Mi Jungla, ser una cría de jaguar en tiempos del tráfico ilegal

La encontraron con un golpe en la frente y llena de gusanos en la piel, se sospecha que su madre fue cazada. Hoy se recupera en el refugio Senda Verde.
domingo, 20 de enero de 2019 · 00:15

Alejandra Pau / La Paz

 En libertad estaría con su madre, no se separaría de ella y seguiría alimentándose con leche; pero los humanos le han quitado eso. Con casi tres meses de vida, una cría de jaguar hembra (panthera onca) fue encontrada con un golpe en la frente, inmóvil, llena de gusanos (boros) en la piel y muy débil. Hoy se recupera en el refugio de animales silvestres La Senda Verde.

Su nombre es Mi Jungla y fue hallada en una estancia  ganadera en Palos Blancos, al norte del departamento de La Paz, en noviembre de 2018. El jaguar se encuentra en la categoría Vulnerable del Libro  Rojo de  la fauna silvestre de los vertebrados de Bolivia.  

Las circunstancias en las que fue encontrada evidencian la frágil situación de esta especie en un país en donde la condena por el tráfico de 185 colmillos de jaguar tiene una pena de tres o cuatro años de cárcel, como sucedió con la sentencia a dos ciudadanos chinos  en Santa Cruz, casualmente  el mismo mes que la cría fue hallada.

“Los dueños de la propiedad la llevaron a su casa, la desparasitaron, le curaron las heridas y la empezaron a alimentar con sopa de fideo y carne. El problema es que las crías de jaguar se alimentan únicamente de la leche materna durante los tres primeros meses; por eso llegó con la panza muy hinchada”, explica la cofundadora y responsable de La Senda Verde, Vicky Ossio.    

Las crías de jaguar pasan de seis a ocho meses alimentándose de la leche materna mientras hacen la transición hasta comer solo  carne. El 12 de diciembre, la  pequeña  llegó al refugio con poco más de tres kilogramos, los veterinarios modificaron, poco a poco, su dieta incluyendo leche para gatos.

“El tema de la leche materna  es vital. Se ha visto  marcada  una deficiencia de calcio y otros minerales esenciales en   los huesos, como el fósforo”, explica el veterinario de La Senda Verde, Félix Rivas Mollo. 

La familia cuidó a la cría por alrededor de un mes, hasta que decidió entregarla a las autoridades. Gracias a sus cuidados, la cría llegó caminando, pero tiene un problema en una pata trasera. Ahora,  el equipo de veterinarios planifica trasladarla a la ciudad de La Paz para hacerle algunos estudios.

Sobre el caso, nunca hubo una denuncia o investigación  para saber qué   pasó con la madre. La familia dijo que preguntó en las propiedades aledañas, pero no obtuvieron ningún indicio. 

 

Vivir bajo amenaza 

Se sospecha que su madre fue cazada, que la cría intentó permanecer al lado de ella y que al  defenderse le dieron el  golpe en la cabeza que la dejó sin poder caminar por varias semanas.  

En Bolivia la caza ilegal de animales silvestres considerados vulnerables es penada con hasta seis años de cárcel. No obstante, el tráfico ilegal de partes de jaguar es un negocio en alza desde la llegada de ciudadanos chinos al país, según expertos.

 Un colmillo de jaguar tiene un costo de 215 dólares, según una investigación de El Deber y Mongabay.  Los colmillos, las garras y los testículos son considerados bienes valiosos en el mercado asiático, convirtiendo el tráfico ilegal  en un negocio de cientos de miles de dólares que involucra al crimen organizado.   

No existen datos exactos de cuántos jaguares existen en Bolivia. El 2017, la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre informó que existía un estimado de 1.500 en el Parque Kaa Iya y 300 en  el Parque Nacional Madidi. 

Además del tráfico ilegal de partes  de jaguar, la gran pérdida de su hábitat en el país, para desarrollar actividades como la ganadería y la minería, se ha constituido en otra amenaza para su sobrevivencia en territorio boliviano.  

“La llegada de los ciudadanos chinos está relacionada con el  tema de tráfico ilegal de partes del cuerpo de los jaguares, de los jucumaris y otras especies. Su trabajo en Bolivia, además, tiene que ver con la minería y la pérdida de hábitat para estas especies silvestres que ya estaban en un estado vulnerable antes de que  lleguen al país”, precisa  Ossio. 

La cría de jaguar  tiene cuatro meses y  no tiene problema en advertirle  a cualquiera que  se está   acercando demasiado.

