Huertas familiares para enfrentar la pobreza y el cambio climático

La Fundación Comunidad y Axión establece desde hace una década huertos familiares ecológicos en Viacha y El Alto, actualmente son 320.
jueves, 27 de septiembre de 2018 · 00:04

Alejandra Pau / Viacha

En los límites entre El Alto y Viacha, en Tilata hacer agricultura urbana y periurbana es un acto contestatario. En las calles de la zona Mariscal Santa Cruz encontrar un árbol no es difícil, son tan pocos que si existe alguno se ve a decenas de metros de distancia, ahí se levantan solitarios dentro de las casas. En contraste, dentro de algunas viviendas, familias cultivan sus alimentos en huertas ecológicas.

“Yo no sabía mucho de lo que se trataba el pimiento morrón, pensaba que era un locoto. Ahora todo me cocino y pruebo, hacemos refresco de apio y todo lo que cultivo cocino para mis seis hijos. Nuestra acelga es rica, la comemos cruda y repollo igual, el sabor es más agradable que lo que se compra en el mercado; ya comemos mejor y más variado”, explica Primitiva Limachi, de 43 años.

FOTOS: Sara Aliaga / Página Siete

Contracorriente

Uno de los principales problemas en esta zona se percibe al llegar, huele mal.

Sus habitantes se ven obligados a convivir con el desagradable olor de la planta Puchukollo, uno de los principales sistemas de tratamiento de aguas residuales de la ciudad de El Alto, tristemente conocida por haber rebasado su capacidad, colapsar y contaminar la Bahía de Cohana, en el lago Titicaca, una situación que organizaciones ambientales han calificado como crítica.

El olor se siente pese a que el barrio ni siquiera está contiguo a la zona en donde está la planta.

En ese contexto, podría ser un barrio inaudito para hacer agricultura urbana o periurbana, pero la Fundación Comunidad y Axión la seleccionó junto este barrio a varios ubicados en los distritos 5, 7 y 8 de El Alto y el distrito 7 de Viacha. Actualmente, tienen 320 huertos familiares para el autoconsumo y la convivencia.

Según su director Óscar Rea, estos huertos no son el fin sino el medio para enfrentar un problema global, el cambio climático además de la inseguridad alimentaria y un modelo de vida capitalista.

En estos barrios, los cultivos diversificados se abren paso a través de la rehabilitación de la tierra, logrando hortalizas que llegan a tener gran tamaño.

A las hojas de acelga más grandes las fríen después de rebozarlas, utilizando los ingredientes que se emplean para cualquier carne, obteniendo el ostentoso plato denominado Falso Pescado.

Dentro de los huertos, los cultivos no se limitan al suelo. Las familias han construido repisas y anaqueles para dar uso a todo el ambiente. Frutilla, col de bruselas, paprika, pimiento morrón, nabo, zanahoria, apio, chilto, tomate, pepino, lechuga, acelga y muchos más se cultivan en estos espacios.

Uno de los secretos para su éxito es rodear las parcelas con botellas PET pintadas de negro y llenas de agua. Durante el día, el plástico captura el calor en el agua que contiene; por la noche, las botellas logran que se mantenga una temperatura estable e ideal para el microclima del huerto.

Victoria Mamani Sirpa es la propietaria de un huerto desde hace 10 años en su casa ubicada cercana al cerro que en otrora fue el nevado Chacaltaya.

A pesar de que hay varios días en los que su familia no tiene agua, se las arregla para cuidar del huerto. En estos años ha logrado cultivar hasta uvas y hoy trabaja como técnica de la Fundación.

“Con la huerta nunca nos quedamos sin verduras, todo el año tenemos; algunas veces un poco menos, pero es constante. Lo único que tenemos que hacer es cuidar la producción como si fuera un hijo, así no nos falta. La huerta es la felicidad para nuestra familia”, dice Mamani.


Cultivar para comer, no vender

La Fundación existe desde hace 18 años, hace una década cambió el nombre a Comunidad y Axión, tiempo desde el cual capacitan y dotan de materiales a las familias para que instalen sus huertos además de brindarles talleres de preparación de alimentos.

