Conmoción y duda: ¿fue la muerte de Germán Busch un suicidio?

“Pocos estaban satisfechos con la versión oficial, que se basa en un legajo de papel sellado”; desde el primer momento, circularon versiones contradictorias acerca del sitio y de la forma en que murió.
martes, 8 de octubre de 2019 · 00:04

Grecia Gonzales Oruño*  / La Paz  

En la madrugada del 23 de agosto de 1939, cuando las manecillas del reloj marcaban las 5:30, un disparo en la sien del entonces presidente Germán Busch lo dejó en estado de coma. A las 14:45 falleció y el pueblo boliviano se estremeció. 

Un día después de su posesión, Carlos Quintanilla aseguró que fue suicidio. Pese a las indagaciones estatales que respaldaron dicha posición con el “auto definitivo” del 5 de octubre de ese mismo año, algunos investigadores consideran que fue un “asesinato”.  

Busch –héroe de la Guerra del Chaco y recordado con terror en las trincheras paraguayas con los apodos de  El tigre de la selva  o El fantasma del infierno verde– llegó a la presidencia a sus 34 años. 

En su gobierno (1937-1939) se dictaron medidas progresistas. En 1938 promulgó la primera Constitución Social. En 1939 aprobó la Ley General del Trabajo y el Código de Educación; decretó la entrega obligatoria del 100% de divisas de las exportaciones mineras al Estado  y nacionalizó el Banco Central.

Días antes de la tragedia, el primer mandatario –según la biografía Busch: El mártir de sus ideales, escrita en 1939 por el periodista Luis Azurduy– se hallaba “incomodado” por una dolencia dental y recibió una carta de Cochabamba en la que se hablaba del “repudio que despertaba su política”, el “disgusto con que se veían las cosas que realizaba”, que los funerales de su madre no tuvieron gran concurrencia y los “inconvenientes” que iban a traer para el país sus decretos de carácter económico. A eso se añadieron un par de anónimos que “hirieron profundamente su espíritu”. 

Germán Busch Becerra,  el trigésimo sexto presidente de Bolivia.

Una “versión exacta”

El matutino El Diario del 24 de agosto de 1939 publicó la “Versión exacta del suicidio de Germán Busch”, basada en las declaraciones del mayor Ricardo Goytia, concuñado del primer mandatario:

“La noche del 22 en que festejaban el cumpleaños del coronel Eliodoro Carmona (su cuñado), todo transcurrió en un ambiente de cordialidad familiar hasta las tres de la madrugada, hora en que se habían retirado las personas concurrentes. Fue entonces que él recordó haber dejado en su escritorio numerosos documentos que debían ser despachados y manifestó a Carmona y a nuestro informante que deseaba revisarlos y firmarlos. Entonces, Goytia le hizo notar que la hora era avanzada y que más conveniente sería que se fuera a descansar. El presidente replicó, ‘pesan sobre mis hombros tres millones de ciudadanos bolivianos, debo velar por su bienestar y por el progreso de la patria, pero en esta obra dificultan mi labor la incomprensión, la falta de cooperación y la solapada acción de mis enemigos (...) Y ya que mi gestión en bien de la patria no puede ser desenvuelta como lo he deseado, es mejor que termine con mi vida’”. 

En ese momento, “(...) Goytia notó que a Busch le sobrevenía una de sus crisis nerviosas (...) y vio que extraía del bolsillo del pantalón una pistola. Entonces, Goytia le tomó de la mano y en la lucha por evitar que la usase contra sí, en la que participó también Carmona, salió el primer disparo por una ventana. Mas como el presidente poseía extraordinario vigor, se desprendió de ambos arrojándolos lejos de sí, instante que aprovechó para dispararse el tiro fatal en el temporal derecho cayendo inmediatamente sobre el piso de la habitación”.

Los matutinos La Calle, El País, La Nación y La Razón replicaron la misma hipótesis sobre el suicidio.

Los tres hijos  de Busch,  en agosto de 1939 (periódico La Razón, La Paz).

Funerales 

La mañana del 23, Germán Busch fue sometido a una difícil operación de esquirlectomía. Después de nueve horas de agonía, murió a las 14:45. Por lo acontecido, el “gobierno provisional” del general Quintanilla decretó “duelo nacional” con “cierre de oficinas públicas” y “suspensión de actividades particulares”, el 24, 25 y 26 de agosto.

Los restos del que en vida fue héroe del Chaco permanecieron en la Basílica de Nuestra Señora de La Paz, desde el jueves 24 hasta el sábado 26. Como un acto simbólico de amor y reconocimiento, su corazón fue extraído y entregado a los excombatientes. Decenas de coronas de flores naturales y artificiales, además de enormes tarjetones, fueron llevadas a la capilla ardiente.

 “Nunca se ha visto hasta ahora en esta ciudad una demostración de amor, de cariño, de adoración para un hombre muerto como la que hemos presenciado esta mañana”, comentó La Nación, el 27 de agosto.

En el sepelio, el pueblo paceño se aglomeró espontáneamente en torno al féretro. “100 mil personas le dieron el último adiós”. En medio de sollozos, a las nueve de la mañana, se celebró la sagrada misa. En los alrededores de la Basílica se apostaron decenas de banderas y estandartes con crespones negros de diversas instituciones y organizaciones sindicales, narró La Calle, el 29 de agosto. Añadió que el féretro llegó al Cementerio General a las 14 horas y “al son de prolongadas notas de un clarín (...), el cadáver fue sepultado en el nicho central de la segunda fila de la estrecha cripta de los hombres ilustres”.