Una fuerza de la naturaleza

Mi Jungla es exuberante, es dueña de enormes ojos,   en los que se perciben  tonos ámbar y  matices celestes. Su presencia es sobrecogedora, capaz de enmudecer a cualquiera de emoción.

Después de unos minutos surgen un cúmulo de pensamientos y preguntas. “Estaría mejor con su madre”, “pudo haber muerto”, “es afortunada en comparación a otras crías de especies amenazadas que mueren sin que a nadie le importe”; pero sobre todo, “¿cuánto tiempo le dura la tristeza a una cría arrancada del lado de su madre?”

Ella observa, es sigilosa. Espera antes de dar un paso y desconfía; pero la curiosidad por saber si el movimiento alrededor de su recinto temporal tiene que ver con comida la llevan a inspeccionar. Hoy supera los seis kilogramos y está construyendo una relación de confianza con Rivas.

El  veterinario fue  a buscarla para transportarla a Senda Verde y aunque no puede reemplazar a la figura materna, ya que uno de los principios del refugio es no humanizar a los animales silvestres, la protege, la monitorea y  la alimenta sin invadir su espacio.  La observa con una preocupación y entrega que  las personas que  tienen hijos pueden comprender.

“Está más sociable,  al inicio estaba muy reacia. He estado y estoy más de dos horas al día  dentro de la jaula para ganarme su confianza (...). Ella tiene un carácter muy explosivo y ha debido tratar de defenderse, por eso la golpearon. Realmente ha estado a punto de morir”, detalla Rivas.

Mi Jungla es una fuerza de la naturaleza, entre sus reglas está que ella puede decidir acercarse,  los humanos no pueden decidir eso. 

“Le gusta que la observen”, dice el veterinario fuera del recinto, mientras ella  mira echada   dentro de su casa (muy similar a la  de un perro) atenta lo que sucede.  Desde esa perspectiva,   ve  el mundo de cabeza, tiene las patas en el aire y  escucha cuando le dicen lo hermosa que  es (siempre y cuando sea desde lejos).

De momento, su vecino  es Cubai, un majestuoso y amable  jaguar de 16 años. Ahí se quedará hasta que  se  construya el espacio permanente que habitará.   

Cubai  es el primer jaguar que llegó a Senda Verde.

Una embajadora de la especie

Como Ajayu que visibilizó la crueldad humana cometida en contra de los jucumaris y que  también vive en Senda Verde, el cofundador, Marcelo Levy, espera que Mi Jungla y la historia que la precede sirvan para promover cambios y acciones concretas para proteger a los jaguares en Bolivia.

 “Ella puede ser una gran embajadora de su especie. Nosotros lo que buscamos es inspirar, una persona que se sensibiliza con la situación de los animales silvestres es capaz de generar cambios en su diario vivir y en la sociedad. Nosotros creemos que es posible, por eso estamos aquí”, sostiene Levy.   

Se llama Mi Jungla, porque ella, como  todas las especies silvestres, es  dueña de la jungla; pero también porque ella “es”  parte de esa jungla. Algo que los seres humanos parecen haber olvidado.

“Lo que está pasando con el jaguar es un tema que debe ocuparnos hoy. No hay más tiempo y su futuro es responsabilidad de todos nosotros”, concluye Levy.

La situación

La Senda Verde ha superado su capacidad para albergar a animales silvestres.  Atiende a 780 animales de 60 especies y gasta más de  500 dólares al día solamente en alimentación.  

La cofundadora y responsable del refugio, Vicky Ossio, dice que uno de los problemas es que el decomiso de animales silvestres que viven con familias en un entorno doméstico le quita el lugar a los animales que son rescatados del tráfico ilegal de especies. 

“Los centros de custodia son una segunda oportunidad para los animales que vienen del tráfico, no para los animales que vienen de casas (...). Las personas deben denunciar cuando hay maltrato, pero cuando sacan a un animal que ha vivido con una familia toda su vida, eso le causa un trauma muy grande al animal”, asegura.

Requiere  un recinto

  • Recinto  Senda Verde necesita construir un recinto para Mi Jungla, aunque cuenta con algunos materiales de la estructura necesita edificar el recinto. Las donaciones se pueden realizar al número de cuenta #150-1737557 del Banco Nacional de Bolivia.
  • Visitas Las personas pueden visitar La Senda Verde  todos los días de 10:00 a 17:00. El costo de ingreso es de  35 bolivianos para los niños,   60 para los adultos y  100 bolivianos para los extranjeros.
  • Tours  Hay varios tours, para saber más sobre ellos y cómo llegar al albergue  se puede ingresar a la página:  www.sendaverde.org
43
2