Santi y Gabo, dos promesas gemelas del taekwondo

jueves, 07 de noviembre de 2019 · 00:04

María Ortiz  / La Paz

Además de compartir la totalidad de sus genes y ser físicamente iguales, Santiago y Gabriel Arené, más  conocidos  como Santi y Gabo, combaten juntos por un mismo sueño: ser maestros de taekwondo. Con tan sólo 10 años, estos medallistas gemelos se preparan para representar a Bolivia en el mundial de Argentina del próximo año.

Pese a que él era muy pequeño, Santi recuerda con gran lucidez cómo llegó a este arte marcial. Apenas dos horas bastaron para despertar su interés en este tipo de deporte: “Me inspiró la película Karate Kid que mi papá me hizo ver a mis cuatro años”. 

 Los hermanos Arené suben al podio en el Campeonato Internacional Copa Paraguay.

Fascinado, un día después de verla, él y su papá, Édgar Arené, recorrieron diferentes lugares de La Paz hasta dar con un gimnasio en Achumani en el que había un letrero que anunciaba: “Clases de Taekwondo” y que era, por aquel entonces, una de las cinco sucursales oficiales de la Federación Internacional de Taekwondo (ITF por sus siglas en inglés).

“Primero fuimos a una escuela de kárate, luego a una de jiu-jitsu y a otra de kung-fu, de la que me gustaron sus trajes y lo que aprendían. Pero seguimos buscando y cuando llegué a la de taekwondo me gustó el lugar (…) Me inscribí pensando que el taekwondo era ese arte marcial de la película Karate Kid, aunque luego me di cuenta que no, pero ya me había acostumbrado y me gustaba”, explica Santi.

Por aquel entonces, Gabo estaba más inspirado en el fútbol, pero la incompatibilidad de sus horarios con los  de clases lo llevó a inscribirse en la misma escuela de taekwondo que su hermano un año más tarde. 

  Su pasión por el taekwondo los ha llevado a obtener reconocimientos en torneos departamentales, nacionales e internacionales.

“Me gusta cómo practicamos y lo que nos enseñan a defendernos”, destaca Gabo.

El taekwondo es un arte marcial de origen coreano. Consiste en un combate entre dos contendientes que emplean golpes secos de puños y pies combinados con técnicas de salto. Disciplina y perseverancia son las cualidades de este arte noble, cuya práctica debe estar encaminada en la perfección de la técnica y el entrenamiento de la mente y el espíritu.

“Ellos no solamente entrenan el cuerpo, también entrenan el alma. Su filosofía es muy interesante porque el taekwondo no es para pelear, sino que es un instrumento de defensa en el que además trabajan el control de la mente. Más que a reaccionar ante una agresión, les enseñan a controlar”, cuenta Susana Arce, mamá de los  cinturones negros 1º Dan.

Al igual que en otras artes marciales, en el taekwondo existen cinturones que reflejan el grado de destreza alcanzado por el practicante. Cada cierto tiempo, los alumnos se someten a una evaluación para avanzar de grado. Este ascenso de categoría es simbolizado con un cinturón de diferentes colores: el primero es blanco y el último, negro. Una vez que el deportista alcanza el cinturón negro, el de máximo grado, puede seguir avanzando hasta llegar al 9º Dan, que es la calificación más alta.

En el campeonato internacional de Paraguay Santi y Gabo se hicieron con el primer y segundo puesto, respectivamente.

Jóvenes talentos

El amor, la pasión y la destreza  que ambos entregan y  demuestran en este deporte, con el tiempo ha retornado en forma de diplomas, medallas y copas de torneos departamentales, nacionales e internacionales.

Entre las competiciones más importantes que han disputado se encuentran los Juegos Panamericanos de Taekwondo ITF, desarrollados en Santiago del Estero (Argentina) en octubre de 2017 y el Campeonato Internacional Copa Paraguay, que tuvo lugar en julio de este año. 

Actualmente  se preparan para representar a Bolivia en el mundial de Argentina del próximo año.

