El estilo de Gladyz, desde Brasil hasta El Alto

Tiene 28 años e inauguró su segundo salón. Le dio vueltas a la vida, pero acabó siguiendo el oficio de su padre. Quiere prestar el servicio a domicilio, como lo hizo en Brasil.
miércoles, 13 de marzo de 2019 · 00:04

Ivone Juárez /  La Paz

Gladyz Espejo Calle   se negaba a seguir el oficio de su padre  Brigildo Espejo, la peluquería. Tenía 18 años, estaba a punto de terminar el colegio  cuando se lo dejó claro con toda la  contundencia que hasta ahora la caracteriza. Además, estaba muy entusiasmada y ocupada con sus responsabilidades de dirigente estudiantil en la ciudad de El Alto. La actividad política la tenía cautivada: era dinámica y desafiante, justo para ella.

Pero un día recibió un documento que decía que estaba suspendida de su cargo dirigencial. “Me dio tanta rabia, me había dedicado tanto al trabajo y no lo reconocían. No quise saber nada más y lo dejé todo, sin mirar atrás”, afirma la joven de 28 años  mientras comienza a peinar a una de sus clientes que la espera.

Gladyz  con su papá   Brigildo Espejo.

Como si volviera a sentir esa decepción de hace 10 años, esas palabras le salen de muy adentro y las pronuncia con tal énfasis que transmiten la desazón que debió sentir  en ese momento. 

Recuerda que  acto seguido, después de recibir esa noticia tan ingrata,  estaba en un instituto de El Alto  inscribiéndose para estudiar peinados.

 Guiada por un impulso o por la insistencia de  su padre, que se había dedicado a la peluquería para mantener a su familia cuando  salieron de Nazacara (provincia Pacajes) rumbo a El Alto (ella con dos años de vida), estaba tomando el camino que sigue hasta ahora  y con mucho éxito.    

La cholita  estilista  trabaja con 10 profesionales.

 “Era lo básico lo que se enseñaba  en peinados, cortes y tintes, pero  no me importó. Aprendí lo básico en esos dos años que estuve en el instituto y en los trabajos que tuve”, recuerda la joven mientras sus manos “vuelan” entre  los cabellos largos de su cliente, convirtiendo cada mechón que enrosca  a un plancha de cabello en unos rizos brillantes. 

 Activa como es,  buscó un trabajo para practicar lo  que aprendía en el instituto  y llegó a un salón de belleza  en la zona del Cementerio de la ciudad de La Paz.

Trabajó unos cuantos meses y cuando terminó los cursos de peinados,  inmediatamente abrió su salón de belleza. “Quería algo propio y  monté el salón. Me iba bien, tenía mi clientela pero quería algo más”, dice. 

 En el salón  también  se atiende a varones.

Ese impulso, sin quererlo, le hizo, nuevamente, intentar   alejarse de la peluquería y en 2012    decidió salir de El Alto, de La Paz, del país  y se fue a Brasil. “Tomé la decisión de irme porque no tenía hijos, era más    joven, así que podía hacer cualquier cosa”, cuenta. 

Sonríe mientras recuerda sus primeros meses en ese país, donde la  opción era trabajar en los talleres de costura, a donde llega la mayoría de los bolivianos. Y tomó ese trabajo, “pero era tan aburrido porque  tenías que estar todo el tiempo sentada, quieta”. “¡No! Para mí era una tortura porque  yo necesito estar en movimiento”, afirma y en seguida lanza un “¡yaaa!”, con lo  que termina de mostrar su personalidad extrovertida y sociable.

“Encontré trabajo en una consultoría en la que  se hacían trámites para bolivianos. Eso me gustó más porque estaba en contacto con la gente. Soy muy sociable y eso me abrió otras puertas y el idioma no era gran problema, el portugués me resultaba fácil  y me comunicaba muy bien con los brasileños”, añade.

 “Me arreglaba bien y me salía bien producida”, continúa, mientras suelta otra risa, sin dejar de rizar el largo pelo de su cliente. 

Gladyz   tiene 28 años  y arregla su sombrero borsalino antes de comenzar a trabajar.

 De nuevo la peluquería

  Pero Gladyz necesitaba algo más a qué dedicarse en Brasil, así que decidió retomar algo que había dejado inconcluso: la peluquería. Logró ingresar a salones de belleza en Brasil, donde aprendió muchas más técnicas de las que había conocido en El Alto. Además, aprendió a maquillar de manera profesional, lo que la hizo sentirse segura para animarse a prestar sus servicios a domicilio.

