Óscar Únzaga: perfil de un predestinado

¿Cuál era el pensar/actuar de un político que permanentemente tuvo una vida que osciló entre lo extremo insólito y las situaciones límite? Todo aquello que inducen a la decisión fatal.
viernes, 19 de abril de 2019 · 00:04

Eduardo Ascarrunz /  La Paz
 

¿Quién era usted, camarada Únzaga?

¿El místico mayor de una generación transgresora del siglo XX boliviano? Ni duda cabe. ¿Un predestinado nacido para líder, capaz de dar la vida y hasta quitársela antes que caer en manos enemigas? Los hechos avalan este extremo. ¿Un aventurero soñador que vivió en la esperanza de llegar a ser un recuerdo? Sí, hasta hoy, seis décadas después de su muerte hay una viejinueva camada partidaria reuniendo firmas para recuperar la sigla tras caer la Falange y casi esfumarse en su rodada, allá por las décadas 60 y 70. 

Los que lo conocieron de cerca, reconocen en usted a un hombre de una curiosa, mística devoción a sus ideas políticas y religiosas, “símbolo de una generación idealista y rebelde, que quizás no comprendió la magnitud de los cambios que se realizaron en el país desde 1952”, dicen: “Pero fue coherente con sus ideas y sus principios”. 

A continuación voy a ensayar un perfil suyo, con pretensiones de retrato a mano alzada y el auxilio de pinceladas documentales que han recreado su tránsito por esta vida, logrando trascenderla:

Hijo del coronel Camilo Únzaga y de doña Rebeca de la Vega, nació el 19 de abril de 1916, en Cochabamba, anota Carlos Tito Gallardo Lavadenz: Quedó huérfano de padre a sus 15 años. Cursó estudios primarios en la Escuela Fiscal Crisóstomo Carrillo de Cochabamba y se graduó de bachiller en el Colegio Nacional Sucre de la misma ciudad, donde ocupó una cátedra para costear sus estudios.

En sus años colegiales presidió el Centro Estudiantil, en Sucre, y creó el Centro de Escritores de Cochabamba. Siendo estudiante de Agronomía, en Santiago de Chile, a sus 21 años, el 15 de agosto de 1937 fundó la Falange Socialista Boliviana, proclamando la necesidad de instaurar en su patria el Nuevo Estado Boliviano.

Ideólogo y político:  “Fue el padre del nacionalismo boliviano y del socialismo bolivianista”, dice Remy Solares, estudioso militante falangista; “fue candidato presidencial en 1956 y autor de la tesis del Nuevo Estado Boliviano”. Ciertamente, usted fue una individualidad política muy especial, destacando nítidamente entre sus camaradas. No  en vano fue que llegando a la Presidencia de la República, Hernán Siles Zuazo le ofreció participación activa en el nuevo orden instaurado. Rechazó la invitación y de una manera maniquea en agosto de 1952 emitió un mensaje desde la clandestinidad, donde sostuvo que el proceso revolucionario había desvirtuado sus principios originales. El Gobierno respondió brutalmente: cientos de falangistas fueron internados en los centros de suplicio de Ñanderoga, Curahuara de Carangas y Corocoro. 

Óscar Únzaga (centro)  y dos de los fundadores de la Falange.

Escritor: Autor de libros inexplicablemente inéditos hasta hoy: Creación de Bolivia, Biografía de Bolívar, Tupaj Katari y Yo seré asesinado, elaboró textos sobre reivindicaciones sociales, acusando a la oligarquía minera de “los barones del estaño”: Mauricio Hochschild, Simón I. Patiño y Carlos Víctor Aramayo.

Místico: Como ningún otro en su tiempo, enarboló “la creación del Alma Nacional, la grandeza y la unidad de la Patria, con base en la solidaridad de clase”. Fue un predestinado capaz de dar la vida por sus ideales, así sea por mano propia en situaciones límite, como la del aciago 19 de abril de 1969.

Poeta: “Imagen vaporosa que se lleva y trae el viento de un confín a otro”, dice de usted Heberto Arduz Ruiz: “Ventarrón romántico en nuestra historia republicana que ha removido el pensar/sentir de la juventud boliviana. Alejado de intereses mezquinos, puramente materialistas de otros seres vacuos, alcanzó la cima del hombre líder, ejemplo de constancia, abnegación y patriotismo. Alma impregnada de idealismo puro y de raciocinio elevado en pos de un mejor destino para la patria”.

Estando desterrado en Chile, en 1950 obtuvo el primer premio de los Juegos Florales realizados en la ciudad de La Paz, con su poema Canto a la juventud. Cito un fragmento, en tercera persona del singular: 

Desprecia la inercia y la molicie

“quien no lucha no es digno de la vida”. El agua cristalina se empantana si no corre o se agita en la cascada. 

  Toma un ideal y plántalo muy hondo pero muy hondo dentro de tu propia vida.

Y en sus días postreros, elevó un Canto a la Patria. Aquí una estrofa: Grito de piedras y metales. 

Ternura en las palabras. 

Y en medio del desierto de la nada en una senda florida nace la esperanza. 

¡Todo esto es nuestro, bolivianos un resurgir pretérito de espadas:  ternura de cariño y sangre de palabra! 

¡Bendito sea Dios por darnos tanto!  ¡Bendita nuestra bandera! 

¡Viva la Patria!  (La Paz, Bolivia 6 de agosto de 1958)

La casa  en Santiago de Chile  donde se fundó la Falange, en invierno (arriba) y verano (abajo).