En Argentina, Gabo se coronó campeón panamericano de su grupo en tul (formas) y matsogi (combate);  y santi subcampeón del suyo en las mismas modalidades. 

En Paraguay los dos volvieron a subir al podio después de un emocionante duelo de campeones. Inesperadamente, los hermanos se encontraron en el dojang para una final en la que juntos definieron la copa del primer puesto en combate, consagrándose  esta vez Santi campeón.

“En Paraguay los dos luchamos juntos, competimos entre los dos y los dos definimos la copa de primer puesto”, cuenta  Santi.

En esa ocasión, la emoción de sus rostros se reflejó en el de sus padres, seguidores incondicionales de la carrera deportiva de sus jóvenes talentos.

“Fue muy emocionante para ellos, para nosotros y para quienes estaban en el espacio de este grupo porque todos ubicaban ya que eran hermanos por la forma en la que entraron. De entrada era como: no quiero estar contigo pero voy a hacerlo. Lastimosamente uno de ellos se lesionó por una mala patada del otro, pero decidió continuar. Y fue muy emocionante porque al final no les importó el resultado.  Ganó uno, se abrazaron y empezaron a llorar”, relata Susana.

Santi y Gabo tras participar en el campeonato nacional de Tarija en 2017.

Después de mostrar su talento a diferentes niveles, los  gemelos ahora poseen un compromiso internacional aún mayor: representar a Bolivia en Argentina en la Copa del Mundo de Taekwondo 2020.

Para Santi, representar a su país es un honor, aunque reconoce que en las anteriores ocasiones que le ha tocado hacerlo se ha sentido “un poco triste” cuando ha quedado en segundo lugar y no ha logrado alcanzar la meta que quería.

A Gabo, sin embargo, no le importan tanto los puestos. Lo más importante para él es llevar el  rojo, el amarillo y el verde fuera de sus  fronteras y siente “mucho orgullo” al hacerlo.

Frente a este reto, Santi y Gabo   se  están esforzando “mucho” y están entrenándose “muy duro” junto con  su maestro Jacob Torres, a quien admiran y valoran como pieza fundamental para seguir mejorando sus resultados y alcanzar sus sueños.

Además,  cuentan con otros dos grandes maestros, sus papás, quienes los apoyan incesantemente en cada paso que dan. Siempre que se acerca un torneo, el salón y el jardín de casa se convierten en un dojang improvisado para que ellos se entrenen.

Aunque han comenzado a destacar desde una temprana edad, tienen constancia de que el camino no es fácil, pero no por ello dejan de perseguir sus metas con perseverancia, entrenamiento y convicción.

“Mi sueño era llegar hasta el último cinturón y quiero alcanzarlo, aunque faltan ocho más”, dice Gabo.

“Cuando era cinturón verde le dije a mi papá que seguro me iba a costar mucho porque tenía que pasar mucho tiempo entrenándome, pero con el ascenso (a cinturón negro)  ya tengo  otra motivación para esforzarme aún más. Ahora sé que puedo representar de nuevo a Bolivia, puedo ir a un mundial y puedo ganar, aunque también tenemos que ahorrar”, reconoce por su parte Santi.

Falta de apoyos

La Asociación Municipal de Taekwondo es la única reconocida en el ámbito nacional a todos los niveles, mientras que la ITF carece de este reconocimiento.

“En el taekwondo no hay un apoyo pleno de parte de las autoridades. Nosotros tenemos que generar el dinero para poder viajar y en nuestro caso es doble, por lo que es mucho más complicado y sacrificado. Pero  los apoyamos totalmente, a toda costa, para que sigan adelante”, sostiene Édgar, para quien es un “orgullo” ser papá de dos campeones.

Pese a las adversidades, estos padres luchan y hacen un gran esfuerzo -sobre todo económico- para que sus hijos puedan representar al país al menos una vez al año.

“Para el torneo de Paraguay muchos representantes pudieron ir en avión, pero a nosotros nos tocó viajar 36 horas en flota. Eso impide que el niño pueda rendir al 100%. Algo que otros países tienen muy bien manejado a nosotros nos toca hacerlo con pocos recursos”, lamenta Susana.