Mónica San Cristóbal dirige un proyecto de reforestación de bosques andinos

Coordina una iniciativa de la Asociación Armonía, que entre enero y febrero reforestó bosques altos del Madidi con al menos 25.000 plantines de queñua.
martes, 26 de junio de 2018 · 00:04

  Gonzalo Díaz Díaz de Oropeza  / La Paz

Entre los meses de enero y febrero, al menos 25.000 plantines de Polylepis -conocidas también como queñuas- fueron plantados en bosques cercanos a las comunidades de Puina y Keara en la provincia Franz Tamayo del departamento de La Paz. “Hemos llegado a un número de casi 25.000, tal vez 26.000 plantines en las dos áreas”, explicó  la Coordinadora del proyecto Bosques de Polylepis de la Asociación Civil Armonía, Mónica San Cristóbal.

Capas  similares al papel protegen a la queñua del frío.

El proyecto es financiado por la Alianza para los Ecosistemas Críticos (CEPF) y el Fondo de Conservación de Especies Mohamed Bin Zayed. El objetivo es ampliar los manchones de los bosques andinos, ubicados a más de 3.600 msnm, que son parte del Parque Nacional Madidi y albergan a dos importantes especies de aves. “Una es el Anairetes alpinus y la otra es el Cinclodes aricomae, dos especies que son exclusivas de este tipo de bosque. Actualmente están consideradas en peligro crítico de extinción, precisamente por la desaparición de su hábitat”, añadió la experta.

Los plantines  tardan mucho tiempo en crecer.

San Cristóbal es una bióloga paceña formada en las universidades San Andrés de La Paz; y San Simón de Cochabamba. “El concepto de vida para mí es fascinante, me parece que encierra muchas preguntas sin respuestas, muchas cosas por investigar, muchas cosas por conocer”, señaló.

Ella es parte de Armonía desde 2004, cuando empezó a trabajar en un proyecto del especialista  Sebastian Herzog sobre aves en zonas del departamento de Santa Cruz. Desde 2016 está a cargo del proyecto con Polylepis o queñuas, que forman bosques que crecen bajo condiciones extremas de frío,  altitud y humedad. En Bolivia hay más de 20 variedades.

Las Polylepis  y los musgos conservan la humedad.

Polylepis pepei

“Estamos poniendo más atención al Polylepis pepei, que se caracteriza porque no crece a gran altura, debe llegar a un máximo de cuatro metros. Las comunidades la conocen como ‘queñuas enanas’”, indicó.

El ingreso  a las comunidades desde La Paz puede tomar hasta 18 horas.

Hasta hace algunos años los habitantes de la zona ingresaban a los bosques para obtener leña, pues a esos lugares no llegaban garrafas de GLP, como ahora. Sin embargo, en la época lluviosa los caminos se degradan  y no llega la fuente de energía. Por ello, las comunidades todavía recurren a los bosques, pero ya no talan totalmente los árboles. 

Este es un resultado concreto de la primera fase del proyecto que Armonía ejecutó entre los años 2006 y 2011. Aquellos años, las especialistas Vanessa Serrudo, Carolina García y Karen Udaeta entablaron los primeros contactos con las comunidades. Así se colocaron los pilares para la conservación de los bosques. “Los chicos, por ejemplo, entre los 16 y 17 años, que han estado en la primera parte con Armonía y actualmente van al bosque lo que hacen es ralear. Es como podar las partes más secas para obtener algo de leña”.

El  Anairetes  alpinus vive en los bosques andinos.
Foto: Daniel Alarcón

La segunda parte del proyecto comenzó en 2016. La reforestación inició el primer día de 2018. “El 31 de diciembre yo ya estaba en las comunidades. El primero de enero junto con las comunidades nos hemos ido a celebrar el Año Nuevo al bosque”, recordó.

Se escogieron tres bosques, a los que se llegaba tras una caminata de dos a tres horas. Por ello, partían entre las 4:30 a 5:00 de la madrugada. En esta labor, además de alrededor de 70 comunarios también participó personal del Parque Madidi. “Hacemos un trío perfecto entre la institución, la comunidad y el área protegida”, afirmó la bióloga.

 el Cinclodes aricomae  vive en los bosques andinos.
Foto: Rodrigo Soria Auza
 

Este año aplicaron una metodología in situ, que consistió en retirar los plantines que crecen alrededor de las plantas madre de queñua, para colocarlos en zonas periféricas del bosque, de tal forma que la mancha boscosa crezca.  Si bien las Polylepis se pueden reproducir por esquejes, hay una desventaja: los arbolitos tardan mucho en crecer. “En la especie Pepei, el crecimiento por año es de casi un centímetro a un centímetro y medio. Su crecimiento es muy lento”, explicó la experta.

  En agosto los especialistas evaluarán el crecimiento de los plantines. Y darán inició a una tercera fase del proyecto, en la que se determinará cómo las dos especies de aves que habitan estos bosques se mueven entre ellos y en qué cantidades, además de otros detalles científicos. Para ello, se aplicará un método de indagación con las escuelas de la zona.

Cinco años de reforestación 
 
También se proyecta ampliar el vivero de Armonía en Puina, para que los mismos comunarios puedan trabajar con las especies de sus bosques. Asimismo, para fin de año, está contemplada una nueva reforestación en las mismas zonas. En realidad, esta labor se repetirá los próximos cinco años. “La idea es que realmente ampliemos esas zonas de bosque y que estos cinco años sean para bien de los próximos 20 o 25 años”, señaló.

Los bosques  de Polylepis se desarrollan en alturas superiores a los 3.600 msnm.

A tiempo de concluir la entrevista,  San Cristóbal afirmó que la participación de los comunarios es fundamental para el éxito del proyecto. “Pienso que  voy a aprender de ese lugar, no solamente porque la naturaleza me va a enseñar qué es lo que tiene, sino porque la gente sabe muchas cosas que yo no sé porque viven años ahí. Pienso que ambas partes nos vamos a complementar. Y en este caso, yo he aprendido mucho con las comunidades y ojalá ellos hayan aprendido algo de mí. Institucionalmente ellos son parte, no son los que aprenden, sino son parte importante de este proyecto”, concluyó.

 

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