Reducción severa en el área arqueológica de la última chullpa de La Paz

Además de los loteadores, el retroceso municipal en sus propias recomendaciones patrimoniales ha comprimido el área hasta en 97%.
sábado, 1 de octubre de 2016 · 00:00
Rolando Carvajal  / La Paz

Mientras este reporte se deja leer, cada golpe de granizo, lluvia, viento o intrusión humana desgasta la última chullpa prehispánica  del municipio local, que  aún no ha sucumbido a la intemperie, según pudo verificarse estos días.

Pese a la flamante ley municipal promulgada semanas atrás para protegerla como patrimonio arqueológico, la casi milenaria torre funeraria de Chijipata-Kellumani, ubicada en uno de los barrios de Achumani, en la zona Sur   de La Paz, carece de una cubierta o resguardos laterales.

La preservación inmediata recomendada por el Concejo al Ejecutivo hace 10 meses se hace esperar también por las autoridades, sujetas a una expropiación en curso, pero sin concreción a la vista, no obstante la sugerencia del Legislativo edil, de acordar con los propietarios una intervención preventiva en tanto el predio es traspasado a la Alcaldía.

En dos pequeños lotes, el área circundante a la tumba ha quedado reducida a 1.907 metros cuadrados, respecto de los 60.000 estimados hace nueve años y los 25.000 calculados hace sólo cuatro, que abarcaban varias manzanas en una meseta de unas 20 hectáreas de ocupación originaria  predominantemente tiwanakota.

  Corral y baño

El mayor daño visible afecta a su falsa bóveda, ahora con un boquete más grande que un barril, y a las piedras lajas (planas) que soportan sus paredes y que algún despistado visitante termina utilizando como gradas.

"De chico, cuando jugaba cerca de la chullpa, el agujero sólo era como mi palma, del tamaño de un platillo”, evocó esta semana Francisco Choque Casillo (28), parte de los comunarios de Chijipata.

Alertado de su existencia, el arqueólogo José Capriles fue de los primeros en examinarla en 2001. En los siguientes años lo acompañaron en el reconocimiento sus colegas Carlos Lemuz, Karina Aranda y José Paz.

"Cuando la vi estaba transformada en corral y baño; es un verdadero milagro que se haya conservado”, dice Aranda. 

"Se salvó porque no hubo los 200 bolivianos que quería cobrar el tractorista para aplastarla y nivelar el terreno”, recuerda la arqueóloga, mientras un cerdo atado al  matorral que rodea la pared norte intenta ingresar al recinto. 

La prospección inicial se produjo en 2005 y sus resultados constituyeron el Mapa de Áreas Arqueológicas del Valle de La Paz (2008), que la administración de Del Granado alcanzó a difundir en 2010.

El texto da cuenta de los más antiguos asentamientos en Miraflores, Pampajasi y Chullpani-"Ciudadela estronguista” y Chijipata-Kellumani. Esta última es una de las cuatro mesetas que bordean Achumani y donde el equipo detectó cinco entidades o sectores  de ocupación cultural antigua.

El ubicado al sur, al borde del barranco que da al río Umapalca, llegó a albergar cuatro torres funerarias, tres de ellas colapsadas, y otras cuatro cistas o entierros subterráneos con tapa de piedra, hoy derruídas. 

En torno al conjunto se halló material cerámico y lítico concentrado en un corredor de 78 y 195 metros a ambos lados de la chullpa que se mantiene en pie. El segundo sector correspondió a 2,7 hectáreas comprendidas entre la avenida central y una cancha de fútbol. 

Los expertos encontraron  evidencia de que Chijipata comenzó a ser ocupada en algún momento de los años 1000 y 100 a. C., y que hasta el año 550 de la era actual se asentó una población distinta incluso de la cultura pretiwanakota de Chiripa tardía, sucediéndose desde entonces y hasta el 1200 la presencia Tiwanaku; hasta 1430 la Pacajes, a la cual corresponde la chullpa sobreviviente y después la Inca (1548). 

La prospección valoró posibles impactos del crecimiento urbano y propuso "estrategias de mitigación y protección física y legal”, destacó Lemuz en su reporte académico. 

La destrucción de la última cista a 40 metros de la chullpa actual, acaecida poco después la denuncia de Lemuz en 2008,  expuso restos óseos humanos y material cerámico y lítico, "parte del cual fue relleno de cimiento de una vivienda aledaña”.  

"Se encontraron restos de dos chullpas afectadas por la construcción de un galpón metálico; las piedras de las cistas terminaron en cimientos”, confirmó Karina Aranda, para quien no hay una verdadera política municipal de conservación de sitios arqueológicos.

"Todo se reduce a dibujar polígonos que reducen las áreas en vez de desarrollar un concepto amplio de sitio arqueológico que integre a la gente y los vecinos antes que arrasen con la evidencia”, agregó.

Invaluable

 Destruir un sitio arqueológico tras ser devastado por mercaderes de terrenos ancestrales puede costar en la ciudad de La Paz la modesta suma de poco más 2.000 dólares.

De hecho, eso es lo que en moneda nacional, 16.800 bolivianos,  decidió percibir el gobierno municipal de La Paz hace seis años, y prometieron pagar cuatro vecinos de Chijipata-Kellumani, tras un acuerdo conciliatorio con las autoridades locales.

 "Ese es un mensaje oficial inaceptable, pero penosamente cierto”, lamentó sobre esa transacción la arqueóloga Aranda, que puede sentar precedente peligroso, dijo, para otros atentados al patrimonio arqueológico. 

Ni bien se intentó recuperar el material arqueológico de las tres cistas devastadas, los vecinos del lugar destruyeron una torre funeraria con maquinaria pesada”, señala la memoria técnica, adjunta a la legal, incluida en la documentación base de la reciente Ley 196, por lo que la subalcaldía de la zona Sur   inició procesos a los dos pares de propietarios, ante la resistencia vecinal que frecuentemente recurrió al apoyo del municipio de Palca.

 

 Reducción administrativa

El 11 de noviembre de 2011, tuvo lugar uno de los sucesos más contradictorios  para la preservación arqueológica en Chijipata: los ejecutivos de Catastro (DATC) pidieron a sus homólogos de Patrimonio (DPCN), "revisar las consideraciones técnicas que recomendaban no realizar construcciones  en un radio de 90 metros (unos 25.000 metros cuadrados) alrededor de la torre funeraria, siendo que éstas generaron conflicto con los vecinos”. 

Tan sólo cuatro días después, un técnico de Patrimonio  delimitó un "nuevo polígono de protección” restringido "al barranco calle y muros actuales”. El subsiguiente  técnico aconsejó en 2013 tomar en cuenta "el polígono recomendado” en 2011. 

En paralelo, dos resoluciones administrativas:  048/2012 (Plan Integral de Alto Achumani) y 037/2015, consolidaron entre 2012 y 2015 el recorte, ciñiéndolo a un polígono de 1.907 metros cuadrados, corroborado en la Planimetría Validada que el municipio aprobó en febrero del 2014.

A pesar de  esta delimitación, la aprobación de una vía de acceso por el barranco sur, "mermaría significativamente la superficie donde se encuentra la torre funeraria”, advirtió este 2016 un tercer funcionario que sustituyó a los dos anteriores técnicos.

A partir de la iniciativa ciudadana, queda el recurso de reconsideración de la ley promulgada y una auditoría al conjunto de disposiciones administrativas que la sustentaron, admitieron algunos concejales, sin afectar la protección inmediata a la chullpa sobreviviente.

 
 
 
 
 

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

62
6