Hiroshima, Miyajima y Nagasaki invocan a la paz para no olvidar la bomba atómica

Las ciudades sobre las que explotó la primera bomba atómica guardan el recuerdo de ese día sin empujar al odio por la inhumanidad de la masacre atómica. La palabra guía es “paz”.
miércoles, 07 de noviembre de 2018 · 00:00

Francesco Zaratti  /  Japón

Nuestro cuarto día de viaje amaneció en Hiroshima con un sol radiante, ideal para una excursión a la isla Miyajima, distante una hora entre tren y barco. Esta isla guarda una joya, el Portal –Torii– acuático que introduce a un complejo de templos sintoístas (Itsukushima) y budistas, y a magnificas construcciones civiles, todo rodeado de una naturaleza de ensueño. 

 Entre los visitantes llamaba la atención una pareja de novios con vestimentas tradicionales que iba a casarse en el santuario. Al mediodía, regresamos a Hiroshima, a tiempo para almorzar el celebrado plato local okonomi-yaki, un pastel de fideo al horno con calamares y otros ricos ingredientes.

Isla Miyajima  en  Hiroshima  que guarda el portal  acuático Torii.

 Dedicamos la tarde la a visitar el Parque de la Paz, que rodea el domo del Palacio de Exposiciones, que fue prácticamente la única estructura que quedó en pie después que la bomba atómica explotara a 600 metros de altura y asolara esa ciudad, el 6 de agosto de 1945, a las 08:00 de la mañana (en Bolivia era todavía el 5 de agosto). Por la hora avanzada no entramos al museo, sólo dimos un  paseo por el parque.

Nos detuvimos ante los diferentes monumentos y tocamos la emblemática Campana de la Paz. El impresionante silencio que rodea el parque me trajo el recuerdo del silencio sepulcral que siguió al estallido de la bomba.

 La mañana siguiente tuvimos tiempo para una breve visita al Museo de la Bomba, en realidad una reducida exposición de objetos y fotografías debido a que el museo está siendo reestructurado. Poco pudimos admirar, por el poco tiempo disponible y la gran afluencia de visitantes, especialmente escolares. Me detuve a mirar el multimedia que reconstruye minuto a minuto los instantes antes, durante y después de la explosión de la bomba.

  En particular me quedó grabado el relato de que Hiroshima, en las semanas previas a la bomba, fue salvada de ser bombardeada, buscando transmitir a sus habitantes un clima de seguridad y tranquilidad, con el fin de medir los efectos de la explosión de la bomba.

 Un monumento del parque recuerda con infinita tristeza los miles de jóvenes estudiantes traídos a Hiroshima para trabajar en las industrias bélicas allá emplazadas, sin imaginar que esa ciudad terminaría siendo su tumba. 

Mi percepción es que, en general, la narrativa japonesa de la bomba trata de ser objetiva: no esconde las “culpas” del imperio en la guerra, ni empuja al odio por la inhumanidad de la masacre atómica. La palabra guía es “paz”, con la esperanza de que el martirio de civiles de Hiroshima pueda servir para preservar otras miles de vida del holocausto nuclear. 

 No obstante, no suelen verse muchos japoneses en el museo o en el parque (excepto los escolares), tal vez por el deseo de querer olvidar esa tragedia nacional.

 En la tarde tomamos el “Chimpancé” hacia Nagasaki, donde llegamos en la noche en medio de una fuerte lluvia, la avanzada del temido tifón. Durante la cena, evaluando la última información meteorológica, decidimos acortar de un día la estadía en Nagasaki y regresar a Tokio en la tarde del día siguiente.

Nagasaki, primera misión católica en Japón

 La visita a Nagasaki estaba motivada no sólo por el recuerdo de la bomba de plutonio lanzada el 9 de agosto de 1945, sino también por ser la primera tierra de misión católica en Japón. En efecto, Francisco Javier, cofundador de la Compañía de Jesús, desembarca en 1549 con un pequeño grupo para empezar desde la nada la evangelización, ignorando casi totalmente la cultura y el idioma japonés. 

