Alalay, 15 meses de un desastre ambiental sin solución

Ediles cochabambinos señalan que las medidas no son una solución sino un paliativo y que el problema nace en el río Rocha.
lunes, 26 de junio de 2017 · 00:00
Leny Chuquimia/ Enviada especial a Cochabamba
 
Olor insoportable,  aguas negras y lodos tóxicos evidencian el desastre ambiental de la laguna cochabambina Alalay  que en 15 meses  no tiene solución. El plan de contingencia aprobado recién en mayo pasado no tiene recursos. Las autoridades locales  denuncian falta de voluntad.
 
 Página Siete visitó el espejo urbano de agua  de 240 hectáreas de  superficie ubicado al este de la capital valluna. En su recorrido,  evidenció que  el estado de la laguna es crítico; no obstante se detuvo la masiva muerte de peces y aves que se registró en marzo de 2016. 
 
El olor a muerte y  la emergencia 
 
En noviembre pasado centenares de vecinos de las  Organizaciones Territoriales de Base (OTB) circundantes a la laguna Alalay instalaron seis puntos de bloqueo a lo largo de todo el Circuito Bolivia, vía que  rodea al embalse urbano. Con pancartas pedían solución a lo que ellos llamaron "el olor de la muerte”; ese que, pese a los sellos en puertas y ventanas, ingresa en  sus domicilios sin que nada lo detenga.       
 
"La verdadera magnitud del problema no lo vas a conocer hasta que lo veas y sientas el olor”, advierte el periodista y activista Jaime Ponce antes de llegar a Alalay. Durante años ha monitoreado el problema ambiental del embalse que -solo en la última floración algaria (2016)- causó la muerte de 10 toneladas de peces .
 
A 15:25 del 12 de junio, el olor que emana de las aguas se siente a varios metros de distancia. Similar al de una cámara séptica colapsada, el hedor se esparce por el aire a casas, escuelas, establecimientos económicos e instituciones deportivas.
 
El aire caliente y espeso parece quedarse atascado en las fosas nasales, en la boca y la garganta. Las autoridades municipales aseguran que las cianobacterias -que causan la fetidez- no se mueven por el aire; sin embargo  es imposible que no causen malestar a quien esté expuesto por más de un cuarto de hora.    
 
 "Y ahora  no se siente mucho, cuando hace más calor y el agua se evapora el olor es realmente insoportable”, asegura Ponce.
 
Sin embargo, los visitantes habituales parecen haberse acostumbrado. El espejo de agua está rodeado por una ciclovía en la que durante el día acuden aficionados al  trote, además de    parejas y grupos jóvenes que descansan en la sombra sobre el pasto.
 
 Cerca a los ingresos del sistema pluvial hay un letrero de "Prohibido nadar”. Las pocas aguas en el sector están cubiertas por una alfombra  verde. Bajo esa cubierta grumosa hay un torrente espeso, fétido y negro igual a los lixiviados de un basural.
 
A   las orillas del embalse llega una especie de borra que, como  el aceite, no se mezcla con el agua. Algunas aves  vuelan cerca y la vegetación  crece con una especie de sarro.
 
Pero el problema no solo es el agua. En la compuerta de salida del embalse -que hace mucho no funciona-  hay  cúmulos de botellas, bolsas, pañales,  y otros residuos sólidos.
 
En medio del fango se distinguen  huellas de perros y gatos callejeros que buscan su alimento en  los alrededores de la  laguna contaminada. Los cadáveres de unos terminan siendo el alimento y  veneno  de otros.
 
Y es que los cuatro tipos de  cianobacterias presentes en la laguna Alalay son altamente venenosos. Las autopsias y necropsias de los animales muertos en el desastre ambiental del 2016 mostraron que éstas causaban un grave daño hepático. El hígado de esos animales estaba desecho.
 
Esas bacterias son producto de la gran carga  de materia orgánica presente en el embalse. "Las OTB que circundan la laguna no tienen alcantarillados. Sus aguas residuales están conectadas al sistema pluvial que llegan a   Alalay o tienen pozos sépticos que contaminan las aguas subterráneas”, explica el ambientalista.
 
Pero la contaminación no procede sólo de las aguas servidas del sector sino  de los alimentadores del espejo de agua.
 
Un problema que nace en el Rocha
 
"La situación de la laguna es complicada, no podemos negarlo porque esta mal minimizar. Pero para entender el problema hay  que ver el origen que está en  el río  Rocha. Queremos recuperar la lalaguna  pero ahí tenemos las limitaciones”, señala el secretario  de Desarrollo Sustentable del Gobierno Municipal de Cochabamba,  Eduardo Galindo Ávila.
  
