Cambio climático: paradojas en el reino de Marruecos

Marruecos también ha querido mostrar que está a la vanguardia en soluciones ambientales y uso de energías renovables.
martes, 15 de noviembre de 2016 · 01:00
Isabel Mercado,   enviada especial a Marrakech

Marruecos es un reino. Y luce como un reino. En Marrakech, la "capital turística”, todo ha sido acondicionado para la llegada de varios miles de extranjeros de todo el mundo, entre científicos, ambientalistas, periodistas y autoridades del más alto rango que participan de la COP 22, la conferencia de las Naciones Unidas sobre cambio climático.

Por tanto, aunque la Medina, la plaza Jemaa El Fna y otros espacios turísticos tradicionales parecen haberse detenido en el medioevo -con toda la magia y belleza que ello entraña-, la ciudad se muestra descaradamente moderna: avenidas amplías y llenas de jardines (lo que no es tan "natural” entendiendo que esta parte del país es más bien desértica por su proximidad al Sahara), y suntuosas e impresionantes edificaciones que, para cualquier turista promedio, pueden asemejarse a las calles de París, en sus barrios ricos, por supuesto.

Marruecos también ha querido mostrar que está a la vanguardia en soluciones ambientales y uso de energías renovables. Aunque casi todo su parque automotor usa Libia Oil, en estos días se ven lindos últimos modelos eléctricos de marcas como Nissan y Toyota; y los proyectos de energía eólica y solar son numerosos y ambiciosos. De hecho, en el marco de la COP 22, el país anfitrión presentó un proyecto de ciudad sustentable, que ya está siendo edificada con base en energías 100% limpias; allí se desarrollará en la próxima década la tecnología que sirva al resto del planeta en esta carrera sin retorno para migrar a fuentes de vida sustentables.

También, en el desierto marroquí que rodea la ciudad de Uarzazat -a cuatro horas de Marrakech-  está la central solar Noor I, con una producción de 160 megavatios. Es la séptima central termodinámica más grande del mundo. De momento, sólo se encuentra en funcionamiento la primera fase; pero, cuando se completen las tres restantes, en 2018, generará 580 megavatios y será uno de los complejos solares mayores del mundo. 

El objetivo del rey Mohamed VI es conseguir que en 2030 el 52% de la capacidad eléctrica del país proceda de la energía renovable, frente al 34% actual.

Las paradojas

Con todo, Marruecos, como buen reino, es tan bello como desigual. A la riqueza y progreso que exhibe en la zona turística de Marrakech le siguen barrios enteros donde se respira una forma de vida prácticamente medieval, no sólo por la arquitectura, sino por la limitación de recursos y la gran cantidad de personas con apenas lo necesario para vivir.

En un país de profundas raíces musulmanas, la mujer es -como es lógico- uno de los eslabones débiles: muchas de ellas sólo hablan bereber (el dialecto de la región) o árabe; el francés -que es el idioma del comercio- solamente es practicado por unas pocas, especialmente en las zonas comerciales y turísticas.

Otro eslabón débil es la educación pública y la prueba se aprecia en estos días de COP: cerca de 300 maestros de escuelas públicas han llegado de todo el país a Marrakech para protestar contra el Gobierno por la falta de empleo. 

Se han apostado en el lugar más visitado de la ciudad: la plaza Jemaa El Fna, que es el acceso a la Medina (como se llama a los barrios árabes tradicionales, y que es a la vez el lugar donde están ubicados los artesanos y comerciantes). Son todos jóvenes y en su mayoría hombres, aunque hay algunas decenas de maestras que comparten la protesta.

El reclamo que hacen a las autoridades es que a pesar de haber concluido los dos años de estudio en universidades de su país no son contratados y están cesantes; sin embargo, las escuelas públicas padecen permanentemente por la falta de profesores. Esto, mencionan, es parte de las paradojas en Marruecos, donde las escuelas privadas tienen excelentes condiciones y gradúan a sus estudiantes con hasta tres idiomas, mientras la educación pública es bastante precaria.

Sahlaoui Sidi Mohamed es maestro de secundaria de inglés y geografía, y es uno de los profesores que están en la huelga en Marrakech durante la COP. "Cuando entramos a la Universidad de Fez, el Ministerio de Educación nos garantizó una fuente de empleo; llevo dos años sin poder trabajar y hay miles de estudiantes de secundaria sin maestro”, comenta. 

"El Gobierno dice que no tiene dinero para contratarnos, pero es capaz de organizar una conferencia internacional con todos los lujos y desarrollar proyecto millonarios que no reflejan las condiciones de vida de millones de marroquíes”, añade.

Savah tiene 26 años y habla un poco de francés, es maestra de historia y sostiene que su formación como profesora ha sido muy difícil; no sólo porque a su edad muchas mujeres ya están casadas y cuidando a su familia, sino porque ha tenido que superar muchas limitaciones de su formación escolar en una ciudad distante de las grandes capitales de Marruecos. "No poder trabajar es una dificultad que no esperaba, yo contaba con poder enseñar a muchos jóvenes en mi ciudad, pero no es posible”.

Marruecos funciona como una monarquía constitucional: el rey Mohamed VI es parte de la dinastía que reina en el país desde   los años 60, pero los ciudadanos eligen a sus autoridades legislativas y regionales. El primer ministro Abdelillah Benkirán, líder del islamista Partido Justicia y Desarrollo (PJD), es la cabeza de Gobierno y el equilibrista de las paradojas que en estos día de Cumbre internacional están presenciando los marroquíes. Con todo, los ciudadanos no cuestionan a su monarca, le agradecen por la paz que reina, que es para ellos un patrimonio muy valioso en tiempos convulsionados para las naciones islámicas. "Acá se vive lo que el Islam predica: Dios y la paz sea contigo”, señala Sidi Mohamed.

 

 
 
 
 
 

 

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