El Tinku del 15 de noviembre en Potosí, una catarsis sin un tiro

Casi medio millar de campesinos afines al MAS ingresaron a la Villa Imperial en una marcha pacífica que fue recibida por la población con banderas blancas.
miércoles, 27 de noviembre de 2019 · 00:04

Juan José Toro M.  / Potosí

Debido a la difusión que tuvo en el exterior, incluido el desaparecido programa  Aunque usted no lo crea, el Tinku es considerado una pelea campal que muchas veces puede degenerar en muerte.

No es cierto.

El Tinku es, esencialmente, catarsis; es decir, aquello que el Diccionario de la Lengua Española (DLE) define como “purificación, liberación o transformación interior suscitadas por una experiencia vital profunda”. 

Y es que el Tinku es eso, “una experiencia vital profunda” que solo pueden entender aquellos que la viven. 

Segunda concentración en el frontis de la Gobernación de Potosí.

Uno de ellos es Andrés Gómez Vela, periodista, abogado y profesor universitario que, en su condición de nacido en Pocoata, uno de los lugares donde se celebra el Tinku, participó en el ritual porque eso es lo que impone su cultura. En el norte potosino, el que llega a la edad adulta tiene que participar en el Tinku.

Y él describe así al ritual:

“Es una catarsis social colectiva. Es la descarga de la violencia acumulada en un cuerpo en un encuentro (Tinku) con otro cuerpo bajo reglas de respeto (puño limpio). Una pelea en la que más importante que la humillación del otro es el intercambio de habilidades corporales para luego vivir en paz el resto del tiempo”.

La caravana de Potosí fue atacada en varias oportunidades.

Entonces, aunque se manifieste como tal, el Tinku no es pelea, sino encuentro y ese es, precisamente, su significado en español.

El 15 y 19 de noviembre, el Tinku dejó el área dispersa en el que se celebra como legado de la gran nación qaraqara y se trasladó a la Villa Imperial.

No fue folklore, no fue Ch’utillos, no fue una feria o festival, sino un encuentro, un “acto de coincidir en un punto dos o más cosas, a veces chocando una contra otra” (DLE dixit).

¿Enemigos?

Para que una cosa choque con otra es necesario que estén enfrentados y eso puede significar muchas cosas, desde estar frente a frente hasta enfrentar al enemigo.

Como consecuencia de la crisis política desatada por el fraude electoral, habitantes del área rural supuestamente afines al Movimiento Al Socialismo (MAS) bloquean dos de los caminos troncales de Potosí, el que va a Sucre y el que lleva a Oruro, que, además, conduce a La Paz y Cochabamba.

Los bloqueos han causado enfrentamientos con el elemento de la enemistad cuando las caravanas de mineros y universitarios que buscaban llegar a La Paz fueron atacadas en diferentes lugares del camino. En Playa Verde, cerca de Challapata, supuestos integrantes de ayllus atacaron a los buses con armas de fuego causando heridas en cinco personas. Dos de estas fueron internadas en terapia intensiva, en Oruro, de la que ya salieron.

Habitantes de la provincia Chayanta y Tomás Frías.

En la otra ruta bloqueada, la que va a Sucre, está Betanzos que fue sometida al terror la noche del 11 de noviembre. Supuestos militantes del MAS recorrieron las calles de esa población gritando consignas como “guerra civil”, pateando puertas y causando daños menores en algunos inmuebles. Al día siguiente, fuerzas combinadas del ejército y la Policía intentaron recuperar Betanzos y, en ese afán, se produjo la muerte de Marcelino Jarata, de 53 años.

 
De la psicosis a la realidad

Hasta el 15 de noviembre, los potosinos de la capital también vivían noches de terror.

Las constantes “alertas” reproducidas en las redes sociales, convenientemente aderezadas con fotos, audios y videos de dudosa procedencia, alimentaron la posibilidad de una “invasión” por parte de los bloqueadores en contra de la ciudad. 

Autoconvocadas, cientos de personas salían cada noche a las calles a encender fogatas y realizar vigilias. Cuando se les visitaba en sus puntos de vigilancia, la pregunta siempre era la misma: “¿qué se sabe de los campesinos?”.

Una bandera  de luto por el fallecido en Betanzos.

Las cosas llegaron a tal punto que el Comité Cívico Potosinista (Comcipo) instruyó levantar los bloqueos, pero reemplazándolos por vigilias, previendo, precisamente, que no se produzca un ingreso de gente que provoque violencia.

En la mañana de ese día, todos los anuncios se hicieron realidad: unos 5.000 bloqueadores, provenientes de las provincias Chayanta y Frías, la mayoría luciendo monteras para el rito del Tinku, se hicieron presentes en la puerta de la ciudad, en el antiguo retén de San Antonio.

Tinku pero no  a puños

Sí. Fue Tinku pero no una batalla campal ni a puño limpio.

Los habitantes de Chayanta y Frías ingresaron a la ciudad gritando consignas, muchas de ellas provocativas; expresaron su deseo de que vuelva Evo Morales y que se respete su voto emitido el 20 de octubre.

Ingresaron a las calles gritando, pero a sus laterales estaban miles de personas que agitaban banderas blancas y les aplaudían. Antes de entrar a la ciudad, sus dirigentes habían advertido que solo querían desagraviar a la wiphala. El nuevo gobernador, elegido ese mismo día, fue a su encuentro y encabezó la marcha ondeando una bandera blanca.

Llegaron hasta la plaza principal y se manifestaron como quisieron. Gritaron consignas contra la presidenta Jeanine Añez y el de Comcipo, Marco Pumari, y hasta pidieron el retorno de Evo Morales. Los habitantes de la capital les invitaron bebidas calientes.

Fue, como apuntara Andrés Gómez, “la descarga de la violencia acumulada” durante días en los que escucharon información imprecisa sobre lo que los capitalinos decían de ellos. Se convencieron de que no era cierto y volvieron a sus comunidades, a reinstalar el bloqueo.

Fue un encuentro de contrarios, pero sin violencia. El martes 19, algo parecido ocurrió con los bloqueadores de Betanzos que llegaron a Potosí en un número menor en relación a los chayanteños, unas 500 personas.

Ingresaron encabezados por el gobernador y su alcalde, Juan Téllez. Rindieron homenaje a la memoria de Marcelino Jarata y en el frontis de la Gobernación lanzaron discursos de claro contenido partidario. Así, el acto de masas mutó de reivindicativo a político, pero los potosinos también lo toleraron porque consideran que estaban ejerciendo su derecho a la libertad de expresión.

No se disparó un tiro, un balín, un gas… fue una catarsis, un encuentro, un Tinku. Ahora resta “vivir en paz el resto del tiempo”.