La máquina de escribir que “contó” al mundo los primeros momentos de la Revolución Cubana

Del equipo salieron las primeras noticias sobre la revolución del 1 de enero de 1959 encabezada por Fidel Castro. Fue usada por un corresponsal de la AFP, del cual hasta ahora no se tiene la certeza de su identidad. La máquina es conservada como una reliquia.
martes, 05 de febrero de 2019 · 00:04

Katell Abiven  /  La Habana

Llamó mi atención tan pronto como llegué a la oficina de La Habana: una máquina de escribir Underwood, originaria de otra época, otro siglo, pero mantenida en perfectas condiciones y elegantemente acomodada sobre un estante.

No me sorprendió. En Cuba, uno se acostumbra rápidamente a cruzarse con reliquias del pasado, ya sean enormes autos estadounidenses de los años 50 o motos con sidecar rusas de los 70.

Me pregunté qué secretos contenía esta máquina, qué historias podrían haber sido escritas en ella, qué primicias habrían tomado forma gracias a sus teclas redondas y cromadas que parecían tan difíciles de manejar.

La respuesta llegó mientras preparaba con mis colegas un dossier sobre los 60 años de la Revolución Cubana, que se celebraron el 1 de enero: la Underwood se usó para contar las primeras páginas de este histórico evento.

Para averiguarlo, seguí el rastro de Jean Huteau. Sabía que este gran nombre de la AFP, quien murió en 2003, fue el encargado de abrir en 1960 la oficina de La Habana. Pero, ¿quién estaba allí a principios de 1959, cuando los revolucionarios liderados por Fidel Castro derrocaron al dictador Fulgencio Batista?

“El presidente Batista ha abandonado el país”. Todo comenzó con este flash del 1 de enero de 1959, de cuyo documento original el departamento de archivos de París me envió una copia escaneada, junto a otros despachos de la época. Intrigada, me pregunté quién habría escrito estas líneas. Gradualmente, llegué a la idea de contar cómo AFP cubrió la Revolución Cubana. Pensé que era fácil descubrir quién estaba detrás de ese flash mítico y los primeros artículos relacionados con la epopeya castrista: ¡error! Entonces, los despachos no incluían el nombre de su autor, ni sus iniciales.

Pero su estilo es encantador: además de los “comunicados oficiales”, se cita “información de fuentes confiables” y “numerosos rumores de carácter político y militar”. También surgen detalles rocambolescos: uno se entera de que un amigo cercano de Batista “fue detenido en el momento en que, disfrazado de religioso, intentaba ingresar a una embajada”.

“Es muy difícil verificar todos los rumores que circulan”, escribe el periodista, desconcertado.

Pero logra unirse a la caravana del ejército rebelde, que cruza la isla de Santiago de Cuba (sureste) a La Habana, y el 8 de enero escribe con orgullo: “El corresponsal de la AFP ha ingresado a Matanzas  con las tropas de  Castro”. Así surge su oportunidad de obtener una entrevista “exclusiva e improvisada” con el líder de la revolución, de quien evoca su “cara barbuda y ahora legendaria”.

Cuba se volvió interesante

Una búsqueda en internet me permitió comunicarme con la hija de Jean Huteau, Marianne, quien vive cerca de París y aceptó hablar conmigo por teléfono. De inmediato me advirtió que su padre nunca le “habló mucho” sobre su trabajo en Cuba. “Fue una generación que no dijo mucho, no se ponía primero”. Me contó que él estudiaba medicina cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y cuando el conflicto terminó se fue a “comenzar una nueva vida en Buenos Aires”.

Allí trabajó como corresponsal para periódicos franceses, antes de ser contratado en 1958 como freelancer por la oficina de AFP.

Henri Pigeat, director Ejecutivo de AFP de 1979 a 1986, me contó que Huteau le tomó gusto al periodismo al trabajar en Indochina, en 1946-47, para la oficina de relaciones públicas del Ejército. “Cuando Cuba se volvió interesante, fue enviado allí como refuerzo. Antes, no había nada que contar”, dice.

Foto del “flash”  publicado por la AFP  el 1 de enero de 1959.

“Primero fue como un enviado especial” solo, antes de traer a su esposa y sus tres hijos –me explica Marianne– quien era una niña en ese momento. La llegada no fue fácil: el toque de queda seguía en vigor, las escuelas estaban cerradas… y su mascota Toani, un cocker spaniel, huyó durante el ataque a la Bahía de Cochinos (1961). Marianne recuerda “días enteros en la playa”, dificultades para encontrar algo para comer y que su hermano mayor, de 15 años, “quería ser parte de la revolución”.

Después de un tiempo, la esposa de Huteau “consiguió permiso para ir a Miami” con los niños y él se quedó solo. 

   La primicia de  los misiles

Un exdirector de la oficina de La Habana (1979-1981), Jacques Thomet, me cuenta en un mail información esencial: Huteau le dijo “que había escrito sus papeles en la vieja máquina de escribir”. Inmediatamente dejo mi silla para ver de cerca esta antigüedad, con la que Huteau escribió varias primicias…

Pigeat me cuenta una: “Fue uno de los primeros periodistas en reportar los cohetes” rusos en octubre de 1962, cuando estalló la famosa “Crisis de los misiles”.