Una antigua  imagen del sepelio de Busch.

Repudio

Luis Toro Ramallo, en su obra publicada en 1940, Busch ha muerto ¿quién vive ahora?, relató que en esos días circularon por toda la ciudad conjeturas sobre la muerte del Presidente y que se “anunciaron motines y revoluciones”. Por otra parte, se “murmuraba” y se hablaba en voz alta contra el “golpista” Quintanilla. 

“Gritos, blasfemias, insultos, reproches sangrientos. El pueblo se movía como una creciente furiosa (...) Fue necesario que la tropa, que escoltaba el féretro, se agrupara alrededor de Quintanilla, el que debió abandonar el acompañamiento, antes de dos cuadras de la catedral”, recordó Toro.

Asimismo, subrayó que el entierro de Busch fue “una especie de manifestación en la que el pueblo exteriorizó su repudio hacia el que acababa de hacerse cargo del mando”. La gente vitoreaba “¡Gloria a Busch, abajo la rosca!”.

La prensa  de la época informaba del sepelio.

Proceso

Con el fin de reforzar la versión del suicidio de Busch, el gobierno liberal de Quintanilla emitió un comunicado, el 24 de agosto. Ese documento fue publicado por El País y su contenido fue el siguiente: 

“Frente al doloroso fallecimiento del presidente Busch, que tan hondamente conmueve el espíritu de la nación, el gobierno cumpliendo deberes morales y políticos para con el país y encontrándose en posesión de informaciones y conocimientos verídicos de los antecedentes y hechos que han determinado la muerte del coronel Busch, ocurrida ayer a horas 14:45, deja constancia con plena evidencia que el deceso del señor Presidente se debe a un acto absolutamente voluntario por determinación tomada bajo el peso de sus hondas angustias patrióticas. No obstante el Ministerio de Gobierno y Justicia ha ordenado al señor Fiscal del Distrito requiera y se levante la información sumaria que corresponda para dejar esclarecida la verdad en forma legal”.

De ese modo, el 28 de septiembre fue entregado el informe de necropsia, realizado por los profesionales Antonio Tórrez y Alfredo Murillo. En el documento se llegó a la conclusión de “posible suicidio”. “No pudiéndose afirmar esto en forma categórica por el hecho de que las huellas que deja un disparo a pequeña distancia (...) no se notan por haber sido lavada la herida para su curación”. 

¿Suicidio?

Luego, el auto definitivo del caso fue emitido el 5 de octubre de 1939 y fue firmado por el juez segundo de Instrucción en lo Penal, Carlos Morales, y el secretario Rodolfo Salinas. En el auto se concluyó que “el presidente Busch ha dado fin a su existencia mediante el procedimiento violento del suicidio (...) en su escritorio de trabajo de su domicilio particular, haciendo uso de un revólver Colt 32, número 384477 caño corto del Ejército, no pudiéndose determinar con exactitud las causas, que según las declaraciones testificales han debido ser múltiples”. 

Ese fallo generó debate. Luis Toro, al respecto, comentó que “pocos están satisfechos con la versión oficial, que se basa en un legajo de papel sellado (…) Lo grave, lo que ha dado lugar a tanta leyenda es que, desde el primer momento, circularon versiones contradictorias acerca del sitio y de la forma en que murió. Hay cosas extrañas en todo esto (…) Y bien, Busch ha muerto. ¿Quién vive ahora? En Palacio, vive el general Carlos Quintanilla, sosteniendo la cola de la dictadura”.

En ese sentido, Marco Lora, en su libro Germán Busch, el centauro del Chaco, afirmó que el juez asignado no consideró la “gran contradicción dada por el informe de necropsia, basando solamente sus indagaciones en el interrogatorio tardío realizado a los invitados al cumpleaños de Carmona”.

¿Asesinato?

Empero, el proceso no terminó ahí. En 1944, el diputado Edmundo Roca y el capitán Julio Ponce de León señalaron al coronel Carmona como el “principal autor de la muerte de Busch” y solicitaron “encarcelamiento mientras se pronuncie nuevamente la justicia ordinaria”. De esa manera, se reabrió la indagación, informó La Calle, el 31 de agosto de 1944. Según Luis Antezana en su obra Historia secreta del Movimiento Nacionalista Revolucionario, esas acusaciones fueron formuladas debido a las “declaraciones” hechas por Carmona en Charagua. 

El teniente Eufracio Bruno, que luego declararía en el juicio, relató que en la casa de José Rojas le preguntó a Carmona: “¿por qué a usted la opinión pública lo señala como el autor de la muerte de Busch?”. En estado de embriaguez, él respondió “Sí, yo lo maté, y ahora qué quiere”. Bruno también aseguró que en el cumpleaños del oficial Julio Garnica, Carmona ratificó “este brazo mató al coronel Busch por dieciocho mil dólares”. Reveló, que en esa oportunidad, “Carmona hizo la misma afirmación a la señora Mila Muñoz de Suárez”.

Augusto Céspedes, en El presidente Colgado, sostuvo que “el suicidio de Busch resultó tan oportuno para los grandes mineros que aún hoy hace presumir un estratégico asesinato que suprimió en el minuto preciso al audaz capitán que había proyectado la injerencia del Estado en las exportaciones mineras”.

A 80 años de la sentida muerte de Busch, el debate de un posible suicidio o magnicidio continúa. Sin duda, su figura aún inspira a las nuevas generaciones.

* La autora es  comunicadora  social 
 

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