El retorno de Wilson Mendieta Pacheco a Potosí

Los hijos del que fue custodio de la Casa de Moneda donaron su biblioteca en homenaje a los 88 años de su nacimiento. Así el tarijeño de nacimiento vuelve a Potosí.
sábado, 06 de abril de 2019 · 00:04

Juan José Toro / Potosí

Prolífica, útil y apreciada, la vida de Wilson Mendieta Pacheco se apagó el 9 de julio de 2005. Contaba con 74 años pero, en el momento de partir, todavía tenía mucho para dar. Aunque nacido en Padcaya, Tarija, quienes trataban con él, en el interior y exterior del país, lo daban por potosino debido a que él hablaba siempre de esta tierra. Lo hacía con devoción, con un cariño que les falta a muchos potosinos. Tanto quiso a Potosí, cuya ciudadanía adoptó abiertamente, que llegó a ser conocido como “el mejor potosino que parió Tarija”.

Su partida se sintió porque, con Mendieta, no sólo se iba el director de la Casa de Moneda… también partía el periodista que fundó radio Kollasuyo y el periódico El Siglo, el bolivianista que predicó una cultura de paz y el escritor que debutó con poemas allá, en la chura Tarija, antes de emprender viaje a Potosí, en un camión cargado de cebollas.

El vacío que dejó no pudo ser llenado… hasta ahora.

Aún sin pretenderlo, sus hijos, Pablo y Patricia, encontraron la manera de devolverlo a Potosí: donarán su biblioteca para uso público. A partir del momento en que ésta se abra -todavía temporalmente en el colegio Pichincha-, estará a disposición del público que podrá ver los libros que coadyuvaron a la formación del último gran custodio de la Casa de Moneda. Si lo desean, podrán instruirse con su lectura y repasar, aunque sea superficialmente, la vida de  Wilson.

Es una manera de volver al Potosí que tanto quiso y, esta vez, para quedarse.

Su alma

En 2003, en un acto realizado en la Casa de Moneda, que él dirigía, Mendieta presentó, enmarcadas, las fotografías ampliadas de las monedas de ocho reales que eran acuñadas en esta ceca en tiempos coloniales. Junto a ellas estaba un texto que decía “El dólar nació en Potosí” y su explicación.

Era sencillo. Las monedas acuñadas en Potosí circulaban en todo el mundo entre los siglos XVI y XVII y eran conocidas como pesos españoles. Fue la primera divisa de circulación mundial. El escudo que llevaban, donde destacaban las columnas de Hércules, y la letra “S”, que era la que más destacaba en la marca de ceca de Potosí, formaron el signo del dólar. Esta versión, confirmada 12 años después por el experto Glenn Stephen Murray Phantom, había entusiasmado tanto a  Wilson que no dudó en hacerla pública.

Hablaba de la historia de Potosí en todo tiempo y lugar. Cuando viajaba en delegaciones de periodistas al exterior, se encargaba de promocionar a Potosí con tanto entusiasmo que su faceta más conocida fue la de historiador.

Pero su biblioteca revela otra cosa. Allí hay más libros de literatura y eso descubre la verdadera vocación del custodio. Comenzó escribiendo cuentos y poemas pero el periodismo lo secuestró y sólo lo dejó ir cuando él hizo un pacto con la historia. Aun así, no pudo volver a su primer amor, la literatura.

Wilson Mendieta con el Papa Pablo VI.

Dos novelas

Catalogar la biblioteca de Wilson Mendieta tomará tiempo pero, por de pronto, quienes nos acercamos a ella identificamos dos novelas que, pese a que fueron premiadas, han pasado al olvido.

Una de ellas es No haya paz en tu tumba, de Rubén Ochoa Uribe, ganadora del gran premio de novela 1976 del certamen Franz Tamayo, recientemente recordada en la antología de Martín Zelaya, que está acompañada de la invitación al acto de entrega de premios que formulara en 1978 el entonces alcalde de La Paz, Mario Mercado Vaca Guzmán.

La otra es Ithapallo, la única novela publicada de Ricardo Bohórquez Ramírez, uno de los últimos integrantes de Gesta Bárbara oficialmente reconocidos como tales por Carlos Medinaceli.

Ambas obras están dedicadas con palabras de grandes hombres para un gran hombre. Y, desde luego, llevan sus firmas así que son ejemplares dignos de exhibición.

La biblioteca de Wilson Mendieta es entregada en homenaje a los 88 años de su nacimiento. Se espera que sea su retorno intelectual a la vida.

Juan José Toro es presidente de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí

El vicepresidente de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí, Marco Antonio Flores, en la biblioteca de Wilson Mendieta.

Azúcar y cebolla

Wilson Mendieta Pacheco comenzó su aventura periodística en La Paz y obtuvo una beca que le llevó hasta España, pero fue en Bermejo, centro petrolífero y azucarero, donde inició su epopeya.

El 6 de agosto de 1962 se inauguraba radio Bermejo, “la voz de la frontera sud”, merced al esfuerzo compartido de Mendieta, Nelson Aguirre Vaca y la habilidad técnica del potosino Florencio Doria Medina.

El sueño duró poco porque la difícil situación económica en la población fronteriza, ocasionada por la fluctuación cambiaria con la Argentina, determinó que se decidiese paralizar emisiones.

Florencio Doria Medina se había contactado en Potosí con Nicanor Bravo Corella quien propuso la conformación de una sociedad para fundar una radioemisora en esa ciudad.

Fue por eso que un buen día de 1966, Wilson Mendieta tomó la torre metálica que había donado YPFB a la acallada radio Bermejo y abordó el primer camión que quiso llevarle hasta la Villa Imperial, uno que estaba cargado de cebollas.

Aunque  Wilson ya había conocido algunos lugares turísticos de Europa, particularmente de España, la riqueza arquitectónica de Potosí le subyugó. Fue amor a primera vista.

  Una toma de la ciudad de Potosí, que acogió a Mendieta.

Los primeros días en la ciudad colonial  fueron de intenso trabajo, estudio de mercado, instalación de la torre, monitoreo de las radios ya existentes… pero el recién llegado se daba tiempo para pasear por las estrechas calles y respirar su aire antañón. 

Pero el amor no se limitó al cariño despertado por la legendaria villa. En Potosí, Wilson Mendieta conoció a quien sería su compañera de toda la vida: Hortensia Ossio Villalpando.

Y mientras transcurría el tiempo, el periodista escribía capítulos importantes en su vida. Primero vino radio Kollasuyo, en febrero de 1967; después el periódico El Siglo, la Casa de Moneda y la última de sus aventuras: hostal Libertador.

 

Texto tomado de Don siglo, publicado en 1996.

 

 

 

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