Cómo obtener la fibra más fina del mundo

Las comunidades de Sud Lípez, en el sur de Bolivia, producen la segunda mayor cantidad de la cotizada lana de vicuña en el país.
domingo, 06 de enero de 2019 · 00:04

Leonie Marti  / Sud Lípez

Es un día despejado y el azul intenso del cielo contrasta con el tono marrón del paisaje seco. Aunque todavía es temprano por la mañana, el sol ya pega fuerte, pero gracias al viento fresco que sopla por las sierras, no se siente ni mucho frío ni mucho calor. Nos encontramos a 4.600 metros sobre el nivel del mar, en la comunidad de Cerro Colorado en la provincia de Sud Lípez del departamento de Potosí, cerca de la frontera entre Bolivia y Argentina. 

Hombres, mujeres y niños rodean a Óscar Alejo, un hombre de mediana edad vestido de un chaleco con un pequeño logo de llama. Alejo es el presidente de la Asociación Regional de Manejadores de Vicuñas (Armavi) y está dando las últimas instrucciones para la captura de vicuñas programada para esta mañana. “Para esperar el animal, hay que estar sentaditos detrás de una pajita o una piedrita”, explica, “y cuando está a cien metros, ya nos podemos parar”. 

El diámetro  de la fibra de vicuña es de 12 micras.

Las vicuñas son animales silvestres y, por eso, capturarlas requiere un alto grado de organización. En el arreo de hoy participan aproximadamente 50 personas,  gente de la comunidad de Cerro Colorado y de San Pablo de Lípez, la capital de la municipalidad. El objetivo es rodear a los animales con un gran cerco humano y arrearlos poco a poco al corral para poder esquilarlos ahí. A dos lados del corral se encuentran mangas que miden en total 1.500 metros, 750 por cada lado.    

Esperar y escuchar la radio

Se parte en grupitos en filas de uno. Entre cada persona hay algunos metros de distancia. De esta manera, hay varias filas partiendo en diferentes direcciones. Desde el otro lado de la colina, a tres o cuatro kilómetros de distancia, salen otros grupos y así se forma el cerco humano alrededor de los animales que se pueden distinguir a lo lejos. 

Para poder comunicarse entre ellos, los líderes llevan un handy. Los demás pueden escuchar la frecuencia 89.90 en la radio de su celular, ahí se enteran de todo lo que hablan los líderes: si el otro grupo ya está avanzando, si hay vicuñas o por dónde podrían escapar los animales. Esto funciona gracias a una radio base que está conectada con los handys y un transmisor FM instalado en el lugar  -una técnica que se empezó a usar recién este año-.

Cazar  vicuñas es perseguido por ley.
Foto: Pro Rural / Proyecto Biocultura y Cambio Climático

 

“Antes, muchas comunidades no contaban con handys o celulares. Pero para cualquier actividad, la comunicación es muy importante. Mucho más, cuando las acciones son con gente más numerosa”, expresa Faustino Uyuli, quien se ocupa del equipo de comunicación. Con esta técnica, la comunicación es mucho más fácil.  

Otra ventaja de la radio es que se puede escuchar a través de auriculares y así no hace mucho ruido que podría asustar a los animales. Entonces, lo que hay que hacer ahora es sentarse, esperar y escuchar la radio. 

Recurso natural importante para la región 

La provincia potosina de Sud Lípez tiene una superficie de 22.000 kilómetros cuadrados y se estima que es el hábitat natural de 24.000 vicuñas. “Esto significa que es un recurso muy importante de la región”, indica Eleodoro Baldiviezo, coordinador del proyecto Biocultura y Cambio Climático Sud Lípez , un proyecto financiado de gran parte por la Cooperación Suiza y ejecutado por la ONG Pro Rural y el socio ejecutor Prosuco, una organización sin fines de lucro.

Las vicuñas  viven en Sud Lípez, son  alrededor de 24.000.
Foto: Pro Rural / Proyecto Biocultura y Cambio Climático

El proyecto tiene un enfoque integral y busca apoyar a las comunidades locales. “Las oportunidades económicas de las familias que viven en esta zona son muy limitadas”, expresa Baldiviezo. Además asegura que  están muy lejos de los centros poblados y no tienen un buen servicio de transporte. Por ejemplo -dice-, nueve de 12 comunidades no tienen energía eléctrica. En este contexto, el manejo de la vicuña presenta una nueva fuente de ingreso y, además, les permite articularse como comunidad. 

La comunidad de Sud Lípez ya tiene más de diez años de experiencia con la esquila y la entrega de la fibra de vicuña. 

Durante todo el año, varias personas de la comunidad hacen el monitoreo de las vicuñas y a partir de agosto se empieza a planificar la captura y la esquila. Son actividades que requieren mucha organización y también recursos: por esto existe un fondo vicuña, alimentado por una parte de los ingresos de la venta.

Inicialmente, la comunidad de Sud Lípez entregaba la materia prima bruta, pero desde el año pasado  hace una primera transformación de la fibra, denominado “pre-descerdado”. 

