Cuando una vida de perro vale la pena

Cada vez más gente se suma a los loverdog, que cuidan a sus mascotas con gran dedicación. Para ellos la raza es lo de menos.
viernes, 22 de enero de 2016 · 00:00
Ivone Juárez /  La Paz

Una pasta dental con sabor a pollo para cuidar su dentadura, shampoo para pelo negro, café o cualquier otro tipo  de pelaje. Comida con todas las vitaminas, minerales y aminoácidos adecuados a su edad.  Juguetes suaves sin elementos tóxicos que dañen su salud.

Chamarras, camisas, vestidos, enterizos, camisetas con el logo del equipo de fútbol favorito, todo a la última moda. Y, por supuesto,  una  atención médica oportuna  para cuidar su nutrición, crecimiento y prevenir cualquier afección  son parte de los beneficios de los que  algunos canes gozan hoy si llegan a manos de esa especie de loverdog (amantes de los perros), personas que cada vez se preocupan más por cuidar a sus perritos.

 


"La cultura con los animales domésticos está  cambiando  radicalmente. La gente ya cuida con responsabilidad a su mascota.  El perrito ya no es el cuidador de la casa, es parte de la familia. Antes, la mayoría llegaba  a las veterinarias con su animalito en busca de eutanasia para resolver cualquier problema de salud”, dice Sergio Cuenca, médico veterinario de  la clínica Semevet.

El veterinario cuenta que esos loverdog se preocupan cada vez por  cumplir los ciclos de  vacunación de sus mascotas, su  desparasitación, alimentación y la frecuencia de sus baños.

"Eso demuestra que hay mayor responsabilidad con los animalitos”, insiste.

Pero, ¿cómo puede diagnosticar a una mascota si    no puede expresar su malestar?

"Nos guiamos por la sintomatología del animalito y de la información que nos da su amo. Y en esta profesión uno aprende a identificar si el dueño nos dice la verdad o no”, responde el veterinario.

Mientras se refiere a este nuevo comportamiento con relación a las mascotas, afuera del consultorio del veterinario, en la sala de espera, al menos media docena de canes, pegados prácticamente a sus dueños, esperan su turno para ser atendidos.

 


Un pequeño cockers  spanish de  color beige, envuelto en una manta blanca, espera sus primeras vacunas.

Enfrente, una perra mestiza  de color negro, arropada  a más no poder con una frazada anaranjada, aguarda una revisión. Su ama, que la tiene pegada a su pecho, tiene el rostro sombrío. "No quiere comer nada desde anteayer. Parece que es un parásito”, comenta mientras  mira con gran preocupación los ojos nebulosos del animalito.

Todas las mascotas se inquietan cuando, de pronto, aparece un enorme pastor alemán. El perro entra al lugar  sostenido por una correa por  su dueño. Lleva un gran bozal, lo que lo hace más impresionante. Viene a recibir una vacuna.

Frente a  la sala de espera, en otra salita, un chapi café recibe suero. Su ama lo contempla y acaricia la cabeza mientras el can recibe el tratamiento.

 


Mientras se refiere a este nuevo comportamiento con relación a las mascotas, afuera del consultorio del veterinario, en la sala de espera, al menos media docena de canes, pegados prácticamente a sus dueños, esperan su turno para ser atendidos.

La raza es lo de menos

Sí, en estos tiempos la raza de los perritos está pasando  a segundo plano. Los denominados  "finos” y "ordinarios” reciben el  mismo amor y dedicación de sus amos.

"Hasta hace unos años el buen trato era casi un privilegio sólo para los perros de raza porque había que comprarlos a precios muy altos, pero ahora  eso  felizmente ha quedado atrás. La gente valora y quiere a su animal sin pensar en su raza”, comenta Alfredo Gorriti, otro veterinario que ejerce hace más de 12 años.

El profesional cuenta con satisfacción que ha visto cómo la cultura del trato a los animales, sobre todo a los perros, está cambiando para bien.  

"Eso es muy satisfactorio para nosotros, los veterinarios”, afirma.

Baños, cortes y SPA

Y este  mayor cuidado para  las mascotas ha llevado a que mucha gente, además de estar pendiente de la  salud de su animalito, se preocupe por su apariencia. Por eso cada vez se hacen más populares los salones de belleza caninos, también conocidos como SPA, donde se realizan  baños, cortes de pelo, de uñas y otras atenciones. Los precios de estos servicios superan, en la mayoría de la veces,   los que tienen los salones de belleza o peluquerías para humanos.


"Sí, son como 80 bolivianos que gastamos cada dos meses en su baño y corte. A mí el corte de cabello me sale 50. Pero vale la pena porque se ve hermoso y limpio. Duerme conmigo y tengo que tenerlo limpio”, afirma una mujer que sale con un perrito  de un SPA ubicado en la zona de Miraflores.

"¡Es mi hija, cómo no la voy a cuidar!”, expresa otra señora que está por ingresar al SPA llevando  de una correa a una pequeña perrita chapi de color blanco.

Sin embargo, todavía son pocos los canes que no gozan del privilegio de haber llegado a manos de personas que los cuidan y miman con tanta devoción.

En las calles de La Paz aún se ve a cientos que deambulan en busca de alimento y cobijo, convirtiéndose, en muchos casos, en un  peligro para la salud pública.

Cardiólogos y genetistas para el can

Cardiólogos, genetistas,  expertos en imagenología y otras especialidades han comenzado a ofrecer sus servicios  en las recientes clínicas veterinarias que se instalaron en la ciudad de La Paz.

Estos profesionales pueden resolver prácticamente cualquier problema de salud de perros, gatos y otras mascotas, por eso son cada vez más requeridos.

En el caso de los cardiólogos, éstos atienden cualquier problema de corazón de la mascota, realizando las pruebas necesarias en laboratorios especializados.

Los genetistas se ocupan de  inseminaciones artificiales en perritos o gatitos.

"Mucha gente quiere tener la descendencia de su animalito y nosotros realizamos ese trabajo”,  dice Daniela Gómez, experta en esta área de la veterinaría.

 

 


Cementerios y cremaciones

Como para estos loverdog su mascota es parte de la familia, cuando su animalito muere deciden  enterrarlo o cremarlo para "darle el lugar que se merece”.

Algunas funerarias ya ofrecen esos servicios: un entierro en un cementerio de mascotas por 400 bolivianos, aproximadamente, o una cremación,  400 dólares, más o menos.

"Muchas personas, sobre todo mujeres,  vienen desconsoladas  para enterrar a su perrito o para hacerlo cremar y llevar sus cenizas  a su casa, para enterrarlas  en su jardín. Lloran desconsoldamente y dicen que quieren darle su lugar”, cuenta un empleado del cementerio de mascotas Valdivia.

 

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