Minero, el mayor héroe

El 21 de diciembre de 1944, la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, reunida en congreso, fija el 21 de diciembre como el Día del Minero Boliviano.
jueves, 19 de diciembre de 2019 · 00:04

 Juan José Toro Montoya /  Potosí

Aun tomando en cuenta el periodo prehispánico, no existe un personaje en toda la historia de Bolivia que sea más heroico que el minero.

Y su heroicidad se basa en su naturaleza. Esencialmente, el minero es el obrero de las minas y éstas han sido, y continúan siendo, generadoras de riqueza. Los patrones, sean estatales o privados, procuran obtener el mayor beneficio posible de las minas y, para mayor utilidad, pagan bajos salarios a los mineros, quienes luchan constantemente por mejorar sus condiciones de vida. Tal ha sido la razón por la que los mineros se enfrentaron a sus patrones a lo largo de la historia.

La mayoría de los mineros hoy son cooperativistas.

El origen

A estas alturas del siglo XXI ya se sabe que el incario, e incluso las culturas anteriores, explotaron yacimientos mineros, pero con el fin de extraer minerales para fines religiosos. Los metales eran utilizados para labrar objetos de culto. La minería, como actividad económica, llega a nuestro continente por la codicia de los españoles, que buscaban oro y plata con desesperación.

La mina más importante de la Colonia española fue la de Potosí, pues su explotación determinó el surgimiento de ciudades que configuraron el territorio que hoy es Bolivia. A eso se sumó, a inicios del siglo XVI, el descubrimiento de yacimientos de plata en tierras de los Urus, que dio paso a la fundación de la Real Villa de San Felipe de Austria.

Y las minas plantearon el problema de su explotación. ¿Quiénes extraerían los minerales de Potosí y San Cristóbal? “No había riqueza sin minas, ni minas sin indios”, dijo el marqués de Castelfuerte.

Los mineros a su llegada  a Potosí, tras defender la patria.

Los indios fueron quienes se encargaron de extraer el mineral mediante un sistema de reclutamiento basado en el sistema de la mit’a. Como parte de las obligaciones tributarias impuestas por la corona española, los indios de entre 18 a 50 años estaban obligados a trabajar en las minas. En aquellos tiempos, en los que no existía ni la más mínima noción de seguridad industrial, ingresar a trabajar en ellas era prácticamente marchar a la muerte.

La mit’a se españolizó a mita y los indios que eran obligados a trabajar en ese sistema se llamaban mitayos. Fueron los primeros mineros del país que hoy se conoce como Bolivia.

 Así fueron recibidos en la Villa Imperial.

Las luchas

Los americanos acabaron con el yugo de la corona española en la Guerra de la Independencia. La Real Audiencia de Charcas se independizó el 6 de Agosto de 1825, pero la situación de los indios no varió sustancialmente.

Las minas que antes eran mandadas a trabajar por los españoles simplemente pasaron a otras manos. La lógica seguía siendo la misma: maximizar las utilidades minimizando los costos. Y el costo que se mantenía más bajo era el del salario de los mineros.

Al comenzar el siglo XX, las minas de Bolivia estaban en pocas manos. El estaño, de mayor utilidad para la fabricación de armas, había pasado a ser uno de los minerales con mayor cotización, más buscado incluso que la plata. Era el tiempo de Simón Iturri Patiño, Mauricio Hoschild y Carlos Víctor Aramayo, los barones del estaño.

Marcha de mineros que exigían la renuncia de Evo Morales a la Presidencia de Bolivia tras el fraude en las elecciones.

En su Historia del Movimiento Obrero Boliviano, Guillermo Lora muestra lo bajos que eran los salarios con el ejemplo de las planillas de la mina Pacuni, de la empresa Aramayo, donde el sueldo más alto era el de los perforistas, que ganaban 92,64 bolivianos diarios, mientras que el más bajo, de  39,61 bolivianos, era el de los peones. Para tener una mejor idea de esos sueldos, apuntemos que, por entonces, el dólar se cotizaba en 42 bolivianos y éstos eran los mejores salarios de la minería nacional.

Las luchas, entonces, eran por la sobrevivencia.

  Con muletas, Darío Cuiza espera que lo atiendan en el Hospital Obrero.

Las huelgas

Exigiendo mejores condiciones de vida, los mineros protestaban y el Ejército y la Policía salían en defensa de los intereses privados: los reprimían. Por ello, Bolivia tiene un largo historial de masacres que se prolonga a lo largo de todo el siglo XX.  La de 1942, que dio origen al Día del Minero, no fue simplemente una masacre, sino la cima de la ola de un conflicto que comenzó por la exigencia de mejores salarios. Los pliegos petitorios en ese sentido fueron presentados por el Sindicato de Trabajadores Mineros de Siglo XX y el de Oficios Varios de Catavi.

Siguiendo el ejemplo de sus compañeros del norte potosino, pedidos similares surgieron en otras minas. Así, el Sindicato de Metalúrgicos de la Compañía Minera Unificada del Cerro Potosí pidió aumento de salarios y lo propio ocurrió con los mineros de Oruro. “El 10 de octubre, la Federación Ferroviaria de Oruro lanzó su ultimátum”, apunta Lora.

