de la Migración de Peces, expertos del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN), del Instituto de Ecología y de la Wildlife Conservation Society (WCS) realizan acciones para involucrar a la opinión pública y generar un espacio de discusión sobre cómo se puede intervenir en estos problemas.
Los procesos de migración -explica Jaime Sarmiento, investigador del MNHN- están relacionados con la reproducción para el  mantenimiento de poblaciones de peces y la búsqueda de alimentos y  refugios más favorables.
Ahí reside la importancia de este movimiento arriesgado, pero necesario, que se lleva a cabo por temporada y, según el tipo de especie, puede alcanzar una distancia desde 100 hasta 4.500 kilómetros entre las cuencas amazónica y del Paraná, entre otras de la región.
"Sólo en la Amazonia, de las 802 especies que se conocen, al menos el 10% de las que pesan más de  dos kilos realiza migraciones entre el delta del Amazonas y la base de los Andes”, asegura el ictiólogo.
Entre estas especies se encuentran grandes bagres como el sábalo, que se considera un ícono del río Pilcomayo, en el sur del país, por su aporte en la economía.
No obstante, la ausencia de este pez en los mercados fue acentuándose paulatinamente desde hace dos décadas. Este hecho no sólo afecta a los pescadores de la zona, sino también a peces más grandes que se alimentan de los sábalos.
El biólogo Guido Miranda, de la WCS, considera que además de la construcción de las represas, algo que afecta el ecosistema de estas especies es la alteración de los ríos por la búsqueda de materiales de construcción como cascajo y arena, que producen la modificación de la estructura de las orillas y alteran la ruta de los peces y, por ende, su supervivencia.
"A esto se suma la contaminación petrolera y la contaminación acústica cuando se realizan trabajos de construcción en los ríos. Todo esto puede alterar el comportamiento migratorio”, dice.
Los grandes peces, que pueden llegar a medir dos metros de largo y pesar 70 kilos, no conocen las fronteras. Muchos de ellos hacen su recorrido desde Argentina, pasando por Paraguay, Bolivia, Uruguay, Brasil e incluso pueden llegar hasta Perú por los ríos de la Amazonia.
La investigadora Soraya Barrera, miembro de la Colección Boliviana de Fauna, explica que en muchas regiones se decretan periodos de veda, pero esto es un esfuerzo poco útil, porque, ante la falta de fronteras para estos animales, no existe coordinación entre países.
Ante este panorama poco alentador para los peces, Barrera considera que una alternativa es "concienciar a la gente local para que se apropie de sus peces emblemáticos y desarrollar mejores planes de manejo y regulación”.
Y si bien algunas represas tienen pasos para peces, en la mayoría de los casos no cumplen su propósito debido a que son escalinatas difíciles de atravesar para algunas de las especies. "Entonces se puede diseñar mejor esos pasos para no tapar los canales, con el fin de no ver acumulación de peces”, añade Miranda.

Los expertos coinciden en que este problema, que, sin duda, se ha convertido en una preocupación generalizada y de nivel mundial, debe encontrar una solución concreta y definitiva en el contexto regional, para eliminar las interferencias en las migraciones de peces y contribuir en su bienestar y permanencia en el ecosistema.

Siguiendo el rastro del pez chipi chipi

En los recientes meses, la Wildlife Conservation Society  (WCS) realizó una nueva documentación para la ciencia con el seguimiento de la ruta migratoria de una especie llamada chipi chipi, un bagre pequeño que realiza una larga travesía de más de 350 kilómetros que, para su tamaño, representa un esfuerzo enorme.
El biólogo Guido Miranda explica que parten de la planicie de inundación del río Beni y atraviesan  dos estrechos de Rurrenabaque: el Suse y El Bala, que son puntos estrechos donde la gente aprovecha para capturarlos. Su trayecto concluye alrededor de Palos Blancos, en Alto Beni.
"Los pescadores llegan a capturar hasta 50 kilos, pero no es un problema porque se mueven entre millones de individuos por menos de un mes y cuando pasan por Rurrenabaque los pescan intensivamente”, agrega el experto.
Como especie, hasta donde se sabe, es ampliamente distribuida y es la única zona donde realizan la migración. Las familias en la zona lo consumen frito, como un plato de temporada semejante al ispi.
"Estas inundaciones hicieron que el número aumente y se convirtieron en una alternativa en la comida de los benianos, porque son una buena fuente de proteína y con aporte energético”, comenta el biólogo Guido Miranda en la entrevista con el diario Página Siete.

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