Pero todo esto no me dice si él era quien estaba en La Habana en enero de 1959. Su hija Marianne así lo cree –al igual que varios exdirectores de la oficina–, pero no hay rastro de este viaje en los viejos pasaportes de su padre.

Un libro escrito por el mismo Huteau con Bernard Ullmann, Una historia de la Agencia France-Presse, explica que en ese momento “un exprofesor de la escuela de periodismo de La Habana, Carlos Téllez, se encarga no sólo de la correspondencia de AFP, sino también de la de Reuters”.

Al examinar los despachos de enero de 1959, veo que a veces están firmados  por “un corresponsal de la AFP” y otras por un “enviado especial”. Si Téllez era el corresponsal, ¿quién era el misterioso enviado especial?

En La Habana  no es raro cruzarse con reliquias, como este vehículo.

 Una gran carpeta amarillenta

Es una verdadera mina de oro: Huteau guardó meticulosamente todas las cartas enviadas a la AFP durante sus años en La Habana. Está mencionada su presencia “en Cuba desde el 1 de septiembre de 1959”. Me queda saber quién fue el enviado especial antes de esa fecha.

Casi olvido el propósito de mi gran investigación (en la oficina, mis colegas ahora me llaman “Sherlock Holmes”) al dejarme atrapar por estos testimonios que describen otra Cuba, otro periodismo y… otra Agencia France-Presse.  Huteau recibe regularmente un “Control de información” en el que su cobertura se compara escrupulosamente con la de la competencia. “En general, su servicio es muy bueno, completo y claramente escrito”, escribió AFP en marzo de 1961.

“Si su reproducción no siempre es tan satisfactoria como cabría esperar a juzgar por su calidad es, creemos, debido al retraso en la transmisión entre La Habana y Nueva York, que rara vez es inferior a una hora y con frecuencia superior a dos horas”.

Huteau resaltó en rojo los elogios, pero también la palabra “retrasos”, que debieron causarle muchas frustraciones.

Algunos retoques

Más interesante aún es esta carta del 19 de agosto de 1961: “Estimado señor, como solicitó (…), el departamento de control de información comparó cuidadosamente los originales de sus despachos adjuntos a estas cartas con los textos que nos llegaron”.

Huteau no recibía el cable de los despachos AFP, por ende, era imposible para él saber si lo que escribía se modificaba. Pero sospechaba una distorsión de sus palabras cuando eran transmitidas por telegrama desde La Habana. Y tenía razón, como lo muestra el correo enviado por París: “Hemos observado muchas alteraciones que van desde cambios inofensivos y, a veces, puramente formales, hasta la eliminación de ciertos pasajes y mensajes completos o sustituciones por textos tendenciosos”.

Un cubano  en La Habana lee la noticia de la muerte de Fidel.

La palabra “anticastrista” había sido reemplazada por “mercenarios” –terminología de las autoridades cubanas–, el líder “comunista” se había vuelto “de izquierda” y la referencia a “escasez de alimentos” simplemente se había borrado.

Entrevistado por Reporteros sin Fronteras en 2003, Huteau expresó su indignación no sólo por esta censura (obviamente a cargo de los empleados de Western Union, responsables de transmitir los telegramas, por orden del gobierno), sino también por AFP: “Estaba furioso. Y estupefacto de ver que mis colegas de París hayan pensado por un segundo que yo había escrito eso”.

Ya en enero de 1959, el corresponsal Téllez había notado la creciente desconfianza de las nuevas autoridades hacia los periodistas extranjeros. Fidel Castro había invitado a 350 de todo el mundo para cubrir los juicios a los hombres de Batista. Pero, “decepcionado” por las críticas en el extranjero sobre estos procesamientos expeditivos, el líder revolucionario finalmente prohibió su transmisión en televisión y radio.

Fidel   y  revolucionarios entrando a Cienfuegos, el 4 de enero de 1959.

La pieza que faltaba

En septiembre de 1962, Huteau incluso recibió una carta de las autoridades cubanas que le prohibían temporalmente, así como a todos los corresponsales extranjeros acreditados, que “dejaran el perímetro de la ciudad de La Habana sin autorización previa” de las autoridades. Dos reporteros británicos fueron deportados después de desobedecer. Cuando estoy a punto de completar mi despacho contando cómo AFP cubrió el advenimiento de la Revolución, recibo in extremis información de otro exmiembro de la agencia: Yves Gacon, exdirector para América Latina. “Después de la victoria de Castro, un periodista de AFP, Jean Allary, jefe del servicio político y diplomático, efectuará reportajes en Cuba durante la primera mitad de 1959. Podemos fechar sus informes porque Allary murió en un accidente aéreo entre Bogotá y Lima en junio de 1959”, me escribe.

¡La pieza que faltaba! Es muy probable que Allary fuera quien describió los primeros pasos de la revolución, antes de ser reemplazado unos meses después por Huteau.

 

 

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