Desde el inicio, la institución les dota con las primeras semillas para la implementación de los cultivos y el tratamiento de la tierra dentro de los huertos de 24 metros cuadrados. Hoy cada huerto produce un promedio de 30 variedades de hortalizas.

“Las huertas familiares no deben convertirse en espacios para cultivar hortalizas y venderlas el mercado, nosotros creemos que ese es un error. (…) Lo económico, es importante, pero no la prioridad. Lo principal es que las familias accedan a una alimentación diversificada y de calidad, que consuman lo que cultivan”, explica el director de la Fundación Comunidad y Axión, Óscar Rea.

El excedente de la producción se destina a la venta, pero no en ferias. Las familias las comercializan, hacen trueque y, en muchos casos las obsequian a sus vecinos.

El primer taller del que participan los aspirantes a tener un huerto es el de inmersión. En éste se les brinda datos e información sobre el impacto del cambio climático, el uso de químicos en los monocultivos, el modelo actual respecto al acceso a la alimentación, entre otros temas.

Según datos de la Fundación, más del 60% de la población en las zonas periféricas de El Alto se consumen dos hortalizas en forma cotidiana: cebolla y zanahoria.

“Todos comemos de la huerta en mi casa, todos ayudamos a abonar, hacer almácigos, sembrar, regar y cosechar. (…) Ya no gasto en comprar verduras, de aquí no más cosecho, ahorro esa plata para otras cosas y hasta mis hijos aprenden a preparar nuevos platos”, dice Ángela Calcina Flores.

Reconexión con la naturaleza

La implementación de los huertos tiene un impacto mayor, según explica Rea. Desde que empezaron a funcionar se ha evidenciado, y luego estudiado, el impacto que tienen en las relaciones intrafamiliares y en la espiritualidad de las personas, más allá de una concepción meramente religiosa.

Don Luis Tarquino Vallejos vive solo con su perra. Él cultiva las hortalizas para sus hijos y nietos que viven en El Alto y lo visitan los fines de semana. Fue albañil casi toda su vida y a los 71 años sigue trabajando en el rubro de la construcción en la zona. Dice que la huerta es un lugar para estar tranquilo, pero también para olvidarse de las preocupaciones cotidianas.

“Para mí es un lugar para pensar acompañado de las plantitas. Mis nietos vienen y aprenden del huerto que tengo hace tres años, me gusta tener verduras frescas y nos han apoyado para la construcción de la huerta, pero además para que la tierra sea fértil”, destaca.

Para Rea el contacto con las semillas, ver crecer a las plantas es algo que sorprende a los niños y a las personas que no han tenido relación con la tierra en su vida.

En definitiva, se trata fortalecer la espiritualidad a través de una relación con la Pachamama que trasciende el discurso y que se conecta con la tierra sin intermediarios.

“Pequeños planetas”

“La espiritualidad es una dimensión humana que nos interesa. (…) Por eso, junto a varias organizaciones, hemos formado el proyecto Huerto Familiar como el espacio para el desarrollo de la Oiko-ternura. (…) Nosotros estamos convencidos de que el planeta está mal porque el ser humano se ha descuidado de su propio entorno”, detalla.

Los huertos se convierten así en el espacio de aprendizaje para aprender y cuidar de la naturaleza y se conciben como “pequeños planetitas”, añade Rea.

En la zona Mariscal Santa Cruz, los vecinos necesitan alcantarillado, un plan de arborización y gozar de aire puro. A pesar de las necesidades, algunas familias han dado el paso para convertirse en agricultoras urbanas y los huertos son espacios en los que se fortalecen las relaciones humanas y con la tierra, conforman una sinergia.

La organización

  • Experiencias Para el 19 de octubre se planea una reunión entre las familias que tienen sus huertas ecológicas, y que fueron capacitadas por la Fundación Comunidad y Axión, con autoridades municipales, entre otras, para mostrarles las experiencias que han tenido a partir de buscar el acceso a la seguridad alimentaria.
  • La Fundación Desde hace 11 años, la Fundación Comunidad y Axión cuenta con el apoyo y respaldo de su Socia ONGD Española SED (Solidaridad, Educación y Desarrollo). En la presente gestión, cuenta con el apoyo financiero de la Junta de Castilla y León, de España.
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