Una esvástica en el Illimani y una pepa de oro de 22 kilos

Carlos Gerl y Randy Chávez recopilaron más de 100 curiosidades que se dieron en La Paz desde su fundación. Las cuentan a universitarios y planean sacarlas en un álbum.
domingo, 23 de junio de 2019 · 00:04

Ivone Juárez /  La Paz 

En marzo de 1940, en plena Segunda Guerra Mundial, el Observatorio de San Calixto descubrió que en  el pico más elevado del Illimani flameaba una bandera con el símbolo de la esvástica. La noticia corrió como reguero de pólvora por la ciudad, lo que provocó la  rabia de los paceños. 

El Club de Andinista actuó de inmediato y encomendó al inglés Eduardo de la Motte, que entonces era capitán de andinismo, y a Jesús Tórrez llegar hasta el nevado y quitar el símbolo de la Alemania nazi  para reemplazarlo por la bandera boliviana. Después de esfuerzo titánico, el 7 de marzo los hombres lograron cumplir su misión . El símbolo   nazi había sido colocado en el nevado por los alemanes Wilfred Kuchman, Federic Fritz y Rodolfo Boettger.

162 años antes, en 1778, a los ríos de  La Paz acudían lavadores de oro,  uno de ellos, el marqués Castelfuertes,  encontró una “pepa” del precioso metal que pesaba 22 kilos; en realidad una roca de oro, de la que el  obispo Luis Antonio Castro y Castilla dio informe al Rey de España.

 Estas dos anécdotas son parte de las más de 100 curiosidades que los historiadores Randy Chávez y Carlos Gerl identificaron a lo largo de la historia de la ciudad de La Paz, fundada en 1548, y que hoy  las comparten con estudiantes de diferentes universidades.

“Los años de experiencias  acumuladas en el campo de la investigación de la ciudad de La Paz nos permitieron sistematizar  información sobre curiosidades y tradiciones paceñas, que ahora compartimos en charlas con  universitarios”, dice Randy Chávez,  docente de la carrera de Historia de la Universidad Pública de El Alto.

Los investigadores compartieron  el producto de su investigación con estudiantes de la Universidad Católica Bolivia, la Universidad Central y otras, y tienen planeado plasmar esas charlas en un álbum, que lanzarán pronto.  

“La información que acopiamos no es común, pero  cuenta con documentos  históricos que la respaldan y se verificó que esos documentos fueran auténticos”, dice Carlos Gerl.

A continuación algunas de esas curiosidades que sucedieron en La Paz a lo largo de sus 471 años   de historia.

Josefa Apaza, la primera bruja 

En 1702, en plena Inquisición, en la ciudad de La Paz se presentó ante el alcalde Diego Martínez de Baigorri  la acusación formal contra la indígena Josepa Apaza por  brujería y hechicería. Josepa fue convocada e interrogada por los traductores españoles Melchor de Torres y Marcos Durán. 

Durante la investigación se pudo constatar que  había realizado ceremonias con velas negras, enterrado calaveras,  algunos animales, como conejos, lienzos y otros. Estas “pruebas” fueron suficientes para demostrar que era una bruja, la primera en la ciudad. En 1703 fue sentenciada a 50 azotes y 200 si reincidía. Muchos pidieron la hoguera, pero  la mujer desapareció y no cumplió su castigo.

El patriota que no podía morir 

El 29 de enero de 1810, en la mañana, comenzó la  ejecución de los líderes de la Revolución de 16 de Julio de 1809. El primero en ser ejecutado fue Pedro Domingo Murillo. Enseguida le siguió Juan Antonio Figueroa, sentenciado a morir por pena de garrote. Golpe tras golpe cayó sobre el hombre, pero éste  se levantó, vacilante, ante el asombro de los espectadores. En ese mismo instante fue llevado a la horca, pero mientras se  aplicada la pena, la cuerda se rompió y Figueroa cayó,  arrastrando en su caída al verdugo. Aún así no murió y un soldado se acercó  para cortarle la cabeza. 

Cuando Figueroa finalmente dejó de existir, su cadáver fue sepultado en la iglesia del Sagrario.

