Valentina, la chef que enseña a cocinar a los niños del hogar Alalay

La chef boliviana Valentina Arteaga se convirtió en voluntaria para transmitir sus conocimientos gastronómicos a los pequeños y se ha propuesto que aprendan de los nuevos referentes la cocina boliviana.
viernes, 11 de enero de 2019 · 00:04

Alejandra Pau / La Paz

Sentirse perdido no siempre significa estarlo. Cuando Valentina Arteaga Nava Morales habla de las clases de cocina que  da a 20 niños del hogar de  la  Fundación Alalay se ilumina, es voluntaria en esta institución desde 2018 y  comparte con los pequeños conocimientos de  aquello que le apasiona, la gastronomía.    

“Nunca había pensado en dar clases de cocina y menos a niños, pero desde que los conocí   sentí que era algo que quería hacer (...). Al principio no fue sencillo, pero ahora los niños me esperan para que cocinemos juntos, esperan por ese abrazo que les doy cuando llego porque son muy necesitados de afecto”, cuenta Arteaga. 

   FOTOS: Cortesía Luciano Carazas

A los 27 años, la chef paceña pasó de terminar su maestría en Gastronomía en España y declinar de una oferta de trabajo a ser voluntaria de la Fundación Alalay.

 Dos veces a la semana, durante buena parte del 2018,   enseñó a dos grupos de niños sobre las propiedades,  versatilidad,  manipulación y preparación  de los alimentos, además de animarlos a probar otros tantos.

  Los colaboradores y los niños

Su trabajo, con un grupo de diez niñas y otro de diez niños, evolucionó y pronto estaba invitando a reconocidos chefs y emprendedores en el ámbito de la   comida saludable a que compartan su tiempo y conocimiento con los pequeños de forma voluntaria,   tanto en las instalaciones del hogar de niños  como en salidas para visitar diferentes restaurantes. 

Hasta ahora participaron Mauricio López (exjefe de cocina de Gustu y consultor gastronómico), Gabriela Prudencio (Propiedad Pública), Salvador Bustillos (Épico), Marco Antonio Quelca  (Sabor Clandestino), entre otros.  


Paralelamente,  abrió una cuenta en Instagram y Facebook que se llama What’s Cooking Valentina (¿Qué está cocinando Valentina?) en donde comparte recetas,  experiencias, reseñas y el trabajo que hace junto a los niños.  

Al poco tiempo,  la revista gastronómica  Azafrán comenzó a realizar y difundir videos con las experiencias de los niños junto a la chef y los nuevos referentes de la gastronomía nacional.  

“Esa ha sido la campaña en 2018 y vamos a continuar a partir de este mes, quiero llegar a por lo menos 20 restaurantes. La predisposición de los participantes ha sido increíble, sé que no es fácil abrir las puertas de un restaurante  y dar comida a 20 niños, pero ellos dieron su tiempo y su conocimiento”, destaca la joven.

 Regresar  y lo impredecible

 Le debe el amor por la cocina a su madre. Sus visitas a los centros de abasto,  seleccionar los alimentos, comprarlos y prepararlos  están ligados a ella. Una memoria que siempre  evoca   la transporta al mercado Central de Tarija, tierra en la que nació su madre, en donde  se come el mejor saice,  según asegura.   

Estudió Gastronomía en Lima, trabajó restaurantes como Gustu y Propiedad Pública e hizo una maestría en España, pero siempre tuvo el objetivo de regresar a Bolivia para abrir un restaurante. Al retornar, las cosas no salieron como  esperaba porque no encontraba un espacio idóneo para materializar su sueño. 

Lejos de concretar lo que había planificado, se dedicó a trabajar en consultorías. En mayo del 2018, una psicóloga amiga suya que trabaja en la Fundación Alalay, le ofreció dar una clase de cocina a los niños del hogar.  

Hoy admite que esa frustración por no encontrar el lugar para  abrir su restaurante la hizo sentir  estancada, perdida en sus objetivos. 

Trabajar con los niños la llevó a comprender que  la mayoría de los problemas que  la preocupaban en el pasado hoy resultan irrisorios, que  para todo se puede buscar una solución. Se empeñó en dar cada clase sin sobreproteger a sus alumnos. La lástima no es un combustible, la disciplina y la estructura son un mejor camino, al igual  que los abrazos.    

Llegaba a las clases cargada de verduras y utensilios. Primero, les explicaba la receta  del día; minutos más tarde unos pelaban y   otros cortaban, mientras algunos mezclaban y aprendían a medir cantidades. 

Al final de la clase, cada uno emplataba la preparación según su creatividad y  todos comían juntos. 

 Encontrarse en  los demás

“Siento que, al igual que otras personas, he vivido en una burbuja. Tengo amigos que hace años me contaban  que se iban a África a hacer una acción social o voluntariado,  yo pensaba que era genial porque pudieron conocer y aprender de otros países, y sus necesidades; pero necesitamos ayuda aquí y creo que no nos damos cuenta de eso”, enfatiza.  

Desde su experiencia  ayudar es una decisión, no existen las excusas, como la “falta de tiempo”, y cada quien puede darse modos para hacerlo a su manera. 

Cree que si una persona enfoca  su energía de dar termina recibiendo más de lo que espera. 

 Finalmente encontró el lugar y ahora trabaja en la próxima inauguración de su restaurante que  se llamará Phayawi (cocina en aymara), que estará  abocado en  la  comida tradicional boliviana.  Esto demandará que acomode sus horarios para retomar las clases. 

En tanto,  continuará con las visitas de sus pares al hogar  y  también a  los restaurantes  una vez a la semana  hasta completar la veintena de iniciativas.

“Mi compromiso está en darle continuidad a lo que estamos haciendo con los niños (...). Quiero ver cuál es el impacto de aquí a diez años, en ese tiempo sabremos  si logramos algo  y además qué quieren hacer de sus vidas. Ellos son ahora mi inspiración, así que encontraremos la manera de seguir juntos”, concluye.

 Más sobre  Valentina

  • En las redes  La páginas de la chef paceña Valentina Arteaga se encuentran en Instagram, red en la que cuenta con más de 2.000 seguidores,  y Facebook como: What’s Cooking Valentina. 
  • Videos y recetas En ambas redes sociales se pueden observar los videos de las clases de cocina a los niños  y las visitas que realizan a los restaurantes.

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