El rescate de la osa perezosa en la carretera

martes, 02 de septiembre de 2014 · 20:49
Alejandra Pau /
 Santa Cruz
 Ha pasado el mediodía, el cielo está algo nublado, una reminiscencia de la lluvia de la noche anterior.  Al costado de la carretera ubicada entre Ascensión de Guarayos y Trinidad yace una osa perezosa.
Desorientada y  atontada  recibe el auxilio de   Rudy Velasco, un conductor que  recorre la vía,  que la lleva al único lugar posible, el  parque Ambue Ari que pertenece a la Comunidad Inti Wara Yasi (CIWY),  un centro de custodia de la fauna silvestre desde 2002.
No es la primera vez que lleva a Ambue Ari a un animal silvestre que encuentra en la carretera. Esta vez es una perezosa, también llamada grisácea .  Este lento animal de tres dedos y  rostro amable lleva aferrada a su espalda un tesoro invaluable.  Una pequeña réplica suya que por la conmoción tiene los ojos cerrados.  

Tania Baltazar, Nena, fundadora de CIWY   y la veterinaria Susana Osorio son quienes la sacan del vehículo. Los voluntarios extranjeros se apresuran a conseguir un tronco y transportarla en otro automóvil, rápidamente, a la nueva clínica que tienen.
La perezosa  trata de avanzar prontamente por el tronco para escapar. Se encuentra  en shock, pero es necesario revisarla y saber que no está herida para  dejarla en libertad. Se presume que, como muchos otros animales silvestres, trataba de cruzar la carretera y fue golpeada por algún vehículo en el intento.
 Una vez en la clínica se le hace una revisión. Este  oso es  conocido también como "perico” y su nombre científico es Bradypus Variegatus. Tenerlo cerca  hace evidente su naturaleza apacible y  sus movimientos de velocidad lenta. Esos detalles han hecho que las personas los lleven a las ciudades creyendo que son animales "ornamentales”, sin saber que su alimentación y sus hábitos están íntimamente ligados a su hábitat. No son mascotas, no se domestican.

Se revisa con mucho cuidado sus extremidades, ella mira en todas direcciones para ver si encuentra un lugar por donde escapar. En tanto, la veterinaria y Nena  tratan de calmarla con palabras dichas en un tono suave y  se apresuran  para reducir su estrés.

La esperanza de ambas se hace realidad, la perezosa no está herida. "Lo que haremos es liberarla dentro del parque”, dice Nena.
Inmediatamente, y en el mismo tronco, llevan a la madre y su cría a un lugar dentro de los límites del parque Ambue Ari. Una vez en el lugar seleccionado la liberan, ella  alcanza el tronco del árbol para subir  hasta la parte alta.
 La recompensa sucede cuando la osa perezosa ha llegado casi a la mitad del tronco del árbol. Su cría despega el rostro de la espalda de su madre y mira curiosa, con  la seguridad que da la distancia, a esos extraños seres que dejaron atrás.

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