 “En Brasil, en las casas, mínimo habitan unas cinco o seis personas, así que a veces  me quedaba en una vivienda todo el día, cortando el pelo, peinando y haciendo tintes a toda la familia”, recuerda.

Conseguía trabajo poniendo anuncios en una radio cristiana. “Como estrategia elegí las radios cristianas. Nos llamaban de diferentes sectores y gracias a Dios nunca me pasó nada”, afirma.

El equipo  de profesionales  que colabora con Gladyz Espejo.

Galdyz  estuvo dos años practicando las diferentes técnicas de la peluquería y el maquillaje  a domicilio cuando, en 2014, decidió regresar a Bolivia. Su gran motivo era el nacimiento de su hijo  John Alberh.

  “Cuando regresé a Bolivia las cosas se pusieron muy difíciles para mí. Nació mi hijito y ahora tenía una responsabilidad bien importante. Tenía que hacer algo para sostenerme económicamente y decidí hacer lo que sabía hacer: la peluquería”, dice.

Como siempre, esta joven miró alto y eligió el cruce Villa Adela, en El Alto, donde se encuentra una de las zonas de peluquerías más importantes de la urbe alteña, para montar nuevamente su salón de belleza: Gladyz G, pero ahora como estilista. 

Sola, con su bebé en brazos, se puso manos a la obra, realizando incluso las instalaciones de plomería y electricidad de su salón.  

“Mi familia me cuestionaba y me preguntaba  si iba a trabajar o  cuidar a mi hijo, pero yo, con mi capricho, hice las dos cosas. Y creo que mi papá no  tenía fe a lo que yo hacía”, comenta.

 Y a los cuatro años de haber  inaugurado su primer salón en Villa Adela, hace unas semanas abrió el segundo Gladyz G, que está en otra de las zonas más comerciales de El Alto: Nueva Alianza. Su papá Brigildo ya conoce su segundo local. “Ahora él ya cree en mí y me dice: ‘Yo te dije’”, revela la cholita estilista.

 

El sueño: la peluquería a domicilio 

Con su nombre y sus apellidos tatuados en su antebrazo derecho,  Gladyz Espejo Calle es una referencia de la peluquería y el maquillaje en el cruce de Villa Adela, en la ciudad de El Alto, donde las peluquerías proliferan, una al lado de otra. Tiene su salón de belleza en el lugar, Estilo G (de Gladyz)  y es uno de los más concurridos.

“Siempre tengo clientes. La gente me busca, me espera, seguro porque siempre se van contentos, y ese es el secreto: cliente satisfecho, cliente que regresa”, afirma la joven de 28 años.

  Asegura que su secreto es su trabajo profesional y el trato que da a sus clientes. “La gente busca un lugar donde le hagan un buen trabajo, pero también donde sentirse cómoda, en paz, tranquila, y yo aprendí eso, y lo doy en mi salón”, asegura la cholita estilista que tiene a su cargo a más de 10 profesionales que trabajan con ella.

 Y esa fama que tiene en el cruce Villa Adela la quiere  instaurar en el centro comercial Nueva Alianza, una de las zonas comerciales más importantes de El Alto. Ahí montó su segundo Estilo G. “Aquí tenemos más espacio y podemos dar más servicios”, asegura.

Su carta de presentación es la misma que tiene en Villa Adela: es la experiencia que ganó en Brasil, donde durante más de dos años se especializó en cortes, tintes de pelo y maquillaje profesional.

“Allá aprendí a trabajar con  químicos para el pelo que recién se están conociendo en Bolivia, como el bótox y  la  keratina”, afirma.  En cuanto al maquillaje, asegura que aprendió técnicas que dominan los mejores estilistas, entre ellos   homosexuales, que gozan de gran prestigio.

  “Son muy  detallistas con el maquillaje. Su estilo es discreto pero resalta los mejores rasgos de las personas. Además, son muy exigentes y eso me ayudó a perfeccionar mi trabajo”, dice.

Como en Brasil incursionó en el servicio a domicilio, quiere continuar esa experiencia en Bolivia. 

“Pienso en montar un salón de belleza, un SPA completo, en un movilidad e ir por todas partes prestando el servicios: por El Alto, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. Ese es mi sueño y voy a hacer todo por alcanzarlo”, afirma Gladyz Espejo Calle.

 

 

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