Loots: “Lo único que puede detener el pensamiento cruel son los DDHH ”

Gerrit Loots, psicólogo y profesor adjunto de la UCB, recibirá el premio de la Liga Belga de Derechos Humanos por su labor como activista rescatando a niños belgas de los campos de refugiados de Siria.
sábado, 19 de octubre de 2019 · 00:04

María Ortiz  / La Paz

Muchos de ellos eran pequeños cuando sus padres los llevaron al prometido califato del autodenominado Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) en Siria e Irak. La gran mayoría nacieron allí: privados de la palabra libertad, al margen de los derechos humanos e ignorados y estigmatizados por sus países de origen. Ante esta deshumanización general que aplasta la dignidad humana, el activista Gerrit Loots, ahora docente extranjero adjunto de la Universidad Católica Boliviana (UCB), lucha por repatriar a los niños belgas que viven en los campos de refugiados sirios. Una labor que le será reconocida con el premio de la Liga Belga de Derechos Humanos.

El 15 de marzo de 2011 comenzó la guerra de Siria, una de las más largas, cruentas e inhumanas desde la II Guerra Mundial. Además de las muertes violentas, está dejando una factura humana de miles de vidas interrumpidas, sueños rotos y familias que sólo desean volver a vivir en paz.

Muchos niños pasan su infancia entre tiendas en un campo de refugiados y asentamientos precarios, donde no se satisfacen sus necesidades básicas.

Movidos por una especie de motivación religiosa, muchos jóvenes salieron en 2012 de Bélgica y de otras partes de Europa para luchar contra el presidente de Siria, Bashar al-Assad, quien aún sigue en pie.

“Se fueron alrededor de 400 belgas. Los chicos iban a luchar y las mujeres iban para ayudar a los heridos, se podría decir como enfermeras”, explica el profesor de psicología de la Vrije University Brussel (VUB) y también coordinador del programa académico interuniversitario entre la UCB y las Universidades Flamencas VLIR-UOS.

Empujados por la desigualdad y la exclusión social que sentían en el Estado en el que vivían, otros grupos de personas, en su mayoría jóvenes y adolescentes, emigraron al país árabe en 2014 para incorporarse a las filas del ISIS; aunque más que enrolados, terminaron siendo prisioneros de “uno de los grupos terroristas más crueles del mundo”, asegura Loots. Según la Europol, más de 5.000 europeos fueron a luchar a Siria e Irak a partir de 2014, de los cuales sólo 1.500 han vuelto.

“Cuando entraron en el Estado Islámico parecía que todo estaba bien. Pero cuando empezó a crecer, el ISIS no sólo era cruel con el exterior, sino también con el interior, con su sociedad. Las mujeres fueron forzadas a casarse y tener hijos. Si no lo hacían, podían ser excluidas o encarceladas, porque ellas estaban allí para fortalecer el califato. La mayoría de ellas tienen entre dos y cuatro hijos en tan sólo cuatro o cinco años”, dice Loots, quien ha conocido de primera mano sus historias y las de sus pequeños.

El limbo de los niños del ISIS

El 23 de marzo, las Fuerzas Democráticas Sirias, una alianza kurdo-árabe respaldada por una coalición internacional antiyihadista –con Estados Unidos a la cabeza–, expulsó al ISIS de su último reducto en Siria, en la localidad de Baghuz, lo que supuso la derrota territorial del autoproclamado califato. Desde su caída, muchos presuntos yihadistas extranjeros están encarcelados.

Además, según Loots, entre 11.000 y 15.000 madres e hijos de combatientes internacionales viven detenidos en campos de refugiados, a los que él tilda de “prisiones”, y que están bajo el control de los kurdos, quienes han solicitado la creación de un tribunal internacional y que los países de origen se hagan cargo de sus nacionales.

Pero pese a que los infantes son el sector más vulnerable y las principales víctimas colaterales del ISIS, los gobiernos extranjeros han tenido problemas para decidir qué hacer con ellos y muchos siguen viendo pasar su infancia entre tiendas en un campo de refugiados y asentamientos precarios. 

En marzo de 2018, un documental sobre las condiciones en las que vivían los niños belgas en estos campamentos desató el debate en el país europeo y avivó el activismo de Loots, que durante la última década ha trabajado junto con un grupo de investigación en los programas de rehabilitación de niños soldados de países como Colombia o el Congo.

