Chari y Lagunillas, medicina ancestral y una botica natural para los kallawayas

En el municipio de Curva y Charazani crecen las plantas medicinales que los maestros herbolarios itinerantes utilizan para tratar diferentes padecimientos. Hoy esta experiencia está abierta al turismo.
domingo, 29 de julio de 2018 · 00:04

Alejandra Pau / Charazani

 “Para que florezca tu pensamiento, flores. Para calmar la rabia, cebo. Para cuidar las palabras...”, dice el wata purichi, Loretano Llanos,   la máxima autoridad kallawaya de Chari, en el municipio de Charazani.  Mientras habla,  las personas van poniendo los elementos  que describe en la mesa ritual, que se prepara para pedirle sus buenos oficios a la Pachamama,  es una ceremonia de sanación.  

Llanos guía a cada persona para que incluyan   hojas de coca, claveles, confites  dentro del círculo hecho de fibra de alpaca, al que ha colocado cebo y algunos huevos. Para esta ceremonia se  utiliza a veces un  feto de  alpaca o un cuy y solamente  en posible celebrarla los días pares (lunes, miércoles, jueves y sábado). 

FOTO: Freddy Barragán / Página Siete

La cultura Kallawaya es  considerada Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, declaración que otorgó  la Unesco en 2003.  A través de una serie de prácticas especializadas y el uso de hierbas, los maestros herbolarios   facilitan el restablecimiento del equilibrio  y la salud en el cuerpo, y son capaces de reajustar  la relación que  existe entre el ser humano y el cosmos.

 “Con toda mi fe, con toda mi voluntad hacia la Pachamama  preparamos estos  rituales; es duro a veces, pero me siento feliz por haber sido elegido para seguir  este camino. Nosotros tenemos que pagar a la tierra con las ceremonias; viajamos para dar tratamientos con las plantas y las hierbas. Yo viajo al Perú y a otras ciudades de Bolivia y muchas hierbas llevo desde aquí, de nuestra tierra”, explica Llanos, que es probablemente el wata purichi más joven de su tiempo, sólo tiene 31 años.  

En los municipios de  Charazani como en Curva, las  flores, raíces y hierbas que los kallawayas necesitan para los tratamientos crecen de forma silvestre  en las montanas, en los jardines de las casas, en las   terrazas agrícolas, al lado del camino. Es su botica al aire libre. 

FOTO: Freddy Barragán / Página Siete

En sus localidades se puede encontrar productos como la pata kiswara, que se emplea  para tratar la inflamación de la próstata; o la quina cascarilla, famosa desde hace siglos por tratar el paludismo, que tiene muchas propiedades como ayudar en la digestión y a la  cicatrización.          

Chari  forma parte de la  ruta Pacha Trek Caminando con los Kallawayas,  un producto turístico que involucra a otras tres comunidades  kallawayas: Quta Pampa, Caluyo y Chacarapi,  en el  municipio de Charazani, y que  se encuentran dentro del Área Natural de Manejo Integrado Nacional Apolobamba (ANMIN Apolobamba).  

Esta experiencia de turismo  rural comunitario permite adentrarse a través de una caminata de tres días a paisajes,  ver fauna y flora, montañas, restos arqueológicos y terrazas agrícolas precolombinas. Según una investigación incluida en  el plan de manejo de ANMIN Apolobamba, se estima que cuando funcionaban todas las terrazas de la región se podía alimentar entre 180 a 200 mil personas. Estos alimentos se trasladaban a las zonas altas, a las áreas mineras y  también a  Apolo.        

 El recorrido involucra a los viajeros con la cultura de las comunidades y los saberes kallawayas. Sus lugares sagrados, rituales, celebraciones, tradiciones, simbología, medicina ancestral  son mostrados y  transmitidos durante el viaje.

FOTO: Freddy Barragán / Página Siete

 Entre los lugares más importantes para visitar en Chari están los cabildos,  lugares sagrados en los que se hacen pagos a la Pachamama; por lo general, son animales vivos o muertos.  Inca Paraqhan, es el cabildo más importante de los cinco que existen en la localidad.  

