El compositor de la cueca tarijeña El molino cumple 90 años

Compuso una treintena de cuecas, bailecitos y pasos dobles inspirados en los amigos, el paisaje y el amor. Resumió en 150 versos la historia de su vida, convirtió la cueca El molino en himno, pero nunca grabó un disco.
viernes, 26 de mayo de 2017 · 00:00
Fátima López Burgos /  Especial para Página Siete

El compositor tarijeño Elías Dipp se prepara para celebrar 90 años de vida con una lucidez admirable. Fundó, junto con  sus hermanos José y Juan Dipp el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) en Tarija. Tuvo un desacuerdo con Víctor Paz Estenssoro, por la división del MNR.

 Con Paz Estenssoro compartía en el mercado Central ají de patas, picante de panza y chicha en tutuma, en el puesto de Juana Reyes, madre del dirigente sindical Simón Reyes.

 Elías compuso una treintena de cuecas, bailecitos y pasos dobles inspirados en los amigos, el paisaje  y el amor. Resumió en 150 versos la historia de su vida, convirtió la cueca El molino en himno; nunca grabó un disco, pero contribuyó a que varios grupos lo hicieran. ¡Quién le quita lo bailado!

Con 89 años cumplidos, el compositor se moviliza con la ayuda de un burrito para evitar caídas.
 
Su rostro blanco y ojos profundos dejan asomar algunos lunares propios de la edad. Su  voz ronca y bien timbrada no ha sufrido alteraciones, tampoco su destreza para tocar la guitarra y empezar a cantar.

Dipp nació en Tarija en 1928, padre de cuatro hijos, 10  nietos y tres bisnietas. Su padre, José Dipp Morón, de nacionalidad sirio-libanesa, le puso el nombre Elías de origen hebreo. Fue su primer maestro de canto, junto al laúd, instrumento similar a la mandolina.

 Cual guía turístico, Elías recuerda a la perfección los nombres de las calles de la ciudad de Tarija, nombres y apellidos paternos y maternos de los amigos de antaño; además de las letras de una treintena de cuecas, pasos dobles y bailecitos que compuso para su natal Tarija. Son momentos felices que detuvo como fotografía a través de sus canciones. Se jubiló de la Alcaldía y a través de  la Sociedad Boliviana de Autores y Compositores (Sobodaycom) percibe anualmente regalías por sus composiciones.

 Sabe que en Bolivia no es posible vivir de la música, por eso asegura: "No toco por oído ni por música, sino por vino”.

 A pesar de esta amplia producción no grabó discos, sus composiciones fueron inmortalizadas por cantantes y conjuntos tarijeños, como Los cantores del valle, Embajadores del Guadalquivir, Voces del valle, Luceros del alba,  Ay Juna y Esther Marisol. Sobre el tema, el compositor señala: "Si las cantan bien, si no las cantan también, las cuecas ya son historia”

 A manera de terapia resumió en 12 hojas y 150 versos su vida y trayectoria, lo hizo en hojas de seda tamaño oficio, que bien podrían convertirse en una docena de cuecas más. La máquina en la que escribió sus composiciones es una fornida Continental 340 que aún conserva, de diseño pequeño y grandes letras, el forro se mantiene casi intacto a pesar del paso del tiempo.

 Actualmente vive en el barrio San Pedro junto a su hija Janeth, quien toca guitarra y canta a la perfección; en ese hogar se destila música e inspiración.

Cueca mimada

La cueca El molino que inmortalizó a Dipp es hoy el himno del barrio, fue escrita en la población de Entre Ríos en 1963 y a pesar de  que el molino ya no muele nada, la remembranza persiste, al igual que las flores y los enormes ceibos que daban sombra y teñían de rojo la plazuela.

 Elías Dipp recuerda la presencia de un ceibo histórico, ubicado entre La Madrid y Sevilla, cortado de cuajo en una oscura noche por orden del entonces alcalde Mario Olaguivel. Este centenario ceibo tenía herraduras y ganchos donde amarraron sus caballos los combatientes por   la Independencia, como Belgrano,  San Martín y los valientes montoneros comandados por Eustaquio Méndez (El Moto). 

 Rememora que los domingos, religiosamente se reunían para jugar generala donde Asunta Estrada, propietaria de uno de los locales tradicionales de la ciudad donde por la mañana se servían salteñas y por la tarde costillitas,  sólo para los amigos. Entre ellos recuerda con afecto a Chirinco López, Picantero López, Colincho Molina, Samuel Catoira y a Corcho López que, como dueño del local, tocaba la guitarra con destreza.

 Allí se entonaban cuecas tarijeñas, como Cuchara de Palo y también las composiciones de Dipp, que marcarían época y se convertirían en historias vividas. En esos años todos eran compadres y existía un apoyo incondicional en las buenas y en las malas.

Resumen de vida del compositor

 "No me quejo de la vida,
  pues viví un mar de ilusiones, 
  sufrí penas y privaciones en un ruedo sin salida
 "No me quejo de la vida, ni me quejo del dolor, 
  el hombre, cuando es hombre 
  combina una vez llanto y otras dolor”
"Con la alimentación
 Les damos miel de abeja 
 mezclando una porción,
 con una bebida añeja”
" Vino, vino, vino añejo,
 Pito , pito, pito de víbora,
 ninguno se siente viejo,
 saltando como un conejo”
"Cuando llegue la ocasión,
 Yo les puedo obsequiar 
 esta dosificación,
 que es algo espectacular”.


Cambios inaceptables

Dipp lanza un reclamo preocupante. Los grupos musicales que interpretan sus canciones modifican sin autorización letra y música de la canción original. Lo curioso es que las canciones están inscritas en Derechos de Autor y también forman parte de la Sobodaycom; sin embargo, no hay reacciones ni sanciones.

 Los cambios son notorios, apunta Dipp. Por ejemplo, en la cueca Mi palomita se ha perdido  dicen era linda de ojos negros, cuando la letra original dice: Era linda y de ojos verdes. La segunda parte también la cambiaron, advierte.

 En la cueca De Tarija la más linda, grabada por Abdón Rivera, él cambió la letra. La original señala de Tolomosa hasta Sella, y no de Sella a Tolomosa;  ahí no hay consonancia  ni resonancia, remarca el autor.

  El compositor muestra su molestia por los cambios arbitrarios a su producción, que alteran de cuajo la inspiración y hieren de muerte a las canciones. Otra dificultad es que si bien los intérpretes imponen su sello propio, jamás hacen referencia al autor, detalle fundamental para preservar la propiedad intelectual.
 
 
 

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