Luciano Da Luz: la memoria de la represa de Itaipú

Da Luz es uno de los 120 mil trabajadores que construyeron la obra de concreto que se convirtió en la generadora de electricidad más grande del mundo.
jueves, 8 de septiembre de 2016 · 00:00
Ivone Juárez  / Foz de Iguazú, Brasil

La magnificencia de esta obra de ingeniería humana se ha convertido en uno de los principales atractivos turísticos de Brasil. Cada año llegan a la hidroeléctrica  cientos de miles de turistas para admirar cómo el lago artificial "escupe” a través  de sus compuertas miles  y miles  de litros de agua por segundo que se estrellan con una asombrosa fuerza para generar la energía eléctrica que consumen Brasil y Paraguay.

La central eléctrica de Itaipú, considerada la más grande en operación del mundo,  tiene una superficie de 1.350 kilómetros cuadrados y una altura  196 metros construidos sobre el río Paraná, en el área  de Foz de Iguazú de Brasil.

  La planta  es una obra binacional emprendida entre Brasil y Paraguay, en 1971, con la participación de cientos de miles de trabajadores, tanto paraguayos como brasileños, de los cuales algunos dejaron incluso la vida en el faraónico proyecto para ponerla en funcionamiento desde  1984.  

"En una época pasamos las 120 mil personas”, recuerda   Luciano Luiz Da Luz, uno de esos 120 mil trabajadores que tiene la suerte de contar a los turistas cómo fueron eso años, cuando tuvieron que "dejar todo atrás” para sumarse al proyecto que entonces, para la gran mayoría, era increíble y casi inentendible.

 "Era la frontera con Paraguay, donde encontramos una cultura diferente. Todo era distinto y no había nada, sólo una vegetación inmensa”, cuenta  Luciano  en portugués a un grupo de visitantes que lo escucha atentamente. El hombre de 56 años está  ubicado delante de un panel donde, a través  de fotos, algunas en blanco y negro, se puede leer la historia de Itaipú.

 El tono de voz que usa hace que su historia se pinte cada vez más interesante. Él era  un muchacho de 15 años cuando, en 1975,  se  sumó al ejército  que partió rumbo al estado de Paraná, a Foz de Iguazú,    en  la frontera de su país con  Paraguay.  

"Itaipú hizo un llamado y entre los primeros 400 que se inscribieron estuvimos  mi familia”, dice. Itaipú fue el nombre que asumió la entidad creada para administrar la  construcción de la represa. 
    
El primer llamado fue sólo para seis meses, para ver cómo se habituaban los trabajadores al lugar y al trabajo. El reclutamiento se realizó en todas los estados  de Brasil y se daba durante  las 24 horas del día. En las filas interminables la gente hablaba sobre lo que era trabajar en la represa. Entonces ya se habían desatado algunas historias negras sobre la monumental obra, como, por ejemplo, que la  cantidad de concreto que se utilizaba era tan descomunal que muchos obreros quedaban enterrados. 

Entonces el padre de Luciano, Maurillo  Da Luz,  trabajaba en una mina de carbón que  había cerrado. Un ingeniero geólogo que lo tenía a sus órdenes  le sugirió irse  a Itaipú. El trabajo estaba asegurado por 20 años. "Mi padre aceptó y se enlistó. A la semana llegó la llave de nuestra nueva casa. Nos reunió y  dijo: familia,  a hacer maletas que vamos todos a Foz de Iguazú. No sabíamos nada más que era una zona fronteriza”, recuerda.  

"Dejamos todos y en 1976 llegamos todos: mi papá, mi mamá, yo  mis dos hermanas. Cuando bajamos del ferrocarril vimos sólo indígenas. Mis hermanos y yo mirábamos de un lado para otro pensando a dónde nos trajo papá.  Llegamos a la casa y los primero  fue pedir volver. Mi madre me acarició la cabeza y me dijo: ‘No pueden irse, hijo mío, no pueden irse. Pero si insisten regresen con la abuela. Nuestra insistencia fue tal que nos regresaron a nuestra ciudad y mis padres se quedaron”, añade.

Pero el regresó sin sus padres fue muy difícil; por eso, a los meses Luciano y sus hermanas regresaron a Foz de Iguazú. "Cuando volvimos con ellos nos abrazamos llorando. Ahí supe que era nuestro destino”, continúa el ahora encargado de revivir la memoria de los trabajadores de Itaipú.

Maurillo  Da Luz instaló la primera estación de tratamiento de agua del campamento que prácticamente era una ciudadela, donde se dotó de todas las comodidades y facilidades posibles a los trabajadores; mientras que su hijo,  Luciano,  comenzó a trabajar como mensajero, puesto desde el que vio día a día cómo la obra iba creciendo.

Luciano recuerda esos días con nostalgia y con un gran orgullo. "Lo logramos, demostramos al mundo que podíamos”, dice mientras admira las fotos de la represa. El pecho se le hincha más cuando recuerda que en 1982, mientras desviaban el río Paraná,  éste, sorpresivamente,  aumentó su caudal por un aumento en las aguas del río Iguazú. 

"Casi se inundó todo, tuvimos que construir cinco metros más  para evitar el rebalse. Otro momento difícil fue cuando la represa se llenó. Pensé que no  aguantaría, sentí miedo,  pero ya pasaron casi 40 años y la construcción ha aguantado”, dice.

 

Una obra  faraónica
  • Hormigón  La construcción de Itaipú  demandó 2.100 millones de metros cúbicos de concreto, cantidad con la que se pudo erigir 210 estadios de la dimensión del Maracaná de Río de Janeiro.
  • Hierro  Con el hierro y el acero utilizados en la generadora de electricidad se pudo elevar 380 torres Eiffel de Francia.
  • Altura  La presa principal de la hidroeléctrica mide 196 metros de alto, lo que equivale    a un edificio de 65 pisos.
  • Agua La represa descarga más de 62.000 metros cúbicos de agua por segundo, 40 veces el caudal medio de las cataratas del Iguazú.
  •  Electricidad  Itaipú tiene una potencia instalada de  14.000  megavatios de electricidad. Su producción satisface el 25% de la demanda de Brasil y 95% de la de Paraguay.

"Todos los días debía cruzar el río llevando correspondencia”

A sus 15 años y sin ningún oficio, Luciano fue ocupado como mensajero. Comenzó a trabajar en el margen derecho del río y todos los días tenía que atravesar el cauce en los botes que funcionaban en el lugar para llevar y traer la correspondencia y otros documentos que eran necesarios en la obra.

Una mañana Luciano, cuando se aprestaba a abordar una de las embarcaciones, cargado de documentación "muy importante”, perdió el equilibrio y dejó caer todo lo que llevaba. "Me asusté tanto y lo primero que pensé fue que sería despedido;  pero me repuse inmediatamente y dije ¡no!, voy a recuperar todo, y me lancé al río, detrás de la carpeta. Logré alcanzarla antes de que se hundiera y la gente me sacó del río con una cuerda. La carpeta estaba completamente mojada y no sabía cómo presentarla a mi jefe. Cuando se la entregué me preguntó qué pasó, le conté todo y él me respondió: ‘Luciano no te preocupes, por tu valor te mereces una promoción”. 

Y ese día, tras seis meses de haber llegado a Itaipú,  fue promovido.
 
 
 
 
 
 


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