Jorge, el “mendista ” que quiere ser chef

Jorge es huérfano, no tiene hermanos, “ni perro que me ladre” -dice- pero quiere tener un restaurante especializado en parrillas que se llamará “Méndez”, como su hogar desde los 12 años
domingo, 25 de diciembre de 2016 · 00:00
Ivone Juárez /  La Paz 

Entre la informática, el inglés,  el tejido, la mecánica industrial, la soldadura y otras especialidades técnicas, él  escogió la panadería. "Tiene sus  huachos (secretos)”, asegura. El principal es buscar la perfección que -dice-  se la palpa con las manos, con los dedos. "Hay que sentir la masa con las manos”, afirma Jorge P., uno de los adolecentes del Hogar Méndez Arcos que desde los 13 años, mientras aprendía panadería, comenzó a amasar sus sueños de convertirse en un chef.
 
No se siente lejos de su sueño: hace cinco años hace panetones en el "Méndez” y hace uno que sale a trabajar a una empresa de repostería. Además, es la mano derecha del profesor de panadería Jorge Humérez... "El siguiente paso es estudiar gastronomía, mejor si es con hotelería más”, revela y su rostro se ilumina con  una gran sonrisa.
 
"La panadería me encanta igual que la gastronomía”, continúa.  Jorge no para, está lleno de planes para su vida futura: ha pensado en tener un  restaurante especializado en parrilla, que debe estar en pleno centro de la ciudad de La Paz. Ya tiene el nombre, se llamará "Méndez”, como el hogar donde creció desde los 12 años. El valor más importante de su restaurante será la higiene y la calidad de los alimentos. "La higiene es lo más importante para tener  los mejores clientes”, asegura.
 
Será difícil pero ...
Jorge cumplió 18 años el 28 de agosto de este año. Venció el quinto de secundaria y en 2017  sale bachiller, entonces  podrá comenzar a perseguir sus sueños; sin embargo, tendrá   que dejar el Centro de Acogida  Félix  Méndez Arcos, que   depende del Servicio Departamental de Gestión Social (Sedeges) de la Gobernación de La Paz, eso dice la norma.
 
"Como ya tengo cinco años trabajando, haciendo panetones en el ‘Méndez’, tengo ahorrado un dinero que me puede servir para un alquiler. Tendré que seguir trabajando para pagar mis estudios porque nadie me ayudará, todo depende de mí”, dice.
 
Es que cuando salga del Méndez Arcos no tendrá a nadie que cuide por él. No tiene padres ni hermanos. "Quedé huérfano”, cuenta.  En seguida añade: "No tengo a nadie, ni un perro que me ladre, pero soy feliz y conseguiré  mis sueños”.
 
Lo único que lo pone triste es saber que tendrá que dejar el "Méndez”, a sus amigos. " Es muy difícil dejar este centro, es mi último año aquí”, expresa.
 
Inmediatamente comienza a recordar cómo llegó al hogar . Fue en 2011, tenía 12 años. Las personas que lo habían cuidado hasta entonces y que pensaba que eran sus padres le habían confesado que era adoptado.
 
 "Entré al centro y vi las dos canchas: una vieja y la otra de tierra, pero había un jardín muy bonito. Pensé que me quedaría encerrado para siempre. No me acerqué a nadie ni hablé con nadie hasta que llegó la hora del almuerzo”, cuenta.
 
   Y cuando llegó la hora de la comida unos muchachos mayores que él se acercaron y le dieron la bienvenida amablemente. Recuerda con precisión que uno de ellos le dijo: "Aquí vas a estar bien”. Entre esos chicos estaban  Eddy, Gabriel, Omar, Isidro Petty,  Roger,  Álvaro, Rider, Ángel y otros que ya dejaron el "Méndez” porque cumplieron los 18 años y terminaron el colegio. 
 
Jorge sigue recordando ese primer día en el "Méndez”. "Después del almuerzo me llevaron a jugar con ellos. Eran mayores que yo, tenían más de 14 y  yo sólo  12. Me decían chiquitín... ¡Chiquitín aquí, chiquitín allá. Fue muy bonito, era el centro de atención”.
 
Ese recibimiento hizo que en sus primeras horas en el hogar  olvidara su tristeza, que lo volvió a atrapar  cuando llegó la noche. "Me llevaron a un cuarto y lo primero feo fue que no podía subir a la litera, porque me tocó dormir arriba.     Uno de los chicos me prestó una escalerita y subí, pero cuando estuve en la cama no dejaba de llorar   pensando en mis papás, los extrañaba mucho... los chicos me consolaron”, cuenta.
 
Esos chicos hicieron que los cinco años que Jorge pasó en el Méndez Arcos sean "inolvidables”. Los juegos, los partidos de fútbol, las celebraciones y hasta las horas de estudio, todos esos días pasan en episodios  por su mente. "Me arrepiento de no haber ido a algunas clases, me escondía en la lavandería”, confiesa.
 
Un recuerdo muy especial que reproduce con nostalgia es uno de sus cumpleaños, cuando creyó que nadie se acordaba de él.

"En toda la mañana nadie me dijo nada, ni un abrazo. Pensé que se habían olvidado, pero cuando iba al colegio, cerca de la  plaza San Pedro,  un minibús rojo paró delante mío  y se abrió su puerta. Alguien me dijo ‘Jorge subí’. Hice caso. Dentro la movilidad decía ‘feliz cumpleaños’ y estaban mis amigos del colegio y del ‘Méndez’. Alquilaron el minibús, no se cuánto pagaron. Compraron pollos Copacabana en el camino  y me llevaron a pasear cinco horas. Me puse triste, lloré por mis papás, pero al final la pasé muy bien, fue lindo”, cuenta.
 
Jorge Humérez, profesor de panadería del "Méndez”, le vaticina gran éxito a Jorge. "Tiene un gran talento para la repostería, ya ganó experiencia y es muy responsable”, dice.
 
 
Los sábados de capoeira en Miraflores

En los cinco años que pasó en el Centro de Acogida  Félix  Méndez Arcos, Jorge P. no sólo eligió la  panadería como profesión y proyecto de vida, sino también la capoeira. Cada sábado, después del almuerzo, se dirige a Miraflores, donde práctica este arte marcial afro-brasileño.
"Me encanta la capoeira y procuro no faltar a mis prácticas, son parte de mi proyecto de vida”, dice.

La capoeira es parte de la "vida ocupada” que tiene Jorge. "Tenemos una vida llena de actividades, ocupada para no dejarnos llevar por las malas influencias. Es difícil no seguir esas malas influencias, sobre todo esas que te incitan a beber. Es el camino más fácil y yo caí, por eso digo”, afirma el joven que en poco tiempo dejará el hogar Méndez Arcos.
 
Y esa vida llena de actividades, tanto de Jorge como de los demás jóvenes que conviven en el "Méndez”, comienza todos los días a las 7:00, cuando deben dejar sus dormitorios para cumplir con sus "oficios”, que cambian cada semana.
 
"Una semana te puede tocar limpiar los baños, las gradas o los dormitorios. Esos oficios se los cumple hasta las  7:30, cuando uno debe presentarse a desayunar, hasta las 8:00. Después tenemos que ir bañarnos para, a las  8:30, comenzar a pasar las clases de áreas  técnicas. Son hasta las 12:00. A las 12:30 almorzamos  y a las 13:30 hay que ir a estudiar, al colegio, que está fuera del ‘Méndez’”, cuenta.
 
"Cuando regreso enojado o del mal humor porque me fue mal en el colegio, siempre encuentro a alguien que me arranca una sonrisa. Eso es lo que más extrañaré”, dice Jorge.

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