En más de 100 años, 12 puntos marcan la controversia con Chile por el Silala

Investigaciones establecen que el agua de ese manantial boliviano no puede considerarse como un “río internacional”, como arguye Chile en su demanda. “Estamos con la verdad en la mano”, dice René Martínez.
lunes, 13 de junio de 2016 · 00:00
Gabriel Díez L.  / La Paz
 
Más de 100 años pasaron desde que Bolivia y Chile acordaran una concesión para abastecer de agua a las locomotoras del Ferrocarril Antofagasta Bolivia (FCAB)  con recursos hídricos del Silala. A lo largo de ese tiempo, al menos 12 hitos marcan la controversia entre ambos Estados sobre las aguas de ese manantial boliviano. 
 
El primer hito es el mapa del Tratado de 1904, en el cual, según la investigación de un ingeniero boliviano, Chile dibujó deliberadamente el trazo del supuesto río Silala. 

Los otros puntos que marcan el conflicto son: la concesión de aguas para el funcionamiento de las locomotoras del Ferrocarril Antofagasta-La Paz (1908); la denuncia de que esa empresa vendía ilegalmente el recurso; otra denuncia de comercialización de agua en el lado chileno (1940); el cambio de tecnología de las locomotoras de vapor a diésel (1965); la anulación de la concesión (1997); el lanzamiento de una licitación para comercializar o exportar el recurso (1999); la adjudicación a la empresa Ductec para ese cometido (2000); la inclusión del tema en la Agenda de 13 puntos (2006); el preacuerdo en el que se estableció que Chile debía pagar por el 50% de estas aguas (2009-2010); y la demanda que La Moneda presentó contra Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya para que esta instancia determine que el Silala es un río de curso internacional. 

Los primeros años del siglo XX                     
 
En su libro El mito del Silala, el investigador Antonio Bazoberry identifica dos momentos clave para comprender la controversia. El primero se dio cuando se redactó el Tratado de 1904 y se trazó en un mapa los nuevos límites entre ambos países. En ese entonces, según Bazoberry, Chile incluyó en ese documento, de forma deliberada, una línea que semejaba un río, el cual "nunca existió”. 
 
El segundo momento se dio cuatro años después, en 1908, cuando la entonces Prefectura de Potosí concesionó parte de las aguas de ese manantial para el funcionamiento de las calderas a vapor de las locomotoras del FCAB, empresa que construyó un "acueducto” para aprovechar el recurso.
 
El 25 de marzo de este año, dos días después del anuncio del presidente Evo Morales sobre la demanda por el Silala, el canciller chileno, Heraldo Muñoz, presentó a la prensa de ese país el mapa de 1904 y lo calificó como "un antecedente muy importante”. Sin embargo, según Bazoberry, la inclusión del supuesto río Silala en ese mapa fue el inicio del mito de que se trata de un río internacional.
 
El excanciller Javier Murillo de la Rocha rememora que a principios del siglo XX el río del cual hablan ahora las autoridades chilenas nunca existió, sino que los trabajos para dotar de agua al funcionamiento del ferrocarril iniciaron las obras para crear los actuales  colectores.
 
"Antes de 1908, y ese es un asunto clave, no existía ningún curso de agua internacional, no existía ningún río (...). Al destruirse los bofedales se comenzó a colectar las aguas para derivarlas por canales que más o menos han tenido que utilizar aproximadamente 30.000 metros de canales con piedras y mampostería”, resalta Murillo.

Denuncias y adiós al vapor
 
En 1940, el entonces cónsul de Bolivia en Antofagasta, Pablo Baudoin, denunció ante la Comisión Fiscal Permanente de La Paz que la empresa del ferrocarril de Antofagasta estaba revendiendo ilegalmente el agua de los manantiales del Silala, que Bolivia le dio en concesión en 1908, expone Bazoberry.   
 
"La concesión de utilizar aguas bolivianas era exclusivamente para el llenado de calderos de las locomotoras a vapor, y el FCAB cometía un delito de fraude al Estado por no declarar ingresos por más de 500 mil pesos chilenos”, anota este investigador.

Dos décadas después, en 1965, el presidente de Acción Marítima, Gastón Velasco, denunció ante el Consejo Supremo de Defensa Nacional que la compañía The Antofagasta (Chili) & Bolivia Railway Co Ltd -conocida como FCAB- negociaba las aguas concesionadas y que "el Gobierno de Chile determina que las aguas pasan a depender de la municipalidad de Antofagasta y de la Dirección de Riesgos, dependiente del Ministerio de Obras Públicas de Chile”.

