Las mujeres y las telas chinas imponen su sello en el Gran Poder

Mañana, la entrada del Gran Poder volverá, como cada año, a tomar el centro paceño. Sus danzas y trajes se van modificando con el paso de los años.
viernes, 14 de junio de 2019 · 00:04

Paulo Lizárraga Alvarado /  La Paz

En víspera  de la fiesta mayor de los Andes, la entrada del Señor del Gran Poder, un historiador y un bordador coinciden en que las mujeres y las telas chinas imponen cada vez más su sello en esta entrada folklórica, que mañana, nuevamente, irrumpirá en el centro de la ciudad de La Paz para impresionar a los nacionales y extranjeros  con su fastuosidad.

 El historiador Fernando Cajías  indica que  la incursión de la mujer en el Gran Poder se mide principalmente por los cambios  y nuevos elementos que se fueron y se van incorporando a los trajes  de las danzas sobre  las urbano-mestizas,  como son el caporales, la morenada y la diablada. El historiador remarca que este fenómeno no se ve sólo en la fiesta más importante de la ciudad de La Paz, sino en las demás capitales del resto del país.

La innovación  con los trajes de la morenada.

“En las ciudades, indudablemente hubo cambios y esto, fundamentalmente, se debe a la participación de la mujer. Creo que el principal cambio que hubo en las fiestas de Bolivia en los últimos 50 años fue que la mujer, como en todas las actividades, ha irrumpido masivamente”, dice Cajías.

Para el también catedrático el caporal es una de las danzas que más cambios atravesó con el paso del tiempo por la incorporación de las féminas. Las modificaciones en este baile van desde la vestimenta hasta el rol de la mujer que interpreta  al “macho caporal”, asegura.

 Las “macho  caporales”.

“Desde su fundación  y  hasta hoy,  los caporales es una danza que ha cambiado bastante, no  en su  esencia, sino el corte de la pollera, los escotes, la aparición de las ‘macho caporales’, la mezcla del traje masculino con la feminidad”,  explica.

Fernando Cajías es catedrático de la materia patrimonio cultural en Bolivia en la Universidad Mayor de San Andrés y en la Universidad Católica Boliviana y  también es  uno de los fundadores de la fraternidad universitaria Llamerada San Andrés.

. El caporal,  una de las danzas que más modificó su vestimenta por la participación de la mujer.

Las telas chinas

Otro  de los factores que marca su sello en la fiesta del Gran Poder es el uso de la telas de procedencia china en la confección de  los trajes de los bailarines. Un reportaje de Página Siete, publicado el 9 de junio de este año, muestra que las fraternidades, con un año de anticipación, hacen sus pedidos de géneros con diseños exclusivos a la China, dejando a los bordadores nacionales sólo el trabajo de macramé.

Los bordadores explican que esta importación es una alternativa a la  oferta restringida de telas nacionales, en cuanto a diseños y calidad,  y debido ciertas prohibiciones que se fueron  instituyendo para la confección de trajes, como el uso de pieles y plumas de animales, entre otros. Entonces, éstos optaron por recurrir , cada vez con mayor frecuencia, a la importación de géneros, adornos artificiales y todo tipo de pedrería para la elaboración de los trajes y disfraces que cada año estrenan las fraternidades en la fiesta mayor de los Andes.

“La industria (china) nos ofreció mejores telas, otro tipo de materiales, más elegantes y más vistosos. Y todo eso fue mejorando el acabado de los trajes”, señala el presidente de la Asociación Mixta de Artesanos Bordadores Autodidactas de La Paz (Amaba), Rómulo Velásquez.

Al respecto,  Cajías comenta: “El tema de las telas (importación) está relacionado con los costos, la masificación (de la demanda). Porque no hay artesano que se pueda abastecer para, por ejemplo, confeccionar 300 polleras o mantas; entonces tendrá que recurrir a que su trabajo sea semi industrial, ya no totalmente artesanal. Este proceso hizo que tenga que recurrir a lugares tan alejados, como China y Corea para (importar) las telas y los estampados”.

 La moda femenina  en zapatos y joyas que    marca la fiesta mayor de los Andes.

 Velásquez confirma lo mencionado por Cajías: la demanda de trajes para la fiesta del Gran Poder se incrementa año tras año. Precisa que hace 30 años la demanda no era tan alta, por lo que  a lo largo de la calle Los Andes sólo había unos 15 bordadores; hoy  en esta vía, conocida como la “calle de los trajes”,  hay alrededor de  220 artesanos.

“Hace 25 o 30 años  las personas que vestían los trajes no eran tan exigentes como ahora y tampoco había tanta competencia como ahora. En esas épocas no pasaban de 15 los bordadores, actualmente estamos superando los 220 bordadores”, sostiene   Velásquez.

No distorsiona la fiesta

Para   Cajías los cambios registrados en los trajes del Gran Poder por la presencia fuerte de la mujer en las danzas y la importación de telas chinas no distorsionan  las danzas en su esencia.  “El cambio en Bolivia existe, pero es muy lento, por eso se mantiene la esencia. Puede haber (distorsión cultural) si es que hay cambios en la esencia (de la danza)”, declara.

Asegura que los cambios y modificaciones seguirán introduciéndose en los trajes del Gran Poder, igual que en la concepción de la cultura, sobre todo en las ciudades. Sin embargo, el historiador remarca que una tarea urgente es la preservación de las danzas y trajes que provienen del área rural. “Que la música y la vestimenta urbana no maten a la vestimenta rural; ese es un peligro más fuerte”, reflexiona.

 

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