Wak’as ancestrales transformadas en miradores de La Paz

Antes de la época de la Colonia estos sitios que ahora son atractivos turísticos fueron centros ceremoniales donde los amautas agradecían a la Madre Tierra cuatro veces al año.
miércoles, 22 de junio de 2016 · 00:00
Ivone Juárez /  La Paz

Laikacota, Killi Killi, Pampahasi, Orkojahuira, Alto Munaypata, Faro Murillo, Urkupiña,  Río Seque y el puente de Río Seco son algunos de los miradores turísticos de las ciudades de La Paz y El Alto que antes de la época de la Colonia eran considerados wak’as, espacios sagrados o centros ceremoniales donde los amautas se comunicaban con la Pachamama al menos cuatro veces al año.
 
Este encuentro  entre la Pachamama y  los amautas, considerados en la cultura aymara los intermediarios entre la humanidad y la naturaleza, se daba en el solsticio de invierno (21 de junio),  en el  equinoccio de primavera (21 de septiembre), en el  solsticio de verano (21 de diciembre) y en el equinoccio de otoño (21 de marzo).
 
Sin embargo, el antropológo Cancio Mamani remarca que además de estas fechas astronómicas, las wak’as -hoy los miradores turísticos más atractivos que tienen La Paz y  El Alto- eran centros sagrados donde también se realizaban otro tipo de celebraciones, como la de la Chacana o cruz del sur (3 de mayo) y la del rayo (25 de julio).
 
"La wak’a es un centro donde están acumuladas las energías cósmicas, telúricas, femeninas y masculinas. A través de estas wak’as los amautas, laramas, yatiris, los guías espirituales se comunican con la Pacha, con la naturaleza, con la totalidad”, afirma el antropólogo.
 
"La wak’a en el contexto del ritual aymara refiere a los elementos de la naturaleza que son considerados como sagrados. Los lugares denominados como wak’a son respetados, y pueden marcar el límite entre el territorio de los miembros de las comunidades y el territorio de las wak’as, espacio donde viven la fauna y la flora silvestres, el agua, etcétera”,  señala Miguelina Mamani en la Revista Ciencia y Cultura publicada en junio de 2012.
 
Ceremonias

En estos sitios se celebraban ceremonias encabezadas por los amautas o "mayores”. La hoja de la coca era uno de los elementos centrales en estos rituales, igual de   la grasa de llama, flores de todos los tipos y otros. "Cada amauta tenía su estilo para llevar adelante la ceremonia”, asegura Mamani.
 
Lo fundamental era que el rito estaba dedicado a agradecer a la Pachamama por todo lo que brindaba y a través de éste se buscaba renovar la relación del hombre andino con la naturaleza.
 
El 21 de junio, solsticio de invierno, más conocido como el Año Nuevo Aymara, por ejemplo, se agradecía a la Pacha por la totalidad, por la vida que da y por la salud que ofrece.
 
"Al agradecer se le pedía también que nos siga dando vida, salud, trabajo, unidad en la familia y en la comunidad; unidad entre los seres humanos y la naturaleza, el cosmos. Se le pedía que nos permita vivir en equilibrio en complementación, en consenso y que tengamos respeto a lo diferente. Hoy hacemos lo mismo”, remarca Mamani.
 
En estos tiempos la celebración del solsticio de invierno (Año Nuevo Aymara) en algunas wak’as comienza un día antes con el acullicu (masticado de coca) para recibir el 21 con una ch’alla y ofrendas a la Pachamama: dulces, lanas de color, sullus (fetos de llama), hierbas aromáticas y otros elementos.
 
Miradores turísticos
 
Y estos rituales se celebraban en lo que hoy conocemos como los miradores de Laicakota, en el centro de La Paz; Killi Killi, Pampahasi u Orkojahuira de la zona norte; o en Faro Murillo, Alto Munaypata, ubicados en barrios paceños que lindan con la ciudad de El Alto. En esa urbe las ceremonias de comunión con la Pachamama se hacían en lo que hoy se conoce como el Río Seque, el puente de Río Seco.
 
Debido a su privilegiada posición, sobre  todo en alturas, la mayoría de estas wak’as se han convertido en atractivos naturales desde donde los turistas nacionales y extranjeros admiran la totalidad de la ciudad de La Paz.
En 2012, un estudio de la Alcaldía de La Paz, realizado por el antropólogo Luis Castedo, identificó que en la sede de Gobierno se tenía alrededor de 32 miradores naturales, a los que se catalogó por distritos.
 
Entre estos miradores están "Jach’a Apacheta, en la zona Alto Munaypata; Sagrado Corazón de Jesús, en el barrio del mismo nombre; Jancocollo o Jach’a Kollo, en Alto Villa Nueva Potosí; Salla Humani, entre la avenida Naciones Unidas y la autopista La Paz - El Alto; Mirador 27 de Mayo, en la zona del mismo nombre; nuevo mirador de Alto Pampahasi; el mirador Santo Domingo-Calvario, en la zona Kupini”.
 
El estudio buscaba impulsar una ordenanza municipal para autorizar y normar los rituales tradicionales en estos lugares, esto debido a que algunos vecinos que poblaban en las cercanías se oponían a la realización de las ceremonias.
 
"Hoy muchas de esas wak’as son miradores turísticos,  pero el sitio sagrado está ahí. Nuestros amautas siguen realizando ceremonias rituales en estos lugares. Cuando llegamos ahí nos vaciamos de malos sentimientos, vamos con la consciencia limpia en busca de energías y sabiduría”, dice Cancio Mamani.

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