El circo ecuestre Dockrill en la ciudad 

En 1887, el circo ecuestre Dockrill, uno de los más afamados de Estados Unidos y que prácticamente  realizaba giras mundiales,   arribó a la ciudad de La Paz  y entre sus presentaciones ofreció algunas  benéficas. Una de ellas estaba  destinada  para  recaudar fondos para la edificación del monumento al protomártir  Pedro Domingo Murillo, líder de la Revolución del 16 de Julio de 1809.

De acuerdo a lo programado,  la  recaudación debía ser entregada el 16 de julio de 1887  y estaba a cargo del munícipe inspector de espectáculos públicos de entonces, el señor Durandeau. 

No se tienen referencias del monto recaudado, solamente se sabe que asistieron al espectáculo alrededor de  2.000 paceños y paceñas.

Patentes para los perros

En 1934, mediante ordenanza municipal, las autoridades determinaron  que los propietarios de perros  debían adquirir una patente municipal que debían  colocar en el collar del animal.  Al mismo tiempo, el instructivo indicaba que la mascota bebía llevar un  bozal y ser conducida por su amos  con una cadena. 

La Policía Urbana tenía la instrucción de  proceder al sacrificio del animal  que no llevara la patente. Durante el día, los propietarios debían  encadenar a los canes  en sus domicilios  y  liberarlos sólo en  las noches libres.  Si el  animalito atacaba a alguna persona, el propietario  debía pagar la curación y una multa de 50 bolivianos. La medida quedó sin efecto hasta hoy

Guerra del Chaco, pretexto para no ir a clases

En 1934, a causa de la Guerra del Chaco (1932-1935), en la ciudad  se registró una gran  deserción de alumnado en las escuelas, lo que provocó la preocupación de la autoridades, ante lo que el Honorable Concejo Municipal, mediante ordenanza municipal, determinó establecer la asistencia obligatoria  a las escuelas fiscales y particulares. 

La instrucción señalaba que la inasistencia sería sancionada con una multa de dos a cinco bolivianos,  por cada falta, salvo presentación de un certificado médico. Los  establecimientos debían otorgar a  los alumnos una  tarjeta, que debía ser marcada diariamente. La Policía realizaba batidas cotidianas  para sorprender a los faltones.

La yapa, institucionalizada en 1704

En 1704, mediante ordenanza municipal de la ciudad de La Paz, a petición del alcalde José Acuña, por primera vez, en forma escrita, se determinó la institucionalización de la yapa en todas los negocios  que se dedicaban a la venta de productos al por mayor y menor en la ciudad. 

La costumbre de dar yapa (palabra en aymara que signfica aumento) logró establecer un estrecho vínculo de reciprocidad entre clientes y comerciantes. 

En los mercados populares de la ciudad, las caseras mantienen a través del tiempo esa costumbre para mantener la fidelidad de  sus compradoras y compradores. “Llevate casera, con yapita te voy a dar”, seducen.

Pieza de la primera civilización del mundo

En 1992, una expedición a Chúa descubrió un cuenco  labrado en piedra desenterrado 30 años antes y que estaba cubierto con glifos. Los símbolos  llamaron la atención incluso de científicos extranjeros que después de estudios especializados  determinaron que se trataba de una pieza contemporánea con la cultura Sumeria,  la primera civilización del mundo que habitó en el Medio Oriente, en Mesopotamia, actual Irak.  

La antigüedad del cuenco oscila entre  los 3.000 y 5.000 años antes de Cristo. En la fuente también se identificaron glifos de las culturas Pukara y Tiwanakota. La pieza se encuentra en exhibición  en el Museo de Metales Preciosos de la ciudad de La Paz.

El día que el Illimani tembló 

Entre las primeras referencias que se tiene del Illimani, se encuentra la descripción  de Diego Cabeza de Vaca, realizada en 1582 y que  dice: “Hay otra adoración que se llama Hillemana, ques una sierra alta cubierta de nieves que permanentemente se le hacen, y así Hillemana quiere decir cosa para siempre (sic)”. 

En 1648 ,el pico norte del nevado se  desplomó provocando un gran estruendo que los paceños escucharon. 

Ante la creencia de que el Illimani era un volcán apagado,  que en cualquier momento  entraría en erupción, muchos, espantados,  se apresuraron a organizar procesiones y plegarias públicas. Fueron horas y días de gran angustia para los pobladores de La Paz.

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