Marcelo Monti, el Forrest Gump de Latinoamérica

El brasileño que creció en las favelas realiza un viaje de 10 años alrededor del mundo por los discriminados.
viernes, 28 de junio de 2019 · 00:04

Wanda Torrico /  La Paz

El reloj marca las 18:00 y el soñador   Marcelo Monti camina por  la Ceja  de  El Alto ante las miradas atentas de los comerciantes y transeúntes que se muestran curiosos por saber quién es el hombre que recorre la vía cargado de  una mochila y arrastrando un carrito rojo. Allí registra todos los días y los kilómetros que avanza en el “Camino de Aline”, una caminata que se propuso realizar durante 10 años para llegar a los cinco continentes del mundo, llevando un mensaje de esperanza a todas las personas discriminadas, sobre todo a los enfermos con VIH. 

El fraile brasileño en uno de los destinos que recorrió desde que salió de Brasil, hace más de 300 días.

Marcelo Monti tiene 40 años, cabello rizado,  ojos claros y barba. Este hombre delgado y de estatura media nació en Porto Alegre, Brasil, y es  un hermano de la orden de los Frailes Menores Franciscanos Capuchinos, más conocidos como Capuchinos. 

Su objetivo es recorrer 90.000 kilómetros durante una  década para cumplir su sueño: apoyar en su lucha a las personas enfermas con VIH y a todos aquellos que sean víctimas de discriminación, ya sea por su color de piel, orientación sexual, contextura u oficios.

Marcelo en una de las paradas que hizo para llevar su mensaje a la gente.

El fraile accede a conversar con Página Siete para contar su historia de vida y dar a conocer detalles de la caminata que la inició hace más de 300 días, en su cumpleaños número 40. La charla se instala en una sala del Centro Pastoral Santa Rita de la ciudad de La Paz,  donde se hospedó durante una semana, esperando encontrar historias u organizaciones de personas con VIH. 

El recibimiento de este hombre que desborda alegría es grato. Con una  sonrisa que no le cabe en el rostro, emocionado, hace una pausa antes de empezar la entrevista y pide un permiso para ir  en  busca de su “matero” , la taza en la que  toma su mate. Explica que en su ciudad natal, Porto Alegre, el  “matear” es indispensable. 

Retorna con un termo y su “matero”; cierra la puerta de la habitación, toma asiento y dice: “Ya estamos listos” y se le escapa una nueva sonrisa. 

 El brasileño en El Alto,  en La Paz.

Es él quien inicia la conversación y lanza una pregunta que él mismo responde. “¿Qué te mueve en la vida?”.  Añade a continuación  que la respuesta a esa interrogante define a una persona. 

Aunque está acostumbrado a escuchar, sobre todo de los jóvenes,  que lo que hacen es “una tontería”, “una locura”,  “una pérdida de tiempo”,  siempre está dispuesto a escuchar esas respuestas porque son espontáneas y las replica preguntando a los jóvenes cuáles son sus sueños,  qué les mueve.  

Los ojos se le iluminan cuando define que son los sueños los que lo mueven. “Son algo que te da fuerzas para seguir, algo que te hace brillar los ojos, que te dice ‘pase lo que pase, sigue andando’, algo que hace amar más, hace ser mejor”, expresa. “Los sueños nos hacen ver lindos, vos y yo ya somos lindos, pero los sueños nos hacen ver más lindos”, añade.

 En el camino, con algunos amigos.

Caminata a los 40

El fraile decidió emprender su caminata el día en que cumplió 40 años, el 28 de agosto de 2018.  Su primer destino fue Uruguay,  de ahí pasó a Argentina y después a Chile. Luego arribó a Bolivia, donde estuvo hasta ayer, cuando partió   a Perú.

Permaneció en la ciudad de La Paz por una semana y a su llegada se reencontró con Beysa, una amiga a la que no veía hace más de 23 años. Beysa era monja y trabajó en la capilla de su “familia”, como llama Marcelo a su orden. Cuenta que en el reencuentro le organizó una comida junto con  sus amigas, que lo trataron con mucho cariño. 

 Un descanso en plena carretera.

Hace una pausa, toma un sorbo de su mate, se abre la chamarra amarilla que lleva puesta y muestra la chompa ploma   que le regalaron. La prenda está acompañada de una chalina, dice.

 El fraile brasileño llegó a Bolivia después de recorrer 5.202 kilómetros. Durante su estadía en La Paz, Marcelo conoció el Montículo en Sopocachi, El Prado, el mercado Rodríguez y viajó en el teleférico, lo que -revela- le dio un poco de miedo. Conoció nuestras tradiciones en la zona del Gran Poder, visitó varios miradores y pasó por l a histórica plaza Murillo. 

Porque se crió en las favelas de Brasil se considera un soñador neto, arriesgado y apasionado por la vida. Se le nota en el relato de sus historias y todo lo que significó hasta ahora su recorrido. Cree que con lo que hace también ayudó en el camino a muchas personas que le brindaron hospedaje,  un plato de comida y compartieron con él lo poco o mucho que tenían. 

“Este chico de la favela, marcado por la miseria, no será un héroe, pero  dice: es posible, hay que intentar”, afirma.

El camino Aline

El Camino de Aline es un proyecto que emprendió Marcelo Monti inspirado en su hermana, Aline, quien murió a los 28 años con VIH, dejando a sus dos hijas en la orfandad. Cuando habla de ella baja el tono de su voz notoriamente, hay un silencio incómodo, su rostro se muestra triste, pero retoma la conversación y relata que su hermana era una mujer tímida, lo que la llevó, por miedo a la discriminación, a no buscar el tratamiento que necesitaba.

“