Don Juancho, el jaguar ciego del parque Ambue Ari

La Comunidad Inti Wara Yasi recibió en 2009 a un jaguar enfermo de 20 años y decidieron cambiar su vida. Hoy es un personaje entrañable que disfruta la música de Bob Dylan.
martes, 23 de septiembre de 2014 · 21:03
Alejandra Pau / Santa Cruz
 Su sola presencia es abrumadora, tener a un gran felino a menos de un metro de distancia no se puede definir de otra manera. Su caminar es apacible, aunque  cojea. Cuando está acompañado por algún voluntario le gusta dar largos paseos por los límites de su amplio recinto. Don Juancho es un  sobreviviente con todas sus letras.
 Era un jaguar de 20 años cuando  fue entregado en 2009  por la Gobernación de Santa Cruz a la Comunidad Inti Wara Yassi  (CIWY) que lo trasladó al Parque Ambue Ari.
"Vivía en el zoológico de Santa Cruz en el área de cuarentena por mucho tiempo. Había perdido la vista en un ojo y tenía una infección. Lo que contaban las personas en el zoológico era que uno de los trabajadores con un soplete, al pintar la reja del espacio que habitaba, le quemó el ojo”, relata la co fundadora  de CIWY, Tania "Nena” Baltazar.
El lugar en el que  estuvo por años no medía más de dos metros por cuatro y por  su condición física  no formaba parte del recorrido de los visitantes.
Cuando llegó al parque,  los miembros de CIWY se dieron cuenta que  la infección en el área del ojo no daba tregua. Todos los días  le ponían gotas,  para él era un suplicio.
 Un centro de custodia
El parque Ambue Ari es un   Centro de Custodia de Fauna Silvestre que se encuentra entre Ascensión de Guarayos y Trinidad, en el departamento de Santa Cruz. Cuenta con 800 hectáreas y alberga a más de 70 animales de más de 20 especies distintas. Ahí vive don Juancho en un recinto de 20 metros por 40 donde hay plantas, árboles y matorrales.      
 

"Además del problema del ojo tenía otro en la cadera, cuando camina se nota el problema”, añade la veterinaria Susana Osorio.  Se presume que recibió algún golpe.

Es casi mediodía, el sol se filtra por las hojas de los árboles... el sonido de la naturaleza lo colma todo en el amplio recinto de don Juancho, que está acompañado por la voluntaria Joland Onodi.
 Dos amigos caminando
No es la primera vez que Joland es voluntaria en el parque, pero es la primera  que está a cargo de él.
Ha pasado tres semanas acompañándolo, leyendo junto a su recinto y  cantándole canciones de Bob Dylan. Dice  que éstas tienen el poder de hacer que se acerque mucho más a ella y permanezca tranquilo, como olvidando la valla   que separa sus mundos.

Hoy es el último día que pasan juntos, ella tiene que regresar a Inglaterra. ¿Qué siente cuándo camina cerca de la valla y  permanece junto a ella? "Somos sólo dos viejos amigos caminando”, dice.
No hay voluntario que llegue al parque que no quiera estar con él. "Llegó  agresivo y era por el dolor. Ahora es un jaguar tan feliz y es algo evidente” dice la administradora del parque, Gill Maxwell.
En mayo de 2013, los veterinarios de CIWY en coordinación con otros de Estados Unidos decidieron intervenir el ojo.
 
 En la cirugía se dieron cuenta que la infección  se había expandido a la nariz y al otro ojo. Sacaron el ojo más afectado y decidieron tratar el otro. Durante la recuperación se dieron cuenta de que había quedado ciego.

Después de una larga recuperación, su  comportamiento  cambió completamente, ahora  disfruta la compañía de los voluntarios.
Fue tan exitosa la operación que  escribieron a CIWY de un zoológico de Estados Unidos para preguntarles sobre el estado de don Juancho, pues  ellos iban a recibir a una guepardo ciego y estaban considerando la eutanasia. La respuesta fue que la calidad de vida del jaguar había mejorado después de la cirugía.
    
   

Su vista como su juventud se han ido a un lugar de donde no se regresa. Su mundo  en la oscuridad está rodeado por una paisaje que no puede ver, pero que disfruta.
Bob Dylan... más allá de los ojos
"A veces le gusta caminar conmigo alrededor de su recinto por horas, otras veces prefiere descansar. Yo lo acompaño y él decide qué hacer” describe Joland.
Mientras ella habla, él sigue su voz y espera: ya casi es hora de comer. Cuando el momento llega, es aislado en un área y mientras come, Joland ingresa por otra puerta al gran recinto y esconde carne envuelta en hojas en distintos lugares. Cuando sale, lo   guía cerca de los escondites para que hallé su recompensa. Esa  técnica  sirve  para mantenerlo activo y estimulado.
Para esta voluntaria  el hecho de que haya tenido una vida tan difícil y que en la actualidad sea  un personaje tan maravilloso y ame tanto la compañía, es impresionante.  Don Juancho como si adivinara de lo que está hablando empieza a jugar en el suelo como una pequeña cría.

 Al verlo jugar y su  interacción con quienes lo cuidan es imposible no admirar  a él y a sus cicatrices; y tratar de adivinar cómo habría sido la  vida que pudo tener en libertad. Esa vida arrebatada.
El amor que  lo rodea parece haberle   devuelto de alguna manera la alegría de vivir.  Conocerlo   inspira.  
  Es difícil despedirse. Mientras ello sucede surgen tantas preguntas. ¿Qué lleva a lastimar tanto  a un animal? Pero también, ¿qué hace que una persona deje su vida para convertirse en héroe anónimo en plena selva?

  Dylan escribió en una canción (Blowing in the wind) que la respuesta a por qué los hombres   giran  la cabeza para fingir que no ven lo que pasa  está  "flotando en el viento”.

"Contaban  que uno de los trabajadores con un soplete (...) le quemó el ojo”   
Tania Baltazar. CIWY

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