El joven maestro del jazz paceño que no deja de soñar

Juan Andrés Palacios tiene 33 años y es un gran exponente del jazz en La Paz. Es docente del Conservatorio, confundador y director de la orquesta Rodolfo Laruta y la Sonora Final Los Andes. La big band es una propuesta innovadora con sabor nacional.
miércoles, 9 de mayo de 2018 · 00:04

Noelia Rojo Zabalaga /  La Paz

 Tenía 17 años cuando ingresé al Conservatorio de Música. Era 2016. Entre los docentes destacaba uno, Juan Andrés Palacios Fernández, quien dictaba la materia de Apreciación Musical II. Sus estudiantes compartíamos la idea de que era la mejor clase, porque Juan Andrés la llevaba con mucho entusiasmo, ese que se transmite y hace que todos los alumnos  atiendan,  aunque se trate de una materia de historia.

Dejé el Conservatorio por razones personales, pero por sus publicaciones en el Facebook me fui enterando de los pasos que iba dando.  Mi exmaestro mostraba orgulloso sus nuevos proyectos, publicaba las actividades de la orquesta de jazz que había fundado y dirigía, y  de los cursos de composición musical especializada que dictaba.

Siempre me resultó una persona inspiradora porque desborda pasión por lo que hace: la música.  Por eso decidí indagar más sobre él, sobre su vida, la  de un joven músico apasionado. 

De ojos verdes, cabello castaño y con una barba que enmarca su cara, Juan Andrés atiende a las personas siempre con una sonrisa. Su trato es muy grato  y muestra gran predisposición a responder mis preguntas. Esta es una entrevista con él, es una de las primeras que realizo como estudiante de la carrera profesional que quiero seguir: el periodismo.

¿Músico? Algo natural...

Juan Andrés nació en 1985, en  la ciudad de La Paz, en una familia entregada  a la  música: su mamá  profesora de música y su papá un músico amateur que pasó por varias bandas musicales. Para él estudiar música fue algo natural. “He seguido la línea, si mis padres hubieran sido abogados, yo también hubiera sido abogado”, dice el jazzista.

Sus primeros pasos hacia la carrera musical los dio a los  siete años, cuando ingresó al Conservatorio  de Música, a la especialidad de Percusión Sinfónica, que lamentablemente tuvo que dejar debido a sus malas calificaciones en el colegio. No se apena al decirlo. Sin embargo, siguió su naturaleza musical con clases particulares, hasta que salió bachiller, cuando regresó al Conservatorio, pero esta vez al área moderna y eligió como instrumento a la batería. En el Conservatorio tuvo de mentores a grandes músicos, como Willy Pozadas, Einar  Guillén y Óscar García, afirma.

Pero Juan Andrés no se conformó ni se  detuvo y continuó con su formación musical. Realizó estudios superiores en teoría y composición musical en la Escuela  Superior de Música de Hamburgo (HfMT Hamburg), en Alemania, y en la Escuela Superior de  Música de Catalunya de Barcelona (ESMUC), en España.

Asegura que su principal inspiración reside en su padre, pero Gil Evans, Maria Scheinder y Duke Ellington son las estrellas del jazz que guiaron y guían  su carrera musical. Es que desde que recuerda fue seducido por el jazz, género en el que ahora se realiza, incluso como compositor.

La pasión y la realidad

Como la mayoría de los músicos y artistas en Bolivia, el  reto al que se enfrenta actualmente Juan Andrés es lograr ser bien remunerado. “El músico es mal pagado, me ha costado mucho llegar a que se me remunere bien por lo que estoy haciendo. Recién ahora estoy encontrando una estabilidad económica para vivir tranquilo, pero me ha costado mucho tiempo”, afirma el percusionista.

Añade que cuando se estaba formando en jazz, la calidad de la educación especializada en música representó un serio obstáculo para su carrera. “Tuve que buscar por muchos lados.  Felizmente pude encontrar, con mucha suerte, buenos maestros,  pero eso es una cosa un poco rara aquí en La Paz”, cuenta. 

Mirando afuera

Palacios tiene diferentes proyectos para su carrera, pero el que más lo apasiona es la orquesta de jazz Rodolfo Laruta y la Sonora Final Los Andes, que cofundó hace cinco años y dirige desde entonces. Planea lanzar un disco el segundo semestre de este año. “Es un disco muy personal y hay muchas cosas que quiero reflejar en él. Estamos trabajando  desde hace un año. Este es el proyecto más ambicioso que tengo”, revela.

Cuando se le pregunta sobre el alcance que espera que tenga su producción, el músico  reflexiona: “Siendo honestos, en La Paz es muy difícil vivir de jazz o de música; entonces no planeo que alcance medios populares, es un poco cuesta arriba; lo que yo  busco con el proyecto de Rodolfo Laruta y la Sonora Final Los Andes es llegar a festivales de afuera. Estoy trabajando con compositores y arreglistas de Argentina y Uruguay, con quienes queremos trabajar un proyecto en conjunto. Quiero intentar hacer vínculos en el Cono Sur, con compositores que se dedican a la Big Band, en especial, estoy tratando de abrir paso en ese lado”. 

José Andrés no para. Además de ser docente en el Conservatorio, también trabaja con el cuarteto de música boliviana fusión jazz Tierra Mojada y con la Orquesta de Cámara Ensamble 48 y hace  unas semanas participó en el proyecto Kjarkas Sinfónico, dirigiendo la orquesta que acompañó al famoso grupo cochabambino.

El músico con marca

Este músico ya alcanzó mucho éxito. Su trabajo llegó incluso al cine, con la película Las malcogidas, uno de los filmes bolivianos más taquilleros. La directora de la obra, Denisse Arancibia,    asegura que Juan Andrés es capaz de crear música en la música.

  “Su trabajo  fue emotivo (...) Cuando tú escuchas sus arreglos  es como si las canciones no hubieran existido antes. Tiene una firma, un sonido  propio”, afirma.

Su maestro Óscar García lo recuerda en el Conservatorio, “curioso, riguroso y con un  gran talento para crear antes que repetir”.  “Es difícil trabajar el humor en la música, pero ese es un punto alto en sus propuestas personales y en colaboración”, afirma García.

 El maestro elogia el  trabajo  de su alumno en la orquesta de jazz Rodolfo Laruta y la Sonora Final Los Andes. “El desarrollo de su trabajo en la Laruta es, sin duda, uno de los más importantes aportes ahora y aquí. Más allá del género, es el proceso creativo alrededor de diversas técnicas de composición lo que hace que su trabajo sea asombroso”, expresa.

Noelia Rojo Zabalaga es estudiante de Comunicación Social.

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