El invierno en la Cordillera de Apolobamba

Es una de las cadenas de nevados más vistosas del país, cuyos picos más altos superan los 6.000 metros de altitud.
viernes, 27 de julio de 2018 · 00:04

Alejandra Pau / Apolobamba

 El clima extremo y los  picos de montaña que llegan a más de  6.000 metros de altitud son parte de la Cordillera de Apolobamba. Su paisaje inhóspito alberga  vicuñas, llamas y vizcachas que son las especies más visibles de su vasta riqueza silvestre que convive con la flora de parajes brumosos. 

En la Cordillera de Apolobamba, que forma parte de los Andes bolivianos y peruanos, el  frío radical del invierno  se apropia de todo. El viento casi duele, mientras la paja brava pretende permanecer estoica en  las planicies  al quedar cubierta por la nieve.  

Los nevados Chaupi Orco (6.040 m.s.n.m.),  Palomani, Katantika, Cololo, Mita, Cuchillo y Akamani, este último lugar sagrado de la cultura kallawaya,  son algunos de los picos más altos de la Cordillera de Apolobamba,  que se extiende en territorio boliviano por el noreste del departamento de La Paz hasta la altiplanicie de Guarayos y  por el norte del lago Titicaca hasta el departamento de Puno, en Perú.  

Vicuñas  jóvenes  se desplazan en grupos en la puna de Ulla Ulla.

Los lagos y los bofedales son parte del recorrido que se adentra en la Reserva Nacional de Ulla Ulla, creada en 1972 con el objetivo de salvar a la vicuña de la extinción, un trabajo que ha sido desarrollado con éxito. Este grácil mamífero vive libre en esas punas que,  a su vez, se encuentran dentro del Área Natural de Manejo Integrado Nacional Apolobamba. 

En la actualidad, las amenazas  son producto del  cambio climático. El frío extremo pone en peligro a los animales que se quedan sin alimento y perecen en invierno. Lo contrario ocurre en otras épocas del año cuando  se evidencia  un incremento en la temperatura del área, lo que tiene un impacto en varias especies como los   reptiles y anfibios y en  la disminución de los glaciares.   

 Hay lugares  en la puna de Ulla Ulla desde los que emanan gases de azufre.  

Estas  amenazas no son recientes. En 2009, el proyecto Iniciativa de Investigación de Observación Global en Entornos Alpinos, conocido como  Gloria por sus siglas en inglés, realizado por  investigadores del  Herbario Nacional de Bolivia y la Colección Boliviana de Fauna,   determinó que los reptiles y anfibios son especialmente vulnerables al incremento de las temperaturas por el  cambio climático  en Apolobamba y el Parque Nacional Madidi.  

Por otro lado, en  2016, la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS) difundió un estudio  que revela que alrededor de una treintena de vertebrados del área altoandina de Bolivia puede   ser afectada por el calentamiento global, entre ellos  la vizcacha, la taruka, el quirquincho, el gato andino, el oso andino y la vicuña. 

  Una vizcacha observa atenta en la nevada todo lo que sucede.

Rumbo a Pelechuco, se atraviesa el paso de Katantika que en invierno parece otro planeta, la neblina puede cubrirlo todo en cuestión de minutos, lo mismo pasa con la nieve. A medida que se avanza  aparece el imponente nevado Presidente. Entre sus parajes pétreos salen al encuentro  las vizcachas, que se debaten entre la cautela y la curiosidad cuando algún extraño que está  de paso baja de un vehículo.  

Si huyen a los resquicios de las rocas no dejan de observar qué es lo que está pasando con los extraños. Al igual que las llamas, soportan temperaturas que descienden fácilmente por debajo de  los cero grados. 

  Saltan, corren y curiosean en medio de la nevada, son animales diurnos y crepusculares. No es extraño que se mimeticen entre las rocas.    “La vizcacha es presa de varios carnívoros y aves de presa, pero en particular del gato andino, que es un especialista en la caza de este animal”, destaca la publicación Historia Natural del Valle de La Paz editada por M. Isabel Moya, Rosa Isela Meneses, Jaime Sarmiento y el Museo Nacional de Historia Natural.   

 Camino a Pelechuco en plena nevada.  

 La presencia de este mamífero representa en buena medida la conservación de otras especies que se alimentan de ésta.

En la Cordillera de Apolobamba que en el pasado fue parte del señorío   Kallawaya, la nieve se confunde con las nubes que están debajo  de los picos más elevados.  

A pesar de lo inclemente de su clima, toda el área guarda un equilibrio vulnerable que permite la sobrevivencia de especies amenazadas y en peligro como el cóndor o el gato andino, habitantes sagrados de las culturas andinas.

 

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