Cinco cosas que no sabías sobre la agricultura urbana

Un estudio de la Fundación Alternativas determinó que hay 15 iniciativas ciudadanas, municipales y nacionales sobre agricultura urbana y periurbana en La Paz y El Alto y visibiliza su impacto en la sociedad.
viernes, 10 de agosto de 2018 · 00:04

Alejandra Pau / La Paz

La Paz y El Alto, dos de los municipios más grandes de Bolivia, vienen realizando agricultura urbana y periurbana desde hace décadas de forma imperceptible, pero ¿cuál es el impacto de esta práctica para las personas que las practican y para su entorno?

Hace 20 años la agricultura rural y a pequeña escala proporcionaba entre el 70% y el 80% de los alimentos que se consumía en el país. Hoy aproximadamente el 83% de las familias rurales están involucradas en el área de la producción y ocupan solamente el 23% de la superficie total cultivada en Bolivia.

Estos datos forman parte del estudio Experiencias de Agricultura Urbana y Periurbana en El Alto y La Paz realizado desde el último semestre de 2017 hasta marzo de 2018 por la Fundación Alternativas.

Los huertos urbanos contribuyen a acceder a una alimentación adecuada.


Foto:Archivo Página Siete

La investigación determinó que actualmente en El Alto existen siete organizaciones no gubernamentales, iniciativas ciudadanas y Gobierno Municipal que trabajan con la agricultura urbana y periurbana.

Por su parte, en La Paz son ocho iniciativas llevadas a cabo también por organizaciones similares incluyendo al municipio y el Plan Nacional de Agricultura Urbana y Periurbana.

En ese marco, según el estudio las experiencias de la agricultura urbana y periurbana en estas dos ciudades tiene un impacto directo tanto en las personas quienes la practican como para su entorno, pero además se constituye en una actividad que le hace frente a problemáticas como el cambio climático, la seguridad alimentaria y la importación de alimentos.

“Actualmente, se estima que un promedio del 60% de los alimentos que consumimos están siendo importados de países vecinos. La importación de alimentos tiene un impacto sobre la soberanía alimentaria. Adicionalmente tiene una huella de carbono importante que tiene, a su vez, un impacto en el medio ambiente”, destaca la directora ejecutiva de Fundación Alternativas, María Teresa Nogales Zalles.

Este porcentaje ha sido establecido por expertos de la sociedad civil como el estudio Tendencias de producción y consumo de los alimentos básicos en Bolivia, del economista José Gabriel Espinoza.

Ello a pesar de que los datos oficiales no concuerden con ese promedio. En 2017, el Ministro de Desarrollo Rural y Tierras, César Cocarico, afirmó que el país produce más del 95% de sus alimentos para consumo interno y aseguró que la importación alcanza sólo al 4%. En tanto, también datos oficiales mostraron que entre 2006 y 2016 la importación de alimentos se duplicó.

A continuación, se describen cinco cosas que probablemente no se conocen sobre el impacto de la agricultura urbana y periurbana.

La agricultura urbana y periurbana reduce la huella de carbono.

1. Seguridad Alimentaria

“Hoy en día estamos viviendo la carga de la mal nutrición, aproximadamente el 20% de la población tiene hambre y 42,7%, según el Ministerio de Salud, tiene obesidad y/o sobrepeso. Esto quiere decir que estamos hablando que más del 60% de la población en Bolivia tiene inseguridad alimentaria”, explica la directora ejecutiva de Fundación Alternativas.

Una oferta colmada de alimentos procesados, altos en grasa y azúcar; comida chatarra y el poco tiempo para preparar alimentos debido al estilo de vida se constituyen en un ejemplo de los varios factores que contribuyen a ese panorama. En ese contexto enfermedades como la diabetes serán cada vez más comunes.

El Programa Nacional de Enfermedades no Transmisibles en Bolivia estima que alrededor de 362 mil personas en el país vive con diabetes y, en noviembre de 2017, el Ministerio de Salud informó que existen 5.743.000 personas susceptibles a adquirir esta enfermedad.

2. Diversificar la alimentación

El 75% de los alimentos que se consumen en el mundo provienen de 12 plantas y cinco especies de animales, según una investigación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). A eso se ha reducido la dieta de la mayoría los seres humanos.

Según destaca el estudio esto se debe al cambio en los patrones de producción, la urbanización y la globalización. Estos factores han llevado a la estandarización de la alimentación poniendo en riesgo el patrimonio alimentario de cada país.

Para Nogales la agricultura urbana y periurbana que está a cargo de familias u organizaciones de pequeños productores contribuye a la diversificación de su alimentación como de las personas que compran sus productos.