Foto:Francesco Zaratti

 En las islas aledañas a Nagasaki, especialmente Hirado, se levantaron Iglesias y se formaron las primeras comunidades, en medio de recurrentes persecuciones que culminaron con la prohibición del culto católico a comienzo del siglo XVII.

 ¿Cómo no recordar las impactantes escenas de la película Silencio, de Martín Scorsese, ambientada en la provincia de Nagasaki?

 En todo caso, el plan de visitar la isla Hirado se frustró debido a la inminente llegada del tifón No 24, de modo que la mañana del sábado la dedicamos a visitar cuatro lugares de gran importancia en la (por obvios motivos) moderna ciudad de Nagasaki.

 Primero, nos dirigimos en taxi a la iglesia de Oura, monumento nacional, que sólo pudimos admirar desde afuera. Fue construida en 1864 en honor de los 26 mártires de la evangelización de esa provincia. Muestra un peculiar estilo gótico, conservado en la reconstrucción de la posguerra.

 Luego visitamos el principal templo católico de la ciudad, la Catedral de Urakami, totalmente destruida y reconstruida a imagen de la anterior. Conserva la cabeza de una estatua de la Virgen, llamada Bombed Mary, lo que quedó de esa imagen después de la bomba. 

 La fascinante historia de la inauguración de Urakami (El milagro de oriente) y de esa reliquia puede ser leída en el sitio: https://udayton.edu/imri/mary/u/urakami-bombed-mary-statue.php. 

El rastro de la bomba atómica 

Con relación a la bomba, visitamos, bajo una lluvia incesante, el Parque de la Paz de Nagasaki con  estatuas conmemorativas de ese acontecimiento fatídico. Pudimos observar a muchos visitantes chinos, debido a que Nagasaki era un lugar de concentración de presos de ese país.

Foto:Francesco Zaratti.

  Finalmente recorrimos velozmente el museo que, a diferencia de Hiroshima, no tenía muchos visitantes. Se exponen fotografías, videos, mapas, ropa y enseres de aquel día aciago.

 Causa especial impresión el reloj con sus manecillas paradas a las 11:02 del 9 de agosto. 

 Sobre el bombardeo de Nagasaki confirmé mi impresión de que fue no sólo innecesario para acelerar la rendición del Japón, sino también inútil para el estudio de sus efectos, debido a la topografía de la ciudad (un puerto rodeado de montañas), la poca importancia militar y la escasa población. El verdadero objetivo fue probar el mecanismo alternativo de explosión de la bomba de plutonio. 

 Además, se sabe que la elección de Nagasaki fue resultado del plan B aprobado después de abortar el lanzamiento sobre Kokura, una ciudad más estratégica pero que, por su suerte, amaneció cubierta de nubes ese día. La historia de ese drama puede ser leída en el sitio: https://www.eurasia1945.com/batallas/contienda/bomba-atomica-de-nagasaki/.

 Finalmente, desde un punto de vista “religiosamente” egoísta, me duele que cristianos de Estados Unidos hubiesen sembrado muerte y devastación en la ciudad más cristiana del Japón, tierra de mártires y perseguidos por la misma fe, aunque entiendo que la guerra no suele considerar esos argumentos. 

Esas y otras reflexiones fueron interrumpidas por los ademanes del taxista que nos esperaba, indicando que era ya hora de volver al hotel y seguir rumbo al aeropuerto para, con sabor a poco, regresar a Tokio, con el corazón agradecido hacia nuestros anfitriones y el pensamiento en Bolivia, por ser la víspera de la amarga sentencia de La Haya.

El domo del  Palacio de Exposiciones, que fue prácticamente la única estructura que quedó en pie después de  que la bomba atómica explotará el 6 de agosto de 1945,  a las 08:00, en Hiroshima, Japón.

 

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