De pronto, ferroviarios, gráficos y hasta maestros estaban en huelga. Los puntos álgidos del conflicto estaban en Huanuni, Catavi, Llallagua y Siglo XX. “La respuesta de las autoridades no fue otra que ‘poner coto a esos desmanes’”, agrega Lora.

A Franz Soraide la bala le ingresó por la axila.

María Barzola 

“El gobierno (de Enrique Peñaranda) había declarado zona bajo control militar a todas las minas”, escribió Carlos Mesa, apuntando que la huelga general de los mineros había comenzado el 14  de diciembre de 1942.

La respuesta de Peñaranda, como ya lo había hecho en Oruro y Potosí, fue el envío de tropas. Mesa detalla que el regimiento Ingavi, encabezado por el coronel Luis Cuenca, fue hasta Catavi y “el 21 de diciembre —en dos ocasiones— las tropas dispararon primero contra un grupo de mujeres que pretendía entrar a Catavi para reaprovisionarse de víveres y luego contra una masiva manifestación de protesta por las primeras muertes”.

Lora recoge el testimonio de Antonio Gaspar sobre aquel aciago día:  “A la cabeza de los que pedíamos pan estaban una anciana que llevaba la bandera nacional y ella recibió la primera descarga de metralla cayendo envuelta en los pliegues de la tricolor boliviana, y así fue que quienes pedíamos pan recibimos bala”.  

El autor de la Historia… agrega que “esa anciana no era otra que María Barzola y cuyo nombre ha sido enarbolado con fines proselitistas por gentes extrañas al proletariado, y ha concluido convirtiéndose en un símbolo del martirologio de la clase obrera”.

Día del minero

¿Cuántos murieron en la masacre de Catavi? Las cifras varían, desde las del gobierno, que reportó 19 personas, hasta las de historiadores que hablan de 400. En un  punto intermedio se ubican quienes dicen que fueron alrededor de 40. La cifra jamás podrá establecerse porque los soldados se apresuraron a enterrar o desaparecer muchos cadáveres.

La de Catavi no fue la única masacre de mineros. Entre otras que lograron ser consignadas por los historiadores destacan la de la noche de San Juan, en Llallagua y Siglo XX, en 1967, y la de Navidad, en Amayapampa, Capacirca y Lagunillas, en 1996.

Pero la que conmovió a la opinión pública internacional fue de la Catavi y motivó la caída de Peñaranda. Más tarde, el 21 de diciembre de 1944, la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, reunida en congreso, fija a esa fecha como el Día del Minero Boliviano.

Casi 10 años después, el 31 de octubre de 1952, se firma el decreto de nacionalización de las minas, quitando éstas de manos de los barones del estaño y poniéndolas a cargo del Estafo boliviano. El decreto fue firmado en el mismo lugar en que cayó María Barzola.

  Juan José Toro es presidente de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí.
 

Defensores de la democracia olvidados

A inicios de noviembre de 2019, Bolivia ardía por la indignación que provocó el fraude electoral más grande de su historia.

El entonces presidente, Evo Morales, había sido puesto en evidencia pero se aferraba al cargo con dientes y uñas. La gente había salido a las calles a protestar contra el fraude, pero en los bastiones del partido oficialista, el MAS, sus militantes,  se movilizaban para defender el resultado fraudulento que le daba la victoria a su líder y le abría la puerta para seguir gobernando por otros cinco años.

La Federación Departamental de Cooperativas Mineras (Fedecomin) de Potosí estaba cooptada por el MAS, pero sus bases pudieron más: forzaron a sus dirigentes a salir a las calles y, una vez en ellas, modificaron el final de la marcha y, en un mitin realizado en el Puente de la Dignidad, pidieron la renuncia de Evo Morales.

Después, siempre presionando a sus dirigentes, iniciaron la marcha a La Paz en caravanas de decenas de buses. El objetivo era llegar a la sede de Gobierno a forzar la renuncia del presidente fraudulento.

Pero los masistas apostados a la vera de los caminos, en los bastiones de ese partido, lo impidieron a sangre y fuego. Atacaron los buses en Vila Vila y plaza Verde, a la altura de Challapata. En la primera emboscada secuestraron a 14 personas y en la segunda hirieron a seis, todos mineros.

Franz Soraide, Rafael Moscoso, Mijael Medina, Darío Cuiza y Javier Gutiérrez tienen heridas de bala, mientras que Ramiro Ugarte perdió las dos manos por explosión de dinamita. Ninguno puede volver a trabajar en la mina.

Fueron hasta La Paz a defender la democracia y resultaron inutilizados de por vida. Fueron emboscados y baleados el 10 de noviembre. Mientras se recuperaban de sus heridas, Evo Morales renunciaba a la Presidencia. Consiguieron su objetivo pero no aparecen en los informes sobre los sucesos posteriores al fraude y, hasta ahora, no fueron reconocidos por las autoridades.
 

 

 

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