Los Dellien, una dinastía del tenis que inspira más allá del dinero

Hugo Dellien viene de una familia donde está permitido correr detrás de los sueños. Él está viviendo el suyo.
domingo, 16 de junio de 2019 · 00:04

Ivone Juárez /  La Paz 

Cuando  el beniano Hugo Dellien Bause era  adolescente tenía  un  gran talento para el básquet, tanto que durante  un torneo nacional de La Salle, que se jugó  en la  ciudad de La Paz, con un equipo de Estados Unidos, llamó la atención de los  entrenadores  que  le ofrecieron llevarlo a ese país para jugar profesionalmente. Se lo comentó a su padre, pero él le negó  la posibilidad rotundamente.  Hugo tuvo que renunciar a su sueño, pero se hizo a sí mismo una promesa: cuando le tocara ser  padre nunca   negaría a sus hijos la posibilidad de perseguir sus sueños. 

Por eso cuando su hijo Hugo Dellien Velasco, hoy el mejor tenista de Bolivia que figura en el ranking  mundial de tenis,   dijo a sus 14 años que quería dejar el colegio y  Beni, donde nació, para partir  a Santa Cruz y dedicarse  por completo al tenis, no lo dudó, le dio su aprobación y  apoyo.

La familia Dellien Velasco: Murkel, Silvia (mamá), Hugo, Hugo padre e Iker (hincado).


 
“¡Misión cumplida!”, expresa  Dellien Bause, arquitecto de profesión, cuando se le pregunta por los sentimientos que lo embargaron durante los 10 días    que tuvo a su hijo nuevamente en Trinidad, después de su periplo en Europa donde,  luego de  enfrentar a grandes figuras del tenis, trepó al número 86  del ranking mundial de tenis masculino (ATP). En esa lista están estrellas del tenis  como  el japonés  Kei Nishikori,  el alemán Alexander Zverev y el griego Stefanos Tsitsipas, con quienes su hijo, Hugo Dellien, se midió.  

“Es una satisfacción muy grande, porque todos en la familia vivimos esta historia, desde que empezó. Todos pusimos un granito de arena, de sacrificio: él, su madre, sus hermanos, yo”, afirma el papá del Tigre de Moxos, como fue  bautizado    Hugo Dellien en su pueblo, donde, desde los cuatro años comenzó a jugar tenis.


“Yo, en cierta manera, prometí no negarles nada a mis hijos y eso es lo que traté de hacer: confiar en ellos, confiar en sus capacidades. Fue una apuesta a ciegas que ahora está dando resultados”, añade este descendiente de alemanes, que implementaron el  primer cine en Beni, bautizado con ese nombre. 

  Hugo Dellien niño, en el Club de Tenis de Trinidad.

Su esposa, Silvana Velasco, recuerda esos años, cuando su hijo mayor, aún adolescente, decidió dejar todo, su casa, sus estudios, su vida en Beni, para perseguir su sueño: ser un tenista como los que en familia veían en la televisión.   Confiesa que al principio estuvo en contra de esa determinación.

 
“Cuando Huguito nos dijo  que quería jugar tenis  profesional,  yo me opuse porque quería que primero estudie una carrera, pero  mi esposo me pedía que le diéramos una oportunidad, la oportunidad  que a   él no le quisieron dar; fue así que me convencieron y decidimos dejar que Hugo luchara por su sueño  de ser un tenista de los que veíamos en la tele”, cuenta Silvana.

 Pero Dellien Bause no sólo apoyó a su hijo mayor para que se convirtiera en  tenista, un deporte aún considerado elitista en Bolivia, sino también a sus otros  dos hijos: Murkel de 21 e Iker de 15  años.

 El tenista con el periodista Rider Moreno.

“Murkel  estudia  con una beca  en Kansas,  Estados Unidos, y tienes muchas condiciones para buscar su profesionalismo después de la universidad;    Iker está  en el colegio, en Trinidad, y también es tenista”,  comenta el arquitecto, dueño  de un canal de televisión y una radio en Beni.

“Los Dellien son tenistas. El más chico, Iker, también es campeón; a Murkel también se ve que tiene un gran futuro”, asegura el periodista beniano Riber Montero. 

Pero en este momento, los mayores esfuerzos de la familia Dellien  están concentrados en Hugo, que a los cuatro años “comenzó a agarrar la raqueta”. Rider Moreno, que sigue al tenista desde que era un niño, lo recuerda en “la madriguera”, como llaman en Trinidad  al Club de Tenis. “Su primer entrenador fue Eusebio Cuéllar Coimbra. Cuando tenía seis años Hugo ya sobresalía, entre los chicos de 10 y 12 años. Ya mostraba aptitudes para la raqueta”, dice.

  La ciudad de Trinidad  salió a recibir al Tigre de Moxos.

  Moreno recuerda la humildad, fortaleza  y “gran disciplina” de Hugo. “Era de los primeros en llegar a la cancha y se ponía a raquetear, la raqueta era más grande que él”, cuenta el reportero, quien bautizó a  Dellien como el Tigre de Moxos.

  

“A los cinco comenzó a participar en torneos, a los nueve  comenzamos a involucrarnos demasiado en el tema. Vi las condiciones que él tenía y comenzamos a pensar y a soñar esto”, dice Hugo Dellien Bause, padre del Tigre de Moxos.

 Y esos sueños aún no tienen límites. “El que tiene quiere más: primero soñamos con que Hugo llegara al top 150, llegó y quedamos satisfechos, pero ahora está entre los 100 mejores;  hay que hacer las metas más grandes, ¿no? Tanto para él como para nosotros, la meta es los 50 y hasta dónde él pueda dar. El tenis tiene un ciclo. pero ya no es la presión de antes de no haber logrado nada”, indica Dellien Bause. 

Mientras tanto, el arquitecto que quería ser basquetbolista sigue las proezas de su  hijo desde la televisión, en su casa en Trinidad, porque no tiene la posibilidad económica de viajar con él.

 “Sólo pude acompañarlo a dos torneos, al Roland Garros y el    US Open, que se realizaron el mismo año. No hubo otras oportunidades, porque los recursos son  sólo para que él viaje con un entrenador; la prioridad es que viaje con un entrenador, no con su padre”, dice.

Hugo estuvo hasta ayer en Trinidad, donde su presencia fue todo un acontecimiento. El día de su llegada la ciudad prácticamente se paralizó porque la gente fue al aeropuerto a recibirlo en una gran caravana.  “Nunca se vio un recibimiento así en Beni”, asegura el periodista Moreno.

La Gobernación le entregó un incentivo económico, mientras que la gente se concentró en el Club Tenis para verlo practicar. Su hermano Murkel también llegó de Estados Unidos y el viernes jugaron varias canchas. 

Hoy es su cumpleaños, cumple 26, y está en pleno viaje   a Europa, donde, en Italia, participará en  el Challenger de Parma, que comienza esta semana. “Hace cinco,  nueve años  que no pasa un cumpleaños en casa. Pensábamos que este año podríamos estar juntos, pero se recuperó de su lesión en el tobillo más rápido de lo esperado, ese es el mejor regalo. Anda en busca de los 30 a 40 puntos que le faltan para clasificarse  al US Open, para poder entrar al cuadro directo”,  dice su padre.

 “Tiene que correr tras sus sueños; nosotros, su familia,  lo estamos esperando aquí”, añade.

 


 
 

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