El campo del terror de la humanidad: Auschwitz

Durante la Segunda Guerra Mundial, Auschwitz fue el mayor centro nazi de exterminio. Se calcula que 2,5 millones de personas murieron, la mayoría judías. El lugar es hoy un museo.
viernes, 28 de abril de 2017 · 00:00
 Samy Schwartz /   Auschwitz, Polonia

Mi viaje en moto por Europa incluyó la visita a uno de los lugares más terroríficos de la historia de la humanidad, el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, en la ciudad de Oswiecim, en Polonia. Éste fue el mayor centro de exterminio de la historia del nazismo  donde, se calcula, fueron enviadas cerca de tres millones de personas. 

De ese total 2,5 millones murieron por el gas y fuego,  la gran mayoría eran judíos, el 90%, el resto, gitanos, prisioneros de guerra, Testigos de Jehová y homosexuales. El otro tanto de gente murió de hambre y de enfermedades. 

Mi llegada, desde la ciudad de Viena, fue por la noche, después de recorrer 400 kilómetros en cinco horas. Por algún error mío con el GPS, pasé más de una hora bordeando el campo de concentración por caminos de tierra con murallas de frondosos árboles, que trataban de ocultar las alambradas y las garitas de los guardias, que hace 74 años me hubieran disparado sin chistar. El frío, 4°C,  me hacía temblar, pero me atemorizaba más el hecho de estar en un lugar donde millones de personas perdieron la vida por ser judíos, igual que yo. 

La ciudad de Oswiecim (Auschwitz en Polaco) es gris y fría. No me imagino cómo sería hace 70 años, cuando se veía el humo de los crematorios donde se incineraba a los muertos por el gas Zyklon B, que era la marca registrada de un pesticida a base de cianuro que se usó en la Alemania nazi, durante el Holocausto para asesinar a millones de personas.

Sin dormir  y tempranito  me dirijo a la entrada del ahora museo y patrimonio de la humanidad. Al llegar y estacionar  mi moto me comunican que soy el primer visitante en moto del año y esto me hace recordar lo que me dijo Livio, el director del Museo Ducati, que nadie maneja moto en invierno... esta es la tercera etapa, después de Venecia y Viena, de mi recorrido por Europa . 

La entrada es gratuita pero puedes pagar 40 Zlotkis (10 euros)  para un tour en español de cuatro horas. Mientras espero el tour me dedico a sacar fotos en la entrada, por donde pasaron millones de personas pensando que estaban llegando a un campo de trabajo, por lo escrito en la puerta de entrada: "Arbeit macht frei” (El trabajo hace libre). Otra de las mentiras y propaganda que los nazis usaron para ocultar la verdad sobre los campos de exterminio. 

Si se mira bien, la letra "B” está invertida, los sobrevivientes del campo lo atribuyen a un símbolo de protesta de Jan Liwacz, el cerrajero judío que fue obligado a realizar ese trabajo. 

El objetivo principal del campo Birkenau  no era el mantener prisioneros, sino exterminarlos. Para cumplir con ese objetivo se equipó el campo con cuatro crematorios con cámaras de gas. En cada cámara de gas podían entrar hasta 2.500 prisioneros, por turno. La mayoría de los prisioneros llegaba al campo en tren, desde  todos los territorios ocupados por la Alemania nazi, en vagones de carga, en los que viajaban durante varios días, sin agua, sin comida. 

 Al llegar al campo, los nazis seleccionaban a los prisioneros en filas de mujeres, hombres y la de   los aptos para trabajar. La mayoría era enviada directamente a las cámaras de gas. Les decían que se ducharían después del largo viaje. 

La mayor  parte del tour en español por el campo de concentración lo realizan adolescentes y parejas de españoles que hacen tours por Europa. Junto con ellos caminamos cuatro horas, recorriendo los lugares más importantes. Nuestra guía, una polaca llamada Bárbara Brania, que tenía más de 14 meses trabajando en el lugar, explica la historia de cada bloque, mientras seguíamos una ruta trazada. 

El museo se encuentra en los bloques que servían de dormitorios para los prisioneros e incluye muestras de documentos, objetos y paneles de la organización Nazi. Ahí se muestran fotos tomadas por los mismos SS nazis que no pudieron ser destruidos cuando el ejército ruso liberó el campo, el 27 de enero de 1945, fecha en la que ahora se celebra el día del Holocausto o "Shoa”. 

Para entonces los nazis ya habían trasladado, a pie, a 58.000 prisioneros a Alemania, en una marcha de la muerte: también habían dinamitado los crematorios II y III y las cámaras de gas en Birkenau, además de los galpones llenos de objetos personales de propiedad judía robada. Esos galpones tenían una extensión de seis canchas de fútbol, llenas de ropa, anteojos, maletas y todos los artículos personales que los nazis hacían que los judíos dejaran antes de entrar a las cámaras de gas. Les cortaban hasta el pelo para venderlo en  Alemania.

En Auschwitz sólo sobrevivieron 7.000 prisioneros, en su mayoría enfermos y en el límite del agotamiento humano.

Algunos de los  sobrevivientes escribieron sus memorias: Primo Levi, Si esto es un hombre;  Tadeusz Borowski, Por este lado a la cámara de gas señoras y señores;  Elie Wiesel, Noche,  ganó el Premio Nobel de La Paz en 1986;  Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido;  Ana Frank, El diario de Ana Frank, sobreviviente que murió luego de tifoidea; Maximilian Kolbe y Edith Stein (convertidos al Catolicismo) santos de la Iglesia Católica Romana. 

Otra sobreviviente de Auschwitz  fue  Simone Veil, la primera mujer Presidenta del Parlamento Europeo.

 Visitamos en silencio las celdas de 1 x 1 del campo,  donde ponían a cuatro personas paradas, después de 12 horas de trabajo forzado. 

 No logré contener las lágrimas cuando entramos a la cámara de gas, donde se veía un ramo de flores en medio. Tomé fotos, aunque estaba prohibido. 

Afuera del crematorio se ve una horca, construida especialmente para ajusticiar al que fue el primer comandante del campo, Rudolf Hoss,  que escapó pero fue capturado por Hanns Alexander -soldado británico judío, nacionalizado después de que su familia escapó de Alemania-,  traductor de los prisioneros de guerra alemanes.

Hoss se hacía pasar por un simple granjero alemán, esperando la ayuda de Odessa, una red  internacional nazi que ayudó a los SS a escapar a Sudamérica a muchos nazis, como al carnicero de Lyon  Klaus Barbie, alias Klaus Altman, que se cobijó en Bolivia y durante la dictadura de García Meza fue responsable de la organización de violentos grupos paramilitares al servicio del régimen militar. Barbie fue deportado por el gobierno del presidente Siles Suazo y sentenciado en Lyon, Francia,  el 4 de julio de 1987. Murió en la cárcel. 

Después de permanecer siete horas en estos campos, fui casi el último en salir del estacionamiento. No tenía hambre, sed, ni frío, sólo el sentimiento de haber completado y cerrado un capítulo de mi vida, ése que cada niño judío aprende por boca de sus padres para que el Holocausto nunca se olvide. 

El viento en la cara me hizo sentir libre para seguir adelante en mi vida, con más fuerza que nunca, ya que siete horas no se comparan con los años que muchos hermanos tuvieron que pasar, pensando que Dios no los defraudaría y sobrevivieron a esta terrible parte de la historia que no hay que olvidar. Shalom (paz) amigos.
 
Samy Schwartz  es fotógrafo boliviano.
 
 
 
 
 
 
 

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