El 21 de junio, el “día vacío” para volver a nacer

Hoy se festeja el Año Nuevo Aymara 5.525. Estudios arqueológicos indican que las primeras celebraciones se dieron en Tiwanaku.
miércoles, 21 de junio de 2017 · 00:00
Ivone Juárez /  La Paz 

Cada 21 de junio, antes de que saliera el sol, sus padres lo llevaban rumbo a la Lapita, ese cerro donde los comunarios de su ayllu, Collana, en La Paz,  tenían su principal centro de energía. Ahí, la autoridad religiosa de la comunidad o el más anciano realizaba una ceremonia que culminaba con una especie de bendición con agua. Hasta entonces los rayos del sol comenzaban a bañar la fría Collana.

 "Nos echaban con agua en la cabeza, diciéndonos que era el agua de la sabiduría, de la vida, la salud. Yo sentía como esa agua caía por mi rostro y se congelaba hasta que llegaba a mi ponchito. Mi primer recuerdo de esa ceremonia es cuando tenía tres o cuatro años”, rememora el antropólogo Cancio Mamani, exjefe de Antropología y Conocimientos Ancestrales del Viceministerio de Descolonización.

 Ese acto con el agua era lo principal de la ceremonia que los comunarios de Collana realizaban en esa colina para recibir el Año Nuevo Aymara. 

Después de sentir el agua helada en su cara, los miembros del ayllu  Collana comenzaban la celebración, en la que no faltaba la huatia tendida en el piso, sobre un aguayo. Papa, chuño, carne de llama, queso, todo lo que producía la comunidad para un banquete colectivo. Las quenas silbaban y con sus notas musicales, que parecían  arrancadas al viento, complementaban la gran fiesta.

"Nos acompañaban nuestros animalitos: las llamas, nuestros conejos, nuestro ganado y hasta los zorros. También llevábamos con nosotros la quinua, la cañahua y todo lo que producíamos”, añade el antropólogo Mamani.

Con el paso de los años, Cancio Mamani -asegura- comprendió lo que representaba esa ceremonia en la Lapita:  "Era la reflexión sobre el volver  a nacer”.

"El 21 de junio es el día cero, el día vacío, en el que  todos debemos reflexionar profundamente.
 
Dejar a un lado el concepto del yo, de la individualidad y el ego. Eso implica volver a nacer simbólicamente, por eso debemos recibir el Año Nuevo Aymara en posición fetal para renacer, cargarnos de nuevas energías”, afirma. 

Cancio Mamani añade que el 21 de junio el pueblo aymara renueva  su compromiso  con la madre tierra para  vivir en equilibrio y complementariedad.
En Tiwanaku, hace 1600 años

Los estudios arqueológicos realizados hasta el momento señalan a Tiwanaku como uno de los centros ceremoniales donde se realizaron por primera vez en Bolivia las ceremonias de recibimiento del Año Nuevo Aymara.

El director ejecutivo del Centro de Investigaciones Arqueológicas, Antropológicas y de  Administración  de Tiwanaku (Ciaaat), Julio Condori,  añade  que esas indagaciones científicas indican que los rituales se hicieron    400 años después de Cristo, aproximadamente. 

 "Son más de 1500 años. Estamos hablando de la cultura tiwanacota  prehispánica. Ellos (tiwanacotas)  han dejado las evidencias y hoy nosotros,  a través de las excavaciones e investigaciones arqueológicas, podemos determinar los lugares concretos donde se realizaron esos rituales”, afirma Condori, arqueólogo de profesión.

  El experto señala que los restos de los rituales para recibir el año nuevo aymara están presenten en la pirámide de Akapana  y en el templo de  Kalasasaya, donde cada 21 de junio  se "agradecía a la Madre Tierra y a todos los astros”.

"Se encontró evidencias de que en la pirámide de Akapana  y en el templete  Kalasasaya se realizaban ceremonias para recibir el Año Nuevo Aymara. En excavaciones en la pirámide de Akapana se encontró centenares de ofrendas y de (restos) de rituales, que a nosotros nos señala que hubo una actividad muy intensa de rituales”, dice  Condori.

 El arqueólogo indica que fue en los años 80  del siglo pasado cuando en Tiwanaku se comenzó a recuperar la ceremonia de recibimiento al año nuevo aymara con el objetivo de visibilizar esta tradición milenaria.

 

Venus, el centro de la fiesta del Lucero del alba

En tierras bajas, el 21 de junio se celebra al Lucero del alba. A diferencia del Willka Kuti, la fiesta no tiene como centro al sol, sino al planeta Venus, explicó  en una entrevista anterior el antropólogo del MUSEF, Milton Eyzaguirre; en coincidencia, en esta época la estrella se encuentra en su máximo punto de visibilidad.

"Es complicado hablar de un Año Nuevo Andino-Amazónico porque esta fiesta, como tal, es andina y no amazónica. En tierras bajas tienen otro tipo de representaciones vinculadas a Venus, que no tiene connotación de un año nuevo”, aseguró el experto.

Explicó que en Samaipata y otras poblaciones de la zona amazónica, donde existe influencia de lo andino por la expansión del imperio incaico, se cumplen rituales al sol. Son ecos del Inti Raymi (fiesta del sol).

"Los pueblos de las tierras bajas no tuvieron ese contacto directo con los incas, por lo que no celebran el nuevo ciclo agrícola regido por el sol”.

Eyzaguirre señaló que hace falta investigaciones que revelen la cosmovisión de los pueblos del oriente donde los reductos jesuitas y franciscanos abarcaron todo. "Lo que queda son las tradiciones del catolicismo. En San José de Chiquitos la noche de San Juan se extiende el fuego en el piso para caminar descalzos sobre las cenizas. Si los pies se ampollan es muestra de poca fe”, relató.

El Willka Kuti es también conocido como: "Año Nuevo Aymara”, "Mara T’aqa”, "Machaq Mara”, "Inti Raymi”, y recientemente como "Año Nuevo Andino Amazónico”. Para proyectar la celebración como un símbolo nacional, el Gobierno ha declarado feriado nacional.

 

 
 
 
 
 

 

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