Vivir con diabetes sin perder el gusto por los sabores de la vida

Sandra Verduguez es comunicadora social que vive con diabetes y se dedica a la educación para vivir con esa enfermedad, respetando los gustos culinarios de los paceños.
sábado, 09 de febrero de 2019 · 00:04

 Ivone Juárez /  La Paz 

José (nombre ficticio) es diabético. Es chofer de transporte público en la ciudad de La Paz  y como toda persona dedicada a ese oficio,  su actividad física es prácticamente nula y, como un  típico paceño, su dieta está basada en carbohidratos, los principales alimentos que incrementan los niveles de azúcar en la sangre, lo que desencadena la diabetes.

Como la mayoría de las personas que son diagnosticadas con este problema de salud, salió devastado del consultorio médico donde le dieron la noticia. Le dijeron que debía modificar todos sus hábitos de vida, empezando por su  dieta diaria, por los alimentos que consume,  que, por su oficio  no siempre los ingiere en su hogar,  sino en  las pensiones o puestos de comida que encuentra en las paradas.

 Fotos: Víctor Gutiérrez / Página Siete y archivo Página Siete

 Sin embargo, dio con la Escuela de Diabetes, que funciona en el Hospital San Gabriel de Villa Copacabana  y en la calle 21 de Calacoto, en la zona Sur de La Paz.   Allí se enteró que para controlar los niveles de azúcar en su sangre no tiene porqué   dejar de comer carbohidratos y otros alimentos que son la base de su dieta, sino que tiene que aprender a medir su cantidad.

  Aprendió que, por ejemplo, si le gusta como almuerzo la  sopita de maní y el silpancho que sirve su casera, no tiene por qué renunciar a ese gustito, pero debe medirlo. Por ejemplo, con la sopa, que viene con fideos  y papa, tiene que elegir   uno de esos carbohidratos. En el caso del silpancho,  pedirá que le bajen la cantidad de arroz. Puede comer la carne y la ensalada, igual que el huevo, sólo que  pedirá que lo frían sin aceite.

En el caso de que  se antoje de  desayuno una tasa de café con leche, acompañado de una marraqueta untada con mantequilla o mermelada. Pedirá a su casera que su taza sea mitad agua y mitad leche, con el café, y que no le ponga azúcar, porque él le pondrá un edulcorante. Podrá seguir con el pan con mantequilla y mermelada, pero se llevará al puesto pan negro para que  le unten sólo uno de esos acompañantes y en poca cantidad.

José tiene que aplicar estas medidas con cada una de las seis comidas que debe ingerir al día. Si le gusta tomarse un jugo de frutas, es mejor que se coma la fruta que eligió picada,  sin licuarla, para que ésta no pierda la fibra que ayuda a controlar  que el nivel de azúcar en su sangre suba.

Además en las noches, después de trabajar, cuando deja su minibús en el garaje,  él decidió caminar hacia  su casa y así hacer el ejercicio físico que no puede realizar en el día.  

“Son costumbres y hábitos que uno aprende para vivir con diabetes y controlar la enfermedad”, dice  Sandra Verduguez, educadora de la Escuela de Diabetes.  La comunicadora social vive hace 25 años con esta enfermedad, que le fue detectada cuando estaba embarazada. Gran  parte de su vida la dedicó a educar sobre este mal a las personas que lo padecen.   

“La educación sobre la diabetes es fundamental para su tratamiento y para prevenir sus  complicaciones, que pueden llevar a la ceguera, a un infarto cardiaco, a la insuficiencia  renal y hasta a la amputación de un miembro”, dice Verduguez.

“Si se aprende a ser carpintero, a ser periodista, por qué no aprender a vivir con diabetes, a cuidarse: medir la cantidad de carbohidratos que se consume, medir el nivel de azúcar en la sangre, eso salva la vida”, añade.

Sesiones de información

Sandra Verduguez explica que en la Escuela de Diabetes, los pacientes reciben cuatro sesiones, en las que se les  informa sobre su enfermedad, se les da apoyo emocional -porque la mayoría llega con un alto nivel de depresión-  y  enseña cómo controlar la enfermedad. Enseguida los profesionales que trabajan en la institución indagan sobre la vida del paciente, sus hábitos y el  tipo de comida que le gusta. 

“Sobre esa realidad, su propia realidad, le damos las herramientas para que controle su enfermedad y la persona pueda llevar una vida normal y productiva. Al final la persona no cambia de vida, sino que la adecúa a su enfermedad y la puede controlar”, señala Verduguez, que se formó como educadora en diabetes en Argentina. 

Lamentablemente en Bolivia, donde al menos un millón de personas sufre este mal, la educación en diabetes aún no forma parte del tratamiento de la enfermedad; sin embargo, Sandra Verduguez y su equipo lograron acercarse a la Sociedad de Endocrinología, donde se encuentran los médicos que tratan ese mal. También llegaron a  la Sociedad de Medicina Interna.

“La persona con diabetes que no está educada depende del médico y no aprende a tomar decisiones responsables para controlar su enfermedad. Un persona que está informada no tiene complicaciones, le cuesta menos al Estado porque pueden llevar una vida productiva como cualquier otro”, afirma.  

La diabetes es un padecimiento que se produce porque el organismo no genera la cantidad suficiente de insulina (hormona producida por el páncreas) para llevar la energía de los alimentos a cada una de las células. 

“Por el gran incremento de casos, la diabetes se ha convertido en un problema de salud pública. Actualmente se la considera como una condición de vida”. se lee en un estudio realizado por la Escuela de Diabetes de La Paz.

Desinformación

La Escuela  de Diabetes realizó en 2018  un estudio con 48 pacientes que llegaron hasta sus consultorios. El documento indica que menos del 25% de los pacientes que se atendió  escuchó sobre la enfermedad. Mientras que los que sí lo hicieron tienen información errada sobre las razones que la provocan.

“Menos de la cuarta parte de las personas con diabetes escucharon hablar de la enfermedad  antes de su diagnóstico. Si bien escucharon hablar de ella, no tenían una idea exacta de lo que significa. Asocian la enfermedad al abuso del azúcar, a los sustos, preocupaciones o el estrés”, se lee en el informe. 

“No tienen  conocimiento acerca de las circunstancias que elevan o bajan los niveles de azúcar en la sangre, tampoco existe  una idea clara sobre la acción de los medicamentos; la mayoría cree que funcionan igual que un antibiótico y que una vez que el azúcar vuelve a los niveles normales, se pueden dejar de tomar”, añade el estudio.

 

Mitos de  la  diabetes

  • Falso  La insulina no provoca ceguera ni afecta a los riñones.
  • Falso  La diabetes no es desatada por un susto, por el estrés o por el consumo excesivo de azúcar.
  • Falso  Los medicamentos para este mal no tienen la propiedad de los antibióticos. 
  • Falso  Una vez que baja  el nivel de azúcar en la sangre se puede dejar de tomar los medicamentos recetados por el médico.
  • Falso  La diabetes se controla, no es una enfermedad que “no tiene cura”.
     

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