René Careaga, de niño humilde a pilar del folklore boliviano

Quedó huérfano, fue forzado a dejar el país y finalmente se consagró como compositor por canciones como Amigo. Es un paceño que se labró una vida a fuerza de música.
domingo, 9 de octubre de 2016 · 00:00
Alejandra Pau / La Paz
 
 Algo salvó a ese niño de ocho años que tuvo que vender la ropa de su madre recién fallecida para pagar el entierro. Sus composiciones han sido interpretadas por artistas como Antonio Tormo, Horacio Guarany, los Tucu Tucu, Ramona Galarza, entre otros. La música lo llevó a hacer  17 giras en Japón y otros tantos países, y fue la constante que lo convirtió   en pilar de la cultura, nombrado  por la Unesco.
 
"Amigo, amigo, amigo de la tristeza soy. Amigo, amigo, buscando un amor yo voy. No conozco el amor sincero, todo es un momento más. Dónde estás amor, te espero. Sé que nunca llegarás” cita un fragmento de  Amigo, una de las canciones más famosas del compositor y músico paceño René Careaga, radicado en Argentina hace 50 años. 
 
Careaga llegó a La Paz hace algunos días para recibir un reconocimiento esta semana; sin embargo,  aún no se dieron a conocer más detalles.
 
Sentado en la sala de la casa en la que  se aloja en La Paz y con las manos sosteniendo un charango, el lugar más seguro de la tierra, cuenta con sencillez absoluta su historia. A sus 80 años,  los pasajes más duros van acompañados de quiebres en la voz y algunas lágrimas.

Niño trabajador
 
  René Careaga nació el 6 de enero de 1936 en La Paz. Su padre murió cuando tenía pocos meses de nacido y su madre cuando tenía ocho años. Huérfano, decidió enfrentar el mundo solo, pagando alquiler y trabajando para sobrevivir.
 
 En las aulas del colegio Don Bosco empezó a desarrollar su interés por el canto en el coro y aprendió   en forma  autodidacta a  tocar todo instrumento que estuvo a su alcance. 

"A los nueve años me decidí a trabajar de noche, lo primero que toqué fue la percusión y la guitarra (...). Se compadecieron de mí en un centro nocturno, me pintaban bigotes y me ponían sombrero y así podía pagar el colegio   del que salí bachiller”, recuerda el músico.   

En la adolescencia empezó a componer en noches de bohemia, cuenta que no sabía nada de gramática ni literatura, pero sí lo suficiente como para llegar a la gente. En una comparsa de carnaval creó, según recuerda, otra de sus canciones famosas que dice "Sale el sol, siguen  chupando. Sale la luna, siguen chupando”, llamada Los Borrachos. 
 
Para entonces ya ganaba dinero cantando y tocando en serenatas, tuvo un trío llamado Ritmo Tropical. Tiempo después colaboró en la formación de Los Payas quienes harían famosa las canciones Amigo, Colegial, entre otras.
 
Un polisonte en el tren 
 
Empezó a estudiar  Derecho en la UMSA, pero su destino era la música. En ese tiempo se enamoró de una joven  de familia acomodada que tenía  influencia política. Como él seguía siendo "el chico pobre” su relación era reprobada. Contra todo pronóstico se casaron a escondidas, pero lo peor estaba por llegar.
 
 "Lo primero que se interpone en la vida del artista es el amor,  eres feliz o te quemas en el trayecto, pero es justamente esa la valía del compositor, que escribe sobre ello”, confiesa.
 
Una noche lo arrestaron,  acusándolo de  ser falangista y lo  trasladaron  a la frontera con Argentina. En La Quiaca,  indocumentado y sin un centavo, abordó un tren  a Buenos Aires en el que se escondió durante tres días para que no lo descubran. 

Llegó a la estación de Retiro en 1959, se alojó  en un hostal, se prestó una guitarra y se ganó al dueño cantando. Su voz y destreza con los instrumentos le proporcionaron siempre oportunidades en la vida. 
 
 Al día siguiente, ya tenía un puesto de lavaplatos y al otro de cajero. La familia de su joven esposa la envió de vacaciones a la capital porteña, ella presintiendo que él  estaba en Buenos Aires  lo buscó,  lo encontró y  tuvieron dos hijos. Tres años después se separaron y ella retornó a Bolivia.  

Durante ese tiempo, trabajaba en una fábrica en horario diurno y  por la noche se presentaba en algunas peñas. Como no le alcanzaban las horas para trasladarse hasta su casa, cuando tenía  presentaciones dormía en un bar. 
 
Formó parte de un trío de boleros llamado Los Gonzalos con los que se catapultó a la televisión argentina. Se casó por segunda vez, tuvo dos hijos más y se dedicó definitivamente a la música. En 1971  ganó el Festival del Piriápolis, en Uruguay, como artista revelación y presentación de obra inédita representando a Bolivia. 
 
Un pilar de la cultura
 
En  1972 formó el grupo Condorkanki junto a su hija Viviana Careaga, con ese nombre realizaron alrededor de  17 giras en Japón ante auditorios de 4.000 personas.
 "La posta se la he pasado a mi hija que ha grabado con Los Nocheros, Horacio Guarany, entre otros”, dice.  Una de las presentaciones más importantes de Kondorkanki en Argentina fue en 1996  durante el Festival Nacional de Folklore de Cosquín, uno de los más importantes  en el vecino país.    

Actualmente, la familia Careaga tiene el Centro Cultural Condorkanki en Buenos Aires, donde hay un museo de charangos, una peña; pero, además, un estudio de grabación y producción audiovisual desde donde se promueve a artistas incipientes y poco conocidos, dirigido por sus hijos Omar y Viviana.
 

Amigo y 500 composiciones
 
 "La letra de la canción Amigo resume mi vida”, dice antes de ponerse a cantar. "Mi guitarra también llorando, tiene su modo de cantar y con ella voy suplicando un cariño para amar”. Esta canción fue interpretada por decenas de agrupaciones. Entre ellas, el grupo chileno  Ichuri en del festival de Viña del Mar, el grupo Vuelta Abajo de España, además, ha sido traducida e interpretada en   Japón y Zaire (África).  

Calcula que ha compuesto  entre 400 y 500 canciones. La más famosa es Amigo, pero    está Mi tristeza y Mi guitarra, Los Borrachos,  Rebelión de Ponchos, entre otras. 
 
Ha obtenido varios reconocimientos como Prócer de la Cultura otorgado en el Cabildo de Buenos Aires por la Fundación de los Santos Amores y el Instituto de Arte Folklórico  este año. La Unesco lo nombró Pilar de la Cultura en reconocimiento a su labor y trayectoria. 

Argentina lo adoptó y le ha otorgado varios galardones por su aporte a la música, algo que en Bolivia aún no ha sucedido. Reconoce que a los 80 años  todavía le duele cuando sus  composiciones son atribuidas a terceros. 

Pero la amargura no forma parte de su vida, su filosofía  es vivir el momento y disfrutarlo. "He llegado a comprender que la vida sin sacrificio no sirve, para vivir hay que luchar (...). Sigo siendo el mismo muchacho, me  he hecho ‘a los ponchazos’ (enfrentando muchas dificultades) y sigo luchando por mi folklore y por Bolivia”, finaliza Careaga.
 
 
 

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