Las aguas del Rocha representan el 80% de la laguna Alalay. Los alimentadores del río, que pasa por seis municipios, son afectados por el crecimiento de la mancha urbana, las actividades industriales, los desvíos   para riego, las aguas residuales domiciliarias y el  cambio climático. El municipio de Sacaba es el principal  contaminador. 
 
"Las aguas del río Rocha llegan al embalse sin tratamiento alguno. Ese municipio necesita como seis plantas de tratamiento y  recién  hay una en trabajo en El Abra”, manifiesta Galindo. El edil es también  presidente del Crempla  (Comité de Recuperación, Mejoramiento y Preservación de la Laguna Alalay).
 
Ahí comienza una cadena de contaminación que no permite la llegada de aguas limpias al embalse ni su recuperación. "En el fondo Alalay se convirtió en una laguna de oxidación de Sacaba”, recalca Galindo.
 
Para tratar este tema de manera integral, el  Crempla convocó al municipio de Sacaba a ser parte del comité. Sin embargo no tuvo respuesta. "Ha sido un error mirar solo la laguna. Si realmente queremos recuperar el espejo urbano no hay otra forma que ver  al río Rocha y recuperarlo. Entendemos que eso es difícil se necesita una inversión millonaria”, expresa.
 
Sostiene que todos los trabajos de mitigación  planeados son paliativos dentro de un plan de contingencia que recién fue aprobado en mayo pasado, 14 meses después de la emergencia.
 
"Las limitaciones van a seguir  mientras la principal fuente de recarga hídrica esté afectada. Nosotros no podemos intervenir en ese efluente por que no es parte de nuestra jurisdicción. Tratar de intervenir sería ilegal”, explica la autoridad edil.  
 
Un plan de contingencia sin recursos para su ejecución
 
"Por fin hemos logrado aprobar un plan de contingencia con varias actividades importantes. Pero lamentablemente no hay respuestas de las otras instituciones miembros del Crempla (Comité de Recuperación, Mejoramiento y Preservación de la Laguna Alalay)”, indicó el edil  Eduardo Galindo Ávila.
 
Este plan prevé la implementación de humedales fijos y flotantes, un método ya probado con expertos locales e internacionales. Estas "camas de plantas”  deben tener 80 metros de largo por 10 de ancho.  Dos de ellas serán implementadas  este año. 
 
"Con estos humedales  el agua será filtrada para ingresar a la alguna. Necesitamos unos ocho: dos fijos y el resto flotantes”, manifestó la autoridad. 
 
Cada uno tiene  un costo de 1,5 millones de bolivianos. El Crempla  pagará uno. 
 
El plan también considera el dragado de la laguna, la implementación de una  planta de tratamiento, el uso de cal u otro químico, como el  óxido ferroso y buscar nuevos afluentes de agua. "Además de  continuar la  cosecha de macrófitas, tener un monitoreo continuo y estar listos para un nuevo evento de muerte de fauna”.
 
El plan aprobado fue derivado a las instituciones miembros  del Crempla. Entre ellas, el Ministerio  de Medio Ambiente y Agua, la Gobernación, la Alcaldía de Cercado, la Universidad Mayor de San Simón, Semapa, Codema y las OTB. 
 
"A cada institución le hemos mandado la nota del plan aprobado -que dentro del mismo Crempla ha costado aprobar- el único que ha respondido es el alcalde José María Leyes, señalando que pondrá un millón de bolivianos de forma inmediata. Nadie más respondió, habrá que ver quiénes realmente tienen el interés de recuperar la laguna”, dijo el presidente del comité. 
 
La muerte anunciada

Cíclico.- Un estudio de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), señala que el problema de la laguna responde a un proceso cíclico. La primera floración algal contaminante registrada  de la Laguna Alalay  ocurrió en 1989. Una segunda, acompañada de la muerte masiva  de peces ocurrió en 1996. Dos década después, en marzo de 2016 un tercer episodio  se repitió, alcanzando un total de 10 toneladas de peces muertos y centenares de aves agonizantes.

Trabajos.- Luego del segundo desastre entre 1997 y 1998 el municipio procedió al dragado, por  sectores,   para retirar el sedimento del embalse. La extracción de los lodos, que contenían en gran porcentaje materia fecal, ayudó a la mejora de las aguas por un tiempo.

Cianobacterias.- Las productoras de toxinas letales  para el hígado, y causantes de la ultima muerte masiva, fueron detectadas en estudios realizados durante el 2012. Su proliferación fue confirmada en autopcias y necropocias realizadas a los animales que circundan el lugar.


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