Estudio sostiene que hay una fosa común de la Masacre de Caracoles

Un equipo de investigadores sostiene que identificó el lugar donde se habría sepultado a víctimas de la intervención realizada durante la dictadura de Luis García Meza.
domingo, 12 de abril de 2015 · 19:14
 Página Siete /  La Paz
"Se ha logrado identificar los sitios precisos en los cuales aproximadamente 30 víctimas de la Masacre de Caracoles, llevada a cabo durante la dictadura militar de Luis García Meza, fueron asesinadas y luego transportadas para ser sepultadas en una fosa común”, establece el avance de una investigación histórica que busca esclarecer aquellos hechos luctuosos.
El equipo de investigación -que pidió guardar la identidad de sus integrantes por razones de seguridad- basó su estudio en fuentes documentales y testimoniales. 
Entre las primeras, apela a un documento -incautado entonces por los militares- fechado al 22 de agosto de 1980, el cual contiene un primer relato de la Masacre de Caracoles, ocurrida entre el 2 y 8 de agosto de ese año. 
"Los días sábado y domingo (2 y 3 de agosto) se bombardeó y ametralló las minas de Pongo, Molinos, Pacuni y Argentina.  El lunes (4 de agosto) a las 8 de la mañana hubo un enfrentamiento. Las tropas y los blindados entraron masacrando a los campesinos. El combate duró desde las ocho de la mañana hasta horas 18. Se registraron bajas de ambas partes”, dice el texto.
En otro fragmento  se detalla lo siguiente: "En Villa el Carmen han sido fusilados muchos mineros. Mujeres y niños fueron llevados a la iglesia del lugar (…). Los cadáveres fueron recogidos en camiones y llevados con rumbo desconocido”.
El documento impreso es corroborado -según los investigadores- por una carta que las "Madres, Esposas Desesperadas de Caracoles” enviaron  al  monseñor Jorge Manrique, el 9 de Agosto de 1980.
En esa misiva, las mujeres  denuncian ante el sacerdote los hechos que ocurrieron en la intervención militar y refieren, además,  la existencia de la fosa común. 
"El regimiento Max Toledo de Viacha, una fracción del regimiento Tarapacá y el regimiento Camacho de Oruro atacaron Caracoles con cañones, morteros, tanques y avionetas de guerra. Nuestros maridos se defendieron con piedras, palos y algunas cargas de dinamita”, dice la carta.

En otro apartado expresan que, en primera instancia, les impidieron recoger los cuerpos de los fallecidos tras la intervención; pero que cuando lo autorizaron, días después, sólo encontraron ropa y zapatos.  

"A las mujeres nos prohibieron recoger a los muertos para darles cristiana sepultura, diciéndonos ‘no hay orden’. Recién el viernes (8 de agosto) nos dieron orden para buscar a los muertos, pero sólo encontramos sacones, pantalones, chompas, jarros, calzados, etc. empapados en sangre, los muertos habían desaparecido”, dicen al respecto.

En relación al lugar donde fueron sepultadas algunas víctimas,  afirman que  "algunos (de los muertos) fueron hechados (sic) en una fosa (…). Hay más de 900 desaparecidos, no se sabe si están vivos o muertos”.

Otro documento al que recurre la investigación es al informe denominado La heroica resistencia de los mineros en Bolivia, que, por el carácter dictatorial del régimen, dicen los autores, fue editado en Lima (Perú) en agosto de 1980.
El informe incluye narraciones de los sobrevivientes sobre las intervenciones que se llevaron adelante en diferentes centros mineros. En el fragmento del relato referido a la Masacre de Caracoles se establece que "un grupo de jóvenes es obligado a cavar una gran fosa” con el fin de enterrar a los muertos. 
Dos testigos que resistieron
El equipo de investigación también logró encontrar a dos mineros que formaron parte de la resistencia minera durante la intervención,  quienes contaron lo sucedido en aquella época y además confirmaron la existencia de la fosa común. 
"(Los militares) llegaron aquí, a Pacuni, a plan de metralletas, era una barbaridad, sacaron presos, aquí a los compañeros de mina Pacuni, y les han llevado en ese entonces a un cine teatro, ahí los han metido (…)”, es el testimonio del exminero de Caracoles, Juan Choque Ajno.

Éste, en su relato de aquellos fatídicos hechos, agrega en referencia a la fosa: "De noche, ya a algunos que no estaban tan mal de la tortura les han hecho cavar una fosa, y ahí los han metido a todos, sin ropa algunos, otros medio vestidos. Era de no creer”.
Roberto Quisbert F., otro  protagonista de la resistencia minera y testigo ocular de  la masacre, respecto al número de víctimas sepultadas en la fosa, sostuvo: "No hemos calculado exactamente cuántos han desaparecido entre el pueblo civil y los mineros, pero la fosa era grande, todo esto, todo esto (señalando en un mapa del lugar), y un poquito más de profundidad que esto (señalando el muro del ambiente, unos 2.50 metros), por lo menos hemos calculado como unos 30 muertos ahí en la fosa”.
Según los miembros que hicieron el estudio, el trabajo de investigación histórica   pudo establecer, entre otros aspectos,  que: 1) entre el 2 y 8 de agosto de 1980, durante la intervención militar en la mina Caracoles, se realizaron detenciones ilegales, torturas y  una serie de ejecuciones sumarias y asesinatos; 2)  el 4 de agosto de 1980, en horas de la noche, se procedió a la excavación de la fosa común para sepultar a los caídos durante la intervención.
Los investigadores temen que, tras conocerse la ubicación de la fosa común, ésta pueda ser intervenida o destruida.

 La masacre  en datos

 

Los hechos  Entre el 2 y 8 de agosto de 1980 se consumó  la Masacre de Caracoles. El hecho ocurrió durante el gobierno dictatorial de Luis García Meza.
La excavación  La investigación estableció que el 4 de agosto de 1980, en horas de la noche, se procedió a la excavación de la fosa común para sepultar a los caídos durante la intervención.
Las víctimas  Los investigadores afirman que al menos 30 personas y habitantes de esa localidad  fueron de esa localidad sepultadas en la fosa común.
El paredón  Según el estudio histórico, el muro lateral de la iglesia de Villa el Carmen  fue utilizado como paredón de fusilamiento.

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