El histórico colegio Ayacucho innova con el lenguaje de señas

La unidad educativa fundada por el Mariscal Sucre en 1826 está a la vanguardia en enseñanza a alumnos sordos. Sus maestros asumen el reto de aprender el lenguaje de señas.
jueves, 30 de mayo de 2019 · 00:04

Ivone Juárez /  La Paz 

“¿Quién tuvo sexo anoche?”, indaga, desde el escenario del histórico salón de honor del colegio  Ayacucho, la psicóloga Marynés Salazar a las decenas de jóvenes sentados en las antiquísimas butacas del lugar y  que comienzan a seguir su charla sobre salud sexual y reproductiva. Sólo un muchacho levanta la mano de inmediato; los otros se ríen, pero ante la insistencia de la psicóloga, muchos  (chicas y chicos) alzan la mano, igual que algunos maestros. 

Se escuchan  risitas tímidas... otras más  fuertes  y el ambiente se distensiona. Al lado izquierdo de la psicóloga, una mujer “traduce” afanosamente  al lenguaje de señas el contenido de la charla casi tabú.  Es que entre el auditorio del Ayacucho hay  alumnos sordos.  

Fotos Marco Aguilar / Página Siete

“Es parte de nuestro programa de educación inclusiva, la educación con lenguaje de señas. Desde 2018  el colegio Ayacucho turno tarde recibe a estudiantes sordos”, explica la directora de la Unidad Educativa San Simón de Ayacucho turno tarde, Lucía Quino Borda.

En el centro de la ciudad de La Paz, el establecimiento fiscal es el primero y hasta el momento el único que aplica el lenguaje a señas en su enseñanza. Actualmente tiene cinco alumnos.  La directora  Quino destaca que se trata de un esfuerzo conjunto entre su dirección y los maestros del colegio, fundado por el mismo Mariscal Antonio José de Sucre, en 1826, un año después del nacimiento de Bolivia (1825).

 La innovación  educativa se desarrolla en el marco de la Ley Avelino Siñani. “De acuerdo  a la ley, las unidades educativas tienen que ser inclusivas; es decir, incorporar a la educación regular a alumnos  con discapacidad. Lo bueno ahora es que la ley precisa que las escuelas tienen que especializarse en algún tipo de discapacidad  y nosotros elegimos la sordera”, dice.

 “Los martes y jueves, a partir de las 18:30, todos los docentes pasamos clases de lenguaje de señas, hasta las 20:00. Pero también tenemos en el aula una maestra intérprete que sigue nuestro plan de desarrollo curricular y lo enriquece; los alumnos con sordera son muy exigentes, casi perfeccionistas”, afirma.

Por este tiempo de capacitación los profesores no reciben ninguna retribución económica.

 

Sólo  varones... 

Hasta  1997, el San Simón de Ayacucho era un colegio exclusivamente de varones; ahora su alumnado está compuesto también por mujeres, en un porcentaje “50-50”, dice la directora Quino.

  ¿Cómo cambió ese alumnado? “Podemos decir que hasta el 80% trabaja en la mañana y en la tarde viene a estudiar. Además cambió la estructura de la familia de la que provienen los chicos, ya no es la tradicional, donde estaban el papá y la mamá, etcétera; muchos viven solos”, responde la maestra, también profesional en salud.

En ese contexto, el colegio innova formas para hacer más eficaz la enseñanza. “Buscamos maneras para que los padres estén al tanto de los estudios de sus hijos; apelamos al WhatsApp para informarles que salieron las libretas, por ejemplo; también  buscamos la forma de ayudar a los alumnos que no tienen material escolar”, asegura Quino. 

 Pero no sólo se registraron esos cambios en el alumnado del colegio  tradicional de la ciudad de La Paz. La maestra de matemáticas Lili Urisacari, que tiene 28 años en el establecimiento, tiene otros elementos comparativos. Por ejemplo, el comportamiento y disciplina del alumnado. 

“El  Ayacucho, hay que reconocerlo,  por fuera era conocido por los conflictos que a veces provocaban sus alumnos con sus pares de otros colegios, también por los enfrentamientos de 2003, cuando salieron a las calles a protestar por un impuesto y apedrearon el Palacio de Gobierno. Por  dentro, era difícil controlarlos,  eran cursos numerosos  sólo de chicos, había que tener mucha paciencia y ser  exigentes; teníamos tres regentes”, recuerda Urisacari.

  La profesora cuenta -ahora sonriendo- que un día, cuando daba clases al octavo de primaria, les dio la espalda a sus  alumnos para anotar la práctica en el pizarrón y cuando terminó de escribir y se dio la vuelta “los chicos estaban haciendo una fogata en el aula”. 

“Eran tan traviesos cuando estaban sólo varones; ahora eso cambió, la presencia de chicas mejoró la disciplina; ahora son tranquilos. También bajó la cantidad de alumnos, al menos en el turno  tarde, y eso permite que la enseñanza sea casi personalizada”, añade.

Nieves es la portera del Ayacucho desde hace 20 años y sólo tiene recuerdos del buen trato que recibió de los alumnos. “Todos tienen el corazón noble; de este colegio salieron presidentes, este colegio de mucho prestigio”, dice.

Y los actuales profesores del Ayacucho, igual que sus antecesores,  no se detienen para mejorar la educación que dan a los niños y jóvenes que pasan por los pasillos y las aulas centenarias del establecimiento, por eso hoy todos están empeñados en aprender el lenguaje de señas, aunque no reciben ningún incentivo, les faltan algunos recursos, como proyectores.

 “El estudiante con discapacidad auditiva desarrolla más lo visual. Para explicarle el aparato digestivo, por ejemplo, necesitamos imágenes y para eso es fundamental un data show”, dice la directora Lucía Quino.

 Colegio de presidentes e intelectuales 
 

El colegio San Simón de Ayacucho fue fundado por el mismo Mariscal Antonio José de Sucre, el 27 de abril de 1826, un año después del nacimiento de Bolivia (1825). Los predios que ocupa desde entonces pertenecieron a la Orden de los padres domínicos, lo que explica que al lado del establecimiento esté  el templo Santo Domingo.

“Era el claustro de los Dominicos y hay  un túnel desde el colegio hasta el templo, pero fue cerrado porque los alumnos traviesos lo encontraron y se ocultaban ahí”, cuenta la profesora Rosa Quiroz. 

Pero el Ayacucho no es sólo el valor  histórico de su edificio, que una comisión de profesores está encargada de proteger y cuidar,  sino muchos de los niños y jóvenes que pasaron por su aulas se convirtieron en grandes personalidades. Al menos 11 llegaron a ser presidentes. “Del Ayacucho salieron personalidades como Franz Tamayo, el creador de la pedagogía boliviana”, añade la profesora Rosa.

 

 

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