Es un trabajo que requiere mucha paciencia y consiste en sacar manualmente las cerdas duras del vellón -una actividad que está hecha sobre todo por las mujeres de la comunidad. 

De este modo, de los 270 gramos que tiene un vellón promedio, hay que sacar el 10% en términos de cerdas. Gracias a este trabajo, el precio por kilo subió de 350 a 400 dólares. 

Comunarios  durante  el arreo de las vicuñas.
Foto: Leonie Marti

Un chal de 12.000 dólares

La venta de la fibra se desarrolla a través de la Asociación Comunitaria para Comercialización de Fibra de Vicuña (Acofiv) de Bolivia, que organiza la distribución de los beneficios económicos a las asociaciones regionales, que los redistribuyen a su vez a las comunidades. Es un proceso lento que puede bajar los ánimos: a veces dura hasta un año o más hasta que llegue el dinero a las familias.

 Pero cuando llega, es un aporte importante: en total, las comunidades de Sud Lípez reciben 600 mil bolivianos por la venta de aproximadamente 300 kilos de fibra de vicuña al año, lo que convierte la zona en el segundo mayor productor del país. Y hay mucho potencial: la norma permite un máximo de aprovechamiento de animales protegidos de un 15% y por ahora, Sud Lípez está alrededor del 3%.

Los bofedales  son importantes fuentes de agua.
Foto:  Leonie Marti

La principal compradora de fibra de vicuña en Bolivia es la empresa italiana Loro Piana. En la tienda en línea de Loro Piana, un chal de vicuña tiene un precio de 12 mil dólares. Este precio alto por prendas hecha de fibra de vicuña se justifica por sus características: se considera que es la fibra animal más fina que se puede comercializar. 

El diámetro de la fibra de vicuña es de 12 micras; la de la llama, en comparación, tiene entre 17 y 22 micras. Por estas características, la fibra de vicuña es muy demandada en el mercado -sobre todo en el  europeo-. A nivel nacional, no existe un comercio de fibra legal, pero es posible encontrar artículos elaborados con fibra ilegal en el mercado negro.

Dependencia del mercado

Sin embargo, también existen desafíos para esta actividad prometedora para la región. Uno de ellos consiste justamente en la inseguridad del mercado. 

“Ya está empezando a bajar el precio de la fibra en el mercado y por exportar a una sola empresa, Bolivia está muy dependiente de ésta”, dice Eleodoro Baldiviezo. “Lo que habría que hacer es diversificar”, comenta.

Otros desafíos tienen que ver con el nivel organizativo de las comunidades y la caza furtiva de vicuñas que se sigue practicando en esta región. Otro riesgo consiste en el cambio climático.

Sud Lípez es una zona donde ya se pueden evidenciar los impactos del cambio climático, ya que importantes glaciares han desaparecido. Los bofedales sirven como alternativa a los glaciares porque pueden almacenar agua y, por lo tanto, permiten asegurar el suministro de praderas y también de las comunidades. 

Por esto, en el margen del proyecto Biocultura y Cambio Climático también se están realizando acciones con las comunidades para implementar medidas de manejo de los bofedales.

Señoras  de la comunidad de San Pablo de Lípez hacen el pre-descerdado: sacar las cerdas duras del vellón de vicuña.
Foto: Pro Rural/Proyecto Biocultura y Cambio Climático

Las tijeras se quedan sin usar 

Volvemos a las sierras de la comunidad de Cerro Colorado. Entretanto, el sol ya está más alto y las piernas duelen de tanto arrodillarse. En ninguna parte se ven vicuñas. 

Finalmente se escucha el mensaje desanimado por la radio: “Se han escapado”. Lentamente, los hombres, mujeres y niños repartidos en las sierras vuelven al lugar donde partimos en la mañana. Hoy, las tijeras y las máquinas de esquilar se quedan sin usar. Mañana será otro día.  

En la reunión se discute sobre el porqué del fallo de esta captura. Puede haber sido porque se plantó una camioneta y por eso empezaron más tarde de lo planificado. O porque al final participaron menos personas que las esperadas y una parte de ellas no tiene mucha experiencia en la captura de los animales. 

Puede haber varias causas y los miembros de la comunidad no llegan a un acuerdo final. Pero a fin de cuentas, esta experiencia demuestra que la vicuña es un animal silvestre y capturarla no requiere solamente muchos recursos y una buena organización, sino también un poco de suerte.  
 

Permítanos un minuto de su tiempo.

Para desarrollar el periodismo serio e independiente, esencial en democracia, que usted aprecia en Página Siete, contamos con un equipo de reporteros, editores, fotógrafos, administrativos y comerciales de primer nivel.

Los ingresos con que Página Siete opera son producto de nuestro trabajo; no contamos con prebendas de ninguna naturaleza.

Si usted desea apoyar el esfuerzo que realizamos, suscríbase a P7 VIP, para recibir de lunes a viernes una carta informativa por correo electrónico, que contendrá un resumen de las noticias y opiniones más interesantes de Página Siete, a un costo de sólo Bs 15 al mes.

Para suscribirse haga clic aquí o llame al número 2611749, en horas de oficina.

39
3