El Carnaval y la música en los Andes

El Carnaval es un tiempo de música, fiesta, regocijo y agradecimiento a las deidades del panteón andino, pero principalmente a la Pachamama, diosa de fertilidad y la producción agrícola en los Andes.
jueves, 07 de marzo de 2019 · 00:04

Marco Antonio Flores Peca  /  Potosí

Las diversas culturas que habitan los Andes de Bolivia, cuya visión es agrocéntrica, tienen a los ciclos agrícolas anuales como principales rectores de sus principales manifestaciones sociales y culturales. Así, el Carnaval es un tiempo de música, fiesta, regocijo y agradecimiento a las deidades del panteón andino, pero principalmente a la Pachamama, diosa de fertilidad y la producción agrícola.  

Fotos archivo El Potosí

En las regiones andinas, la interpretación de uno u otro instrumento musical tiene su propio tiempo y espacio, además de un profundo sentido simbólico. De manera general, en el tiempo de secas (3 de mayo al 1 de noviembre) se interpretan instrumentos de viento (jula julas, sikus, surisikus, etcétera); mientras que en el Jallupacha (tiempo de lluvias), al cual corresponde la celebración de Carnaval, se interpreta la melodiosa música proveniente de los instrumentos del tiempo de agua como ser: las tarkas o anatas, pinquillos, rollanos, lawatos, y erkes entre otros. 

Según Arnaud Gerard, los pinkillos y tarkas “son tocados exclusivamente en la estación de lluvias, desde un poco antes de la fiesta de Todos los Santos, de noviembre, hasta el Carnaval, en febrero o marzo. Se dice que su sonido atrae la lluvia y aleja la helada y la granizada y, a veces, en periodos de sequía se tocan toda la noche hasta la madrugada”.

Ayachiri, música de muerte y  vida

El ayarachi es un instrumento aerófono de tipo unitario y, según Enrique A. Cuentas Ormachea,  su denominación, proviene de las voces quechuas y aymaras aya, espíritu (muerto),  ara,  fuerza vital, y hachi. Es decir que podría entenderse como “el llanto de la fuerza vital del difunto”. Este es un instrumento ejecutado por excelencia en la celebración de Todos los Santos, aunque también es ejecutado en Carnavales; es decir que se interpreta en la temporada de secas y en la temporada de lluvias. 

Según la visión andina, existe una relación opuesta y complementaria entre estas dos celebraciones; así, en Todos los Santos, tiempo de siembra,  las energías vitales de los difuntos (ajayus), ingresan al Ukhupacha (mundo espiritual subterráneo) para producir vida, fertilizar los campos de cultivo y atraer las lluvias. Mientras que en Carnaval, tiempo de cosecha, las energías de los muertos y las deidades relacionadas con  la producción, otorgan sus bienes a los vivos que celebran la abundancia  de alimentos proveídos. 

Música y  sirenas en Carnavales

Según la versión de varias personas, las melodías andinas de tintes monótonos y fuerza intensa son el resultado de la expresión  creativa de los músicos de cada comunidad, pero también son un obsequio de deidades pisciformes del escenario  andino. Según varios cronistas, estudiados por Paola Revilla, en los albores de la conquista española, los  indígenas jóvenes de las zonas lacustres dejaban sus instrumentos cerca del agua, además de interpretar suaves melodías a las deidades femeninas pisciformes, quienes, a cambio, encantaban los instrumentos, permitiendo a los jóvenes músicos tañer sonidos agradables para conquistar a las mujeres.

Estas deidades, confundidas con las sirenas por los conquistadores españoles y entendidas como sirinus por los indígenas, se encuentran asociadas con la abundancia en la producción piscícola, pero también con la música andina, como se puede apreciar en las singulares representaciones artísticas, en las que se encuentra sirenas tocando algún instrumento musical. 

Según la tradición, antes de la celebración de Carnaval, las personas deben llevar sus instrumentos musicales hacia algunos arroyos o cuevas, donde se encuentra el sirinu; es decir, es necesario serenar los instrumentos. El sirinu o sirena que habita en estos desolados lugares afina los instrumentos, dotándoles de un sonido encantador, además que, a través del viento, el agua y demás sonidos de la naturaleza, inspira al músico para la composición de la melodía  (huayño) que será ejecutada una y otra vez durante las celebraciones de carnavales. 

En ese sentido,  la música del tiempo de Carnavales es un elemento indispensable de comunión entre las personas y las deidades, reflejando un conjunto de significados culturales.

La música de Carnavales es de carácter festivo pues acompaña los movimientos rítmicos de los danzarines y las canciones, cuyas melodías buscan agradecer a las deidades que participan en la producción agrícola.

Marco Antonio Flores es vicepresidente de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí.

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