Tarija, la ruta del dinero del gas

El autor hace una evaluación certera de la actualidad de Tarija, que recuerda este día en medio de una fuerte crisis, y exhorta a sembrar lo poco que queda del gas
viernes, 15 de abril de 2016 · 00:00
Luis Fernando Ortiz Daza /  Tarija 

Desde el centralismo nos dicen de manera muy humilde que los tarijeños no tenemos un proyecto de desarrollo propio; el vicepresidente Álvaro García Linera nos reflexiona con un tono paternalista para que trabajemos en un proyecto de departamento con un horizonte compartido, para invertir de buena manera los recursos económicos que recibe la región y dejar de improvisar.
 
Muy interesante, muy cierto, pero poco autocrítico. El Gobierno dice como siempre verdades a medias, cuando bien sabemos que también improvisa y se inmiscuye en el desarrollo de todas las regiones; la intervención ha sido muy clara en el período de Lino Condori, un gobernador digitado plenamente desde el Gobierno central; a decir del actual gobernador, Adrián Oliva, la causa de la crisis es la deuda generada por la gestión del MAS y la caída de ingresos en un 30% en 2015.
 
El Gobernador sostuvo que en los últimos cuatro años de la gestión se gastó cerca de 300 millones de dólares sólo en funcionamiento, inmuebles, combustibles y una serie de gastos injustificados; no olvidemos también que desde gestiones pasadas, entre las que se incluye la del MAS -a decir de García Linera-,  se gastó mucho dinero en obras que hoy están inconclusas y que no tuvieron una planificación adecuada.
 
Son obras inconclusas de la gestión de Mario Cossío, quien sufrió una persecución político -judicial que hasta provocó su huida del país para buscar exilio en Paraguay; se trata de  obras como la piscina y la villa olímpica que debería haber continuado Lino Condori, su sucesor ilegítimo; obras truncas como la carretera al Chaco con sus variantes y variaciones intencionales en los contratos para favorecer a las empresas constructoras que hicieron pésimos trabajos, como la carretera Canaletas-Entre Ríos y Entre Ríos-Palos Blancos. 
 
Son obras que sangran recursos multimillonarios, como la carretera San Antonio-Caraparí en el extremo sur del departamento, que en principio la realizaba el Servicio Departamental de Caminos con un aparato y una dirección corrupta que dilapidaron millones de dólares. Luego se firmaron contratos para su ejecución que nunca se cumplieron ni se cumplen y así se sigue "construyendo” por los siglos de los siglos la vertebración tarijeña.
 
Bienvenida la reflexión del Vicepresidente para que los tarijeños dejemos de ser ingenuos, para que seamos sentipensantes, para que logremos sentir algo por nuestro terruño, para que pensemos en el futuro de nuestros hijos; hay una rosca pseudo-empresarial que se ha constituido en pequeñas empresas constructoras que se adjudican proyectos con millonarios contratos y no deja nada.
 
Hay proyectos como "Bebé churo y sanito”, para los abuelitos, etcétera, que han dotado de alimentos sin planificación. Estos subsidios se han dado para beneficiar a empresitas que proveían estos paquetes a personas que no los necesitaban y se ha derrochado ingente cantidad de recursos. También se ha gastado plata en un PROSOL inútil, en un plan de empleo urgente que da trabajo insostenible.
 
Podríamos enumerar ferias de todo tipo, hasta de las lombrices, en las que se gasta en refrigerios, en pomposas ceremonias, en baile y grupos musicales; hoy mismo vemos el informe del municipio de Uriondo, con un déficit enorme por la organización de la vendimia, en la que se gastó dinero en grupos musicales foráneos.
Fueron 10 años de gobierno con un espectacular ingreso de recursos económicos para el Estado y nunca en la historia  Bolivia había recibido tanto. La "nacionalización” de los hidrocarburos y el boom de los precios del petróleo, con el consiguiente aumento de los precios del gas que exportamos, permitieron soñar al departamento de Tarija con un desarrollo del sector productivo.
 
Pero cada año es lo mismo, las mismas promesas y los lamentos sobre la crisis, un lamento tarijeño que se adorna con discursos y esperanzas vacías. 
Está bien que se diga desde el Gobierno que se van a invertir 10.000 millones de dólares en el departamento, pero ese sofisma no me lo creo, señor Vicepresidente, con todo respeto, porque esos recursos se van a invertir en Bolivia, para el desarrollo de todos los bolivianos, ya que serán destinados a los hidrocarburos, a petroquímica, perforaciones, electricidad, plantas eólicas, plantas solares, un sinnúmero de represas, infraestructura médica, carreteras.
 
A excepción de salud y posiblemente carreteras, por lo menos un 90% es inversión para el desarrollo nacional, ya que el gas que no sembramos, la petroquímica y la energía se van a exportar y generarán divisas al erario nacional, dejando en Tarija la contaminación ambiental, la degradación de suelos, la desertificación de acuíferos por la prospección sísmica y muchos otros daños más. Por esto y por mucho más el Gobierno debería dar una compensación a Tarija y que sea en desarrollo productivo, pero no más dinero a autoridades incapaces y desarrollistas corruptas.
 
Seamos conscientes: el gas ya está en declive, San Alberto está en picada y Margarita en franca declinación; queda poco gas y me atrevo a decir que no vamos a poder cumplir el contrato con  Argentina y quedará muy poco para el funcionamiento de la petroquímica y los otros proyectos,  como el de los fertilizantes en Río Grande y Bulo Bulo.
 
Las autoridades departamentales tarijeñas -la Gobernación, las subgobernaciones y los municipios- tienen que salir de su zona de confort; deben hablar de cara al pueblo y no sólo de crisis, sino que están en la obligación de plantear  soluciones a corto y mediano plazo; tienen que dejar de lado la demagogia y la confrontación, reducir el gasto y priorizar la inversión productiva. En Tarija debemos seguir  el camino de la vitivinicultura, busquemos el desarrollo agropecuario de la región, seamos el granero de Bolivia, hay que producir trigo para la harina, soya para el aceite: es hora, en suma, de sembrar el poco gas que nos queda.

*El autor, tarijeño, es psicólogo. 

Confidencial

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