“Los políticos decían: ‘No vamos a traer a estos niños de vuelta porque son peligrosos, crecieron en la sociedad del ISIS y son pequeños terroristas’”, cuenta Loots aún sorprendido.

“¿Cómo pueden pensar que son terroristas? (…) Oír hablar así a los políticos de unos niños tan pequeños para mí fue increíble. A partir de ahí pensé que teníamos que hace algo por ellos”, reclama el activista, quien   ha trabajado durante más de 30 años como psicólogo infantil.

“Se les impuso la pena de muerte”

Junto a su grupo de investigación, Loots ha realizado varias visitas a los campos de refugiados sirios para conocer las condiciones en las que viven sus compatriotas, a los que incesantemente ha dado voz y por los que ha luchado para que sean repatriados, llegando incluso a recibir amenazas de muerte por ello.

Durante su primera visita, en septiembre del año pasado, los investigadores elaboraron un informe a partir de la evaluación del desarrollo, de las emociones sociales y de las condiciones de los 25 niños belgas de entre 0 y 7 años que se encontraban allí hasta ese momento. “Muchos de ellos estaban muy enfermos  y sus vidas estaban en riesgo”, afirma Loots.

Asimismo, elaboraron un documental que mostraba a los niños jugando en su cotidianidad, lo que abrió el debate en la sociedad: “Parte de la opinión pública no los quería y otra decía que eso iba en contra de los derechos humanos. Pero el Gobierno no hizo nada”, manifiesta Loots, quien llevó el caso hasta los tribunales, que finalmente determinaron que se debían repatriar a todos esos niños, aunque solo dos volvieron.

“A principios de este año los niños comenzaron a morir (…). Un niño de 18 meses murió de hambre. En los campamentos les faltaba la comida y no había comida suficiente para los niños. Esa es la muerte más cruel para alguien”, detalla.

“Nuestro gobierno y nuestra sociedad, porque la opinión pública lo compartía, se estaban negando a traer de regreso a estos pequeños a quienes se les impuso la pena de muerte. No castigaron a los padres por lo que hicieron, los niños fueron castigados por ello”, continúa.

El 16 de junio de este año, Loots volvió a Siria junto a un equipo de médicos y periodistas, describe la situación de los campamentos como “horrible”: “Los niños estaban muy delgados, no tenían atención higiénica y algunos de ellos estaban heridos y no tenían medicación”.

De nuevo con el debate sobre la mesa, el Gobierno se comprometió repatriar a los niños huérfanos. El 29 de junio, estando todavía en los campamentos, Loots y sus compañeros recibieron una llamada telefónica: “¿Queréis apoyar la repatriación? Y lo hicimos”, cuenta. Con su ayuda, seis niños regresaron a Bélgica, aunque otros 47 continúan aún en los campamentos.

Al activismo de Loots por repatriar a los pequeños se suma el de las abuelas, quienes luchan por poder conocer y recuperar el tiempo que la guerra les arrebató junto a sus nietos.

“Las abuelas son los que se están manifestando y luchando para recuperar a sus nietos”,  asevera Loots a la  espera de que, al igual que a los otros ocho niños que ya volvieron, los demás también tengan la oportunidad de regresar a “casa” y ser aceptados por una humanidad cada vez más “deshumanizada”.

“La forma de pensar de algunos políticos y de la opinión pública es exactamente la misma forma de pensar del ISIS”, resume Loots, cuya labor rescatando la inocencia y la infancia de los niños de la guerra le ha llevado a ganar el premio de la Liga Belga de Derechos Humanos.

“Para mí fue una sorpresa y estoy muy contento por ello. Estoy orgulloso porque este es un reconocimiento de los derechos de estos niños y supone un gran apoyo para continuar. A la organización de las abuelas, que también está luchando cerca de mí: asimismo, es un reconocimiento a ellas”, expresa emocionado.

“Lo único que puede detener el pensamiento cruel son los derechos humanos. La gente que cree en los derechos humanos no ve al otro como el enemigo o como el fantasma y el peligro; ve que el otro es un ser humano. Y eso es lo que estamos tratando de hacer”, concluye Loots.

 

 

Confidencial

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