Una década después, las locomotoras que operaban en el ramal -explica Murillo- comenzaron a utilizar como combustible diésel en vez de vapor y, por ende, ya no necesitaban del agua boliviana para hacer funcionar sus calderas.
"Se extingue el objeto de la concesión porque las locomotoras de vapor son reemplazadas por diésel. Entonces, al extinguirse el objeto de la concesión, Chile está obligado a compensar a Bolivia por la utilización de las aguas del Silala, cosa que no hace, dado que sigue utilizando en actividades mineras, sobre todo, y en total perjuicio para nuestro país”, argumenta el diplomático.
 
El 20 de junio de 1997, el Gobierno elevó a rango de Decreto Supremo la Resolución Administrativa 71/97 de la entonces Prefectura potosina y con ello  revocó y anuló la concesión hecha a principios de siglo para beneficio de la empresa ferroviaria de Chile. Pese a la oposición chilena, la medida procedió de esa manera.

Luego de un proceso de licitación, gestado en 1999, a través del Decreto Supremo 25500, el 20 de abril del 2000, la entonces Superintendencia de Aguas de Bolivia suscribió un contrato de explotación de las aguas del Silala con la empresa Ductec, según el texto Las aguas del Silala: luces y sombras, editado por la Asociación de Periodistas de Cochabamba en 2009. Sin embargo, explica Bazoberry, Chile desconoció a esa empresa.
 
El año 2006, los gobiernos de Chile y Bolivia comenzaron a negociar la Agenda de 13 puntos, la cual incluyó el tema del Silala. Incluso  se llegó a un preacuerdo en el que se estableció que Chile debía pagar por el 50% del uso de aguas; no obstante, la negociación  no prosperó, debido a que la dirigencia cívica de Potosí observó que no se incluía el pago de la "deuda histórica” por el uso de las aguas del Silala. 

El 6 de junio, Chile demandó a Bolivia ante la Corte de La Haya para que esta instancia determine que el Silala es un río internacional. Bolivia anunció que contrademandará a ese país.  "De nuestra parte es que estamos primero con la verdad en la mano. La realidad geológica natural del manantial del Silala va a marcar su peso específico”, expresa el director del Consejo de Defensa de los Manantiales del Silala, René Martínez.
 
La polémica centenaria  por las aguas del Silala
  • Ubicación  Las aguas de los manantiales del Silala están ubicadas en el cantón Quetena de la provincia Sud Lípez, en el departamento de Potosí.
  • Mapa  Según en investigador boliviano, Antonio Bazoberry, en su libro El mito del Silala, el trazo deliberado por parte de Chile de una línea en el mapa del Tratado de 1904  fue el inicio para que en adelante ese país se refiera al Silala o Siloli como un río de curso internacional. Sin embargo, varios estudios e investigaciones dan cuenta de que se trata de aguas manantiales.
  • Demanda  El pasado 6 de junio, Chile presentó una demanda ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya para que esta instancia determine, entre otras cosas, que el Silala es un río de curso internacional y no así manantiales, como se afirma en Bolivia a  partir de estudios.

Puntos de vista
Javier Murillo
Excanciller de Bolivia
 
Tenemos a favor los argumentos
 
Bolivia debe plantear una contrademanda porque debe dejar en claro desde el principio que en momento alguno nosotros nos hemos apropiado de ningún recurso de Chile, que no hemos perjudicado jamás a ese país, sino al revés. Entonces, ¿cuál es el sentido de la demanda contra Bolivia? No existe.
 
Tenemos que contrademandar exigiendo que se repare el daño del uso, de la apropiación indebida de los recursos del Silala, como vertiente, en su totalidad por el 100% de ese uso a partir del momento en que se extingue el objeto de la concesión.
 
Somos nosotros los que tenemos a favor los argumentos para sustentar una contrademanda y la verdad es que no entendemos cuál es el perjuicio que Chile nos va a tribuir al demandarnos. Para hacer un análisis más certero habría que conocer lo  que dice la memoria.
 
René Martínez
director Consejo Defensa del Silala
 
Estamos con la verdad en la mano
 
De nuestra parte es que estamos primero con la verdad en la mano. La realidad geológica natural del manantial del Silala va a marcar su peso específico, no sólo por su estructura, sino que sobre su naturalidad existen estos trabajos -me refiero a las obras civiles de drenaje- de construcciones que tenían la intención de incrementar caudales.
 
Si a esto le ponemos un paralelo de la realidad histórica jurídica, sobre peticiones, sobre la propia Agenda de los 13 puntos, sobre comportamientos de evaluaciones de, en varios momentos, haber discutido este tema va a tener una importancia muy gravitante a la hora de las decisiones.
 
En resumen, vale decir que los criterios conclusivos técnicos van a pesar mucho sobre la naturaleza de este manantial del Silala, que está en territorio boliviano.

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