Idealista: Resulta inobjetable que usted fue “un pensador que dio su vida por la Patria”, sostiene Portugal Jofré, para quien el líder falangista “fue el guía de una juventud a la que le tocó actuar frente a la barbarie: la historia hará justicia cuando Bolivia recobre su normalidad; cuando el derecho se imponga a la arbitrariedad, su figura servirá de ejemplo a las generaciones presentes y futuras”.

“Óscar fue un ser excepcional, poseedor de numerosas virtudes y una empatía singular”, dice Arduz Ruiz y cita a Wálter Guevara Arze, prominente miembro del MNR, quien habría de admitir que “Óscar Únzaga de la Vega fue el hombre de mayor vigor espiritual en la escena contemporánea de Bolivia” (El País, Tarija, 17/VI/2018).

Moisés Alcázar cierra así su libro Páginas de sangre: “Asesinado o suicida, Óscar Únzaga de la Vega deja a la posteridad el legado de su amor intenso a Bolivia; un mensaje imperecedero que recogerán aquellas legiones que le siguieron en su lucha incansable, evocadora del gladiador debatiéndose en la red. Abanderado de una causa vislumbrada desde la adolescencia, su nombre merece el respeto que inspiran los grandes idealistas. Porque Únzaga fue, ante todo, un oficiante fervoroso en los altares de la Patria por la que vivió y murió, dedicándole hasta su último aliento”. 

Usted, don Óscar Únzaga de la Vega, pasó a la historia trágica de nuestro país como un visionario consecuente que iba a morir el mismo día que había nacido.

A mediados de los 50, el autor de esta serie periodística, entonces un infante, lo conoció de pasada al cabo de un encuentro de fútbol en el viejo estadio La Paz. De la mano de su tío Óscar Ascarrunz Guzmán se acercaban a servirse unos sándwiches de chola, en el amplio atrio del coloso miraflorino cuando con el mismo deseo se aproximaron dos hombres a la vendedora. El uno, delgado, más alto que bajo llevaba un sobretodo negro y largo; el otro, macizo y de sombrero, vestía un sacón oscuro de piel de camello. Mientras éste pedía dos sándwiches, el primero y mi tío  se dieron un cálido apretón de manos.

Foto:Florencia Ballivián

-Hola tocayo –dijo el de sobretodo largo–, ¿cómo está usted?

-Bien gracias, Óscar –respondió el tío–, me lo hacía escondido. Qué gusto saludarlo. 

-Es sólo una escapadita, descuide, nadie sospecharía que de vez en cuando salgo de mi escondite a comer un sándwich en medio de la masa furtbolera. 

-Le presento a mi sobrino –dijo el tío Óscar a su homónimo, que extendió la mano derecha y con la otra acarició mis cabellos.

El hombre del sobretodo oscuro era Óscar Únzaga de la Vega, el ícono del falangismo boliviano; un hombre de palidez extrema, contrastante con el negro seglar de su abrigo largo. Denotaba delgadez y era ostensible su debilidad física. En su rostro barbado se percibía un dejo enigmático. Como una fotografía nítida guardo hasta hoy en mis retinas su mirada penetrante, sus ojos rebosantes de bondad.

Ruina o resurrección

Según como se la mire, la casa N° 323 de la calle Lastarria, en Santiago de Chile, donde el 15 agosto de 1937 Óscar Únzaga de la Vega fundó la Falange Socialista Boliviana, puede ser el símbolo de la ruina de ese partido o el emblema de una FSB que renace bañada por el verde esperanza legado por su líder histórico. 

El Barrio Lastarria de Santiago de Chile -llamado así en memoria del pensador liberal José Victorino Lastarria- está ubicado en la esquina noreste de la comuna santiagueña. 

Hoy la histórica mansión es un activo centro cultural, gastronómico y turístico, además de permanente feria de libros. Desde 1996, el barrio es considerado zona típica.

La casona donde el joven Únzaga de la Vega vivió, y junto a cuatro de sus camaradas fundó FSB, es un lugar concurrido por turistas y lugareños, conocido también como Barrio Bellas Artes.

Entre 1872 y 1910, con los trabajos de remodelación del cerro Santa Lucía, la creación del Parque Forestal y la construcción del Palacio Nacional de Bellas Artes, el barrio se consolida como tal, y llegan a vivir en él personajes importantes de la historia chilena, como doña Victoria Subercaseaux, prima y esposa del que fuera intendente de Santiago Benjamín Vicuña Mackenna; Pedro Aguirre Cerda, presidente de Chile entre los años 1938 y 1941.

La casona barroco-colonial tiene una particularidad: está totalmente cubierta de enredaderas, lo que le da una imagen peculiar y pintoresca, sobre todo cuando la lobreguez otoñal cede paso al verdor. Allí se empezó a tejer la historia del falangismo.

Eduardo Pachi Ascarrunz. Periodista con más de 50 años de ejercicio. Trabajó en Hoy. Fue corresponsal de Europa Press News Service en La Paz y de Reuters, La Opinión y 7 Días de Buenos Aires en Perú, e Inter Press Service en Caracas. Dirigió suplementos y fue Redactor Jefe de La Crónica, en Lima. Es cultor del periodismo narrativo y como tal obtuvo premios nacionales e internacionales. Fue designado Director Editorial  de la Agencia Latinoamericana de Servicios Especiales de Información (Alasei en México.

 
 

Foto:Florencia Ballivián

 

Confidencial

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