Lucía, una mujer de campo que ve las protestas con ojos propios

Lucía Rojas se suma espontáneamente a las movilizaciones para dar voz a la tierra que le dio vida; esperanzada, confía en Dios para acabar con la “matanza” y la “destrucción”.
miércoles, 30 de octubre de 2019 · 00:26

 María Ortiz  / La Paz

Nacida en los verdes campos de Tomina (Sucre), Lucía Rojas llegó a La Paz cuando apenas tenía 13 años. Convertida en mujer, hoy Rojas secunda las medidas de protesta que encuentra espontáneamente a su paso, convirtiéndose en el eco citadino del grito mudo de la tierra.

“En un paraíso he vivido”, asegura. “Mi infancia ha sido feliz. He disfrutado de la naturaleza, de la tierra limpia y he sabido sembrar papa, choclo, haba, arveja… y criar animales como vacas, ovejas, cabras, chanchos y gallinas”, cuenta Rojas mientras apoya a los vecinos de Cota Cota durante una de las jornadas de bloqueo en defensa del voto y de la democracia.

Aunque prefiere no revelar su edad, Rojas llegó a La Paz hace bastante tiempo, siendo ella  todavía una niña. Su tía, con quien se crió y a la que ayudó en las labores del campo desde sus cuatro años, fue quien la impulsó a venir a la ciudad para aprender, entre otras cosas, a leer.

Si bien sus ocupaciones en la ciudad son diferentes a las que realizaba en el campo, Rojas tiene muy presente la tierra que la vio nacer y crecer. La naturaleza la nutrió, la curó y le proveyó de todo lo que en aquel momento necesitaba para vivir y ser feliz.

“Nosotros no contaminábamos la tierra, sino que nos sustentábamos de ella. Hemos utilizado el barro para hacer todo: para llevar y guardar agua, para cocinar…. El pancito igual lo hacíamos en horno de barro; y con la leña cocinábamos. Nuestras cucharas y nuestros platos eran de palo. La tierra también nos daba la medicina que necesitábamos para no caer enfermos o curarnos”, explica Rojas con la nostalgia posada en su mirada.

“Luego, de las ovejas sacábamos la lana y la hilábamos. Con ella hacíamos nuestras frazadas y los costales”, continúa relatando.

Para Rojas, cuidar la tierra es honrar la vida: “la tierra es el hogar donde uno siembra, cría y de ello vive. Como a un niño, a la tierra hay que mantenerla limpia y sana. Uno tiene que cuidarla porque, como las personas, la tierra también sabe cansarse. Si tú la siembras todas las veces, la tierra se va a cansar y al final no va a dar frutos”, afirma.

Respetar la rotación

Aunque la casualidad la detuvo en el último punto de bloqueo de la zona Sur cuando sus pies la guiaban desde Obrajes hasta Ovejuyo, Rojas acató la medida de protesta como una acción en defensa de la democracia y de la venerable tierra que tanto le otorgó durante su infancia.

“Sinceramente me da mucha pena lo que está pasando en el país. Iba hacia Ovejuyo, pero he decidido quedarme porque, en primer lugar, tienen que respetar la voluntad que el pueblo expresó con su voto. En segundo lugar porque no podemos seguir contaminando, todo lo que tenemos lo tenemos que cuidar. Y en tercer lugar porque no siempre puede estar el mismo gobierno en el poder. Al igual que ocurre en el campo, hay que respetar la rotación de los cargos”, defiende Rojas.

“También estoy aquí por los niños. Ellos tienen que tener donde vivir y donde trabajar. Ellos tendrán que cuidar la tierra y luchar como lo hicieron los campesinos de antes”, cuenta.

Mientras explicaba con firmeza sus razones a ras de suelo, varias mujeres campesinas vestidas de pollera irrumpieron para reprocharle a los vecinos por el bloqueo que estaban llevando a cabo en ese lugar.

“Yo también soy campesina y Evo es un asesino de la tierra”, fue la respuesta de Rojas, quien achaca a la “plata” parte del apoyo del campesinado al presidente del país y al Movimiento Al Socialismo (MAS).

“La plata los está volviendo locos”, asegura.

Conciencia y fe

Rojas, quien calza abarcas y viste prendas que reflejan su esencia humilde, se siente muy agradecida con el trabajo  que realiza para poder vivir su día a día. Según ella, el esfuerzo es la razón que la lleva a valorar, respetar y honrar todo lo que tiene y le rodea, desde lo más ínfimo hasta lo más ingente.

“A mí me gusta trabajar y de eso vivir, no vivir de lo que me puedan regalar. Soy feliz trabajando, teniendo mi plata, mi comida y mi ropa. Ganándomelo con esfuerzo valoro la tierra, al medioambiente y a las personas. Si no hay esfuerzo, no hay mérito ni consideración”, dice.

Católica Rojas confía en la fe en Dios y en  la toma de conciencia por parte de la sociedad  para frenar y revertir la situación que vive estos días el país tanto en los ámbitos político y social como en el ambiental.

“Uno tiene que tener conciencia y tener a Dios en su vida para darse cuenta de donde pisa, donde mira y qué escucha. Sin eso todo, va a ser matanza, destrucción a la tierra, a los animales y a las personas”, concluye.

Leyenda
Vecinos de la zona Sur durante el cabildo llevado a cabo días atrás en la calle 21 de San Miguel.
Mujer porta una pañoleta en la que pide respetar su voto.
Vecinos instalan un punto de bloqueo como medida de presión.
La Policía reprime con gases lacrimógenos a los manifestantes  que denuncian fraude durante una de las jornadas de protesta en el centro de la ciudad.
Una parte del cabildo que se desarrolló el pasado lunes en la avenida Costanera.
Manifestante incorpora la estética de Joker para protestar contra el supuesto fraude de las elecciones del 20 de octubre.
Vecinos de la ciudad de El Alto marchan contra la reelección de Evo Morales.

 

Confidencial

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