Al no pertenecer a la industria de los alimentos, la agricultura urbana y periurbana, que generalmente está enfocada en la producción ecológica, se dedica a la siembra de una variedad de semillas, entre ellas las nativas que justamente forman parte del patrimonio alimentario.

3. La huella de carbono y las frutas verdes

La huella de carbono es un indicador ambiental, que comprende la suma absoluta de todas las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Es la marca que se deja en el medioambiente con cada actividad que emiten los GEI, ya sean organizaciones, personas, empresas, entre otros. Esto contribuye al calentamiento global.

La combustión de combustibles fósiles que produce el transporte de los alimentos causa una elevada huella de carbono. Es decir, que mientras más kilómetros recorra un camión para trasladar las frutas o verduras desde donde se producen a los mercados, más huella de carbono generarán.

“Uno de los beneficios de la agricultura urbana y periurbana es generar estos circuitos cortos que reducen lo que llamamos el kilometraje de los alimentos respecto a su transporte. Además permiten que la cosecha de los alimentos se realice cuando se ha completado su proceso de maduración (...). Cuando un fruto o verdura logra desarrollar sus azúcares naturales sabe mejor y tiene un mayor valor nutricional”, destaca Nogales.

Por ejemplo, el tomate que llega del Perú se cosecha cuando está verde, lo mismo pasa con las frutas y otras verduras que se trasladan de un país a otro. El resultado es que es estos productos tienen un menor valor nutricional y su sabor es totalmente diferente.

4. Cambio Climático

Según explica Nogales, las zonas periurbanas tienden a ser más vulnerables al cambio climático. Ello debido a que el proceso de urbanización las hace susceptibles a la deforestación. La agricultura ayuda a enverdecer estas áreas y por ende mitigar los efectos del cambio climático.

La agricultura urbana y periurbana ayuda a que la tierra absorba la lluvia siguiendo su ciclo natural y manteniendo el equilibrio en el ecosistema, algo que no pasa si el suelo está cubierto por asfalto. Al mismo tiempo, un suelo erosionado tiende a absorber en forma deficiente el agua.

Otro factor es que las zonas que no tienen áreas verdes son más proclives a sufrir inundaciones e incendios.

Un estudio realizado en la ciudad de Rosario, en Argentina, determinó que las calles que tienen áreas verdes tienen una temperatura entre ocho a 10 grados menos que las que no cuentan con ellas. Las ciudades sin áreas verdes se convierten en focos de calor.

5. La conexión con el planeta

El estudio evidencia, como ya la Fundación Alternativas lo ha hecho en anteriores investigaciones, que hay una desconexión entre el ser humano y la naturaleza.

La agricultura urbana y periurbana ayuda a restablecer este lazo. “Esto puede sonar muy cursi, pero hoy en día es muy importante si piensas en la insostenibilidad del accionar del hombre en el planeta”, añade Nogales.

Cuando el ser humano no tiene ningún lazo con la tierra, lo que produce, sus tiempos respecto a cultivo y cosecha, entre otros, no tiene empatía con el medio ambiente y tampoco con la biodiversidad.

Esta situación genera desequilibrios en el comportamiento del ser humano respecto al planeta como en la sostenibilidad del medioambiente.

“Cuando una persona empieza a cultivar, se da cuenta de la regeneración de biodiversidad del espacio que está ocupando y de que el mundo depende de millones de trillones de microorganismos y seres vivos para generar un equilibrio en la tierra en la que vivimos”, destaca Nogales.

Esto lleva al ser humano a no comprender que la tierra que actualmente se utiliza para monocultivos y a la que se añaden químicos en 30 años no servirá para este fin. La consecuencia inmediata será entonces ampliar la frontera agrícola y seguir deforestando y talando, algo que tiene un impacto directo con la supervivencia de la vida silvestre y en definitiva el equilibrio de los ecosistemas.

Según Alternativas, el estudio Experiencias de Agricultura Urbana y Periurbana en El Alto y La Paz ha ayudado a identificar a actores y organizaciones pioneras y nuevas que se dedican a esta práctica hace mucho tiempo en estos municipios y que incluye a cientos de familias.

“Nuestras ciudades ahora más que nunca necesitan generar una visión que incorpore la agricultura al paisaje urbano, no porque sea bonito, sino porque es una necesidad y es una práctica que genera empleo”, concluye Nogales.

El estudio y más

  • El estudio El estudio Experiencias de Agricultura Urbana y Periurbana en El Alto y La Paz realizado por Fundación Alternativas está disponible en línea en la página web: alternativascc.org o en el enlace: https://bit.ly/2vyRsH1.
  • Trabajo Las autoras del estudio son María Teresa Nogales, Rina Paredes y Mariela Rivera.
  • Millones Actualmente, más de 800 millones de personas practican la agricultura urbana y periurbana alrededor del mundo, según la FAO.

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