Uno de los tesoros mejor guardados de la comunidad son los textiles de las mujeres hacen desde el hilado de la fibra de alpaca hasta obtener mantas, fajas, cintillos, entre otros que tienen diseños   que ostentan un nivel de complejidad  casi imposible de creer. Una manta puede tomar cinco  meses de trabajo. 

      El objetivo de este proyecto es brindar una experiencia de turismo que vincule la cultura y la conservación de la biodiversidad, contribuyendo a mejorar la economía de las comunidades, según  un artículo de la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS), institución  que apoya este emprendimiento. 

La medicina tradicional 

Lagunillas está en el   municipio de Curva considerada la capital mundial de los médicos itinerantes kallawayas. En la población existe  un museo dedicado a esta cultura milenaria en el que se guardan las  raíces y plantas que emplean  para tratar diversos padecimientos y enfermedades.  

FOTO: Freddy Barragán / Página Siete

La infusión de  zarzaparrilla “sirve para purificar la sangre” dice el maestro kallawaya José Calle; esta planta es un depurativo que también se utiliza para tratar problemas renales y hepáticos. 

Una planta llamativa por tener espinas, pero efectiva para  combatir el asma y la tos es  la choquekanlla, aunque la huira huira sea más famosa y se use para el mismo propósito.  

 Del mismo modo, la infusión y los baños de vapor de  jarilla se recomiendan para curar el resfrío; un fin  similar  tiene en  el airampo que  sirve para tratar  lo que los kallawayas llaman “calor interior”; es decir,  la fiebre. 

“Hago parches también de lagarto con varias hierbas como el romero, chira chira, ruda, molle y otras plantas. Eso hace fuerza para que los dolores de huesos, golpes, reumatismo, artritis. Yo trabajo con 60 plantas”, explica Calle. 

Para cada padecimiento, los kallawayas conocen   combinaciones que han sido heredadas por generaciones y que potencian su efecto en la salud.

 El uso de animales no queda al margen. A las personas que padecen epilepsia o  convulsiones les dan a beber la sangre de murciélago.

FOTO: Freddy Barragán / Página Siete


  

Afuera del museo, en medio de una neblina que no deja ver más allá de   dos o tres metros de distancia,   Calle inicia un ritual. Cada pequeña mesa, que también tiene forma de  nido,  está destinada a un propósito: salud, fortuna, trabajo, buena suerte, felicidad y dinero. Una a una son entregadas a la  persona  que más las necesita. 

“Esta ceremonia la hacemos para que la persona no tenga ningún enemigo, que haya armonía y para que tenga florecimiento. Cuando la persona tiene fe hay prosperidad (...). Después de que las personas queman la ofrenda en la fogata, nosotros llevamos lo que queda a nuestro apu, que  aquí en Lagunillas  se llama muñapata”, detalla Calle. 

 La fe es un componente importante, recalcan ambos kallawayas. De otro modo, no importa el rito, la ofrenda o la receta de hierbas. Nada   surtirá  efecto si las personas  no creen en lo que hacen.    

Llanos y Calle explican que  el camino del kallawaya está trazado en señales  que la familia advierte  como el nacimiento de gemelos o mellizos,  o que los  niños tengan   marcas en la piel, lunares,  más de diez  dedos, entre otros.  

FOTO: Freddy Barragán / Página Siete

   “Después crecemos y aprendemos de hierbas, de mezclas, de ungüentos y de infusiones. La vida para nosotros son las plantas que crecen aquí y aquí es  también en donde  damos ofrendas a la tierra a través de  los cabildos. Esto es  para que todo nos salga bien, para que haya buena cosecha, cuando necesitamos lluvia o queremos salud para la comunidad. Rituales en los que ahora incluimos a  los turistas”, concluye Llanos.   
 
Pacha  Trek

  • Viajar El paquete de Pacha Trek para conocer las localidades kallawayas dura tres días y dos noches. Para tener más información  ingresar a su página de Facebook: Pacha Trek - Caminando con los Kallawayas - Apolobamba o  llamar al 71975397.     
  • Apoyo El proyecto  cuenta con el apoyo del Gobierno Autónomo Municipal de Charazani, Sociedad para la Conservación de la vida Silvestre (WCS) y el Programa Nacional de Biocultura y Cambio Climático.
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