“El génesis” de la ciudad de La Paz, relato de un austriaco

La Ciudad Maravilla celebra hoy 469 años de fundación. En 1876 Charles Wiener la conoció y quedó asombrado con su topografía, que le hizo pensar en la creación del mundo.
viernes, 20 de octubre de 2017 · 00:00
Ivone Juárez /  La Paz
 
Una noche de principios de mayo de  1876 –328 años desde la fundación de La Paz– el arqueólogo y lingüista  austriaco Charles Wiener comienza el descenso a la ciudad. Viene de Perú. Recorrió gran parte de los pueblos peruanos, desde Cajamarca, pasando por  Cusco, Juliaca y Puno. En Bolivia pasó  por Ancoraimes, Tiquina y   Chilaya, donde, "a gran precio”, consiguió tres mulas y el guía que lo condujo a Chuquiago.
 
El extranjero, que cumple una expedición por encargado del gobierno francés, está  impresionado por la topografía que tiene a sus pies. Tanto así que lo considera que es "el más majestuoso de los espectáculos”. Al parecer, el panorama   es tan sobrecogedor, que  lo lleva a compararlo  con la creación del mundo según el Génesis de La Biblia.
 
"Era de noche cuando llegamos cerca del profundo valle donde vimos aparecer las luces de la capital. La luna llena proyectaba su luz, de una claridad desconocida en nuestros países, sobre el más majestuoso de los espectáculos. Se habría dicho, ante el panorama que de súbito se desplegó ante nuestros ojos, que Dios, cuando creó el mundo, quiso dejar un recuerdo del casos primitivo y no dio forma a este rincón de la tierra. Una mano poderosa parece haber removido, trastornado, empujado, estas extrañas regiones, para fijarlas en un estado más salvaje”, escribió en su libro   Perú y Bolivia, un relato de viaje, producto de su expedición y  que fue  publicado  cuatro años después, en 1880.
 
Wiener inició su viaje en 1875, contratado por el  Servicio de Misiones del Ministerio de Instrucción Pública de Francia, con la misión de  recolectar muestras arqueológicas y etnográficas para  conocer el pasado del hombre americano. Su ruta fue la que marcaron los conquistadores españoles. 
 
 
Acompañado por un par de cronistas, recorrió Perú y parte de Bolivia, específicamente La Paz, cuya topografía la llevó a describirla como un  lugar de una naturaleza increíblemente adversa, pero en la que su gente comenzó a construir una ciudad con callejuelas "una encima de otra”. 
 
"La  gigantesca cuba a cuyo fondo de se halla La Paz es un terreno aluviónico que presenta el aspecto de un inmenso y antiguo lago, de un mar desecado.  Por el sur se creería  ver altos acantilados, y toda la ciudad no se levanta sino sobre el deslizamiento colosal del acantilado del norte”, describe.
 
Cuando comienza a descender hacia la ciudad,  que entonces era una aldea, el austriaco queda más impresionado por el terreno empinado, sembrado con fragmentos de rocas puntiagudas, y las calles que son  más cuestas abruptas que vías para el transporte o la caminata. El "impetuoso” río La Paz, que surca el valle es para el explorador otro motivo de admiración por sus  orillas que, "como las montañas circundantes, están constituidas por rocas casi a pico”.  
 
 
"La impresión se acentúa aún más cuando se desciende por un terreno sembrado de grandes guijarros, que se deslizan y resuenan bajo los cascos de la bestias, cuando se entra en las primeras calles, que se elevan unas por encima de otras, en anfiteatro”, se lee en el libro de Wiener, que fue traducido al español en 1993 por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Perú.
 
En medio de todas las sensaciones que le provoca el nuevo destino al que lo llevó su aventura, el aventurero se pregunta si se trata de un lugar bonito, con una característica definida. Pero al parecer no logra responderse, porque en su libro escribe: "Hasta ahora me pregunto  si La Paz es una ciudad bonita, si tiene un sello definido, y si es así, en qué consiste”. En su periplo, Wiener  conoció otras ciudades: Lima, Santiago y Brasil.  
 
El historiador Randy Chávez señala que la visita del investigador austriaco pudo pasar desapercibida para la  gente de entonces, asentada sobre un poblado, formado en gran parte por  casas de adobe y  techo de paja, y apenas  algunas viviendas de un piso o dos con balcones y techos de teja, que estaban alrededor de la plaza de Armas, hoy plaza Murillo. 
 
 
"La pequeña sociedad blancoide de La Paz estaba acostumbrada a ver llegar a la ciudad todo tipo de forasteros extranjeros, por lo que no era de mucha importancia la llegada de aventureros o exploradores; solamente se interesaban por la llegada de embajadores u otros políticos extranjeros”, dice Chávez. 
 
Lo cierto es que como hoy, desde siempre nuestra Ciudad Maravilla, que hoy conmemora 469 años de su fundación, ha impresionado a los extranjeros con su topografía y el capricho de sus habitantes por domarla y establecerse en ella. Y, como dice el guía de turistas Carlos Parra para seducir a los visitantes que  como Charles Wiener descienden a La Paz en la noche, "y a veces las estrellas se caen dentro de esta ciudad”. 

 

 

Ciudad de  469 años 

  • Orden  El 8 de septiembre de 1548 Pedro de La Gasca ordenó  fundar una ciudad intermedia entre Arequipa, Cusco, La Plata y Potosí con el nombre de Nuestra Señora de La Paz.
  • Fundación  El 20 de octubre de 1548 la orden fue cumplida por el capitán Alonso de Mendoza, en la localidad de Laja, dentro del templo católico que se encontraba en el lugar.
  • Traslado  El 23 de octubre de 1548 los conquistadores españoles decidieron trasladar la sede de la nueva ciudad al valle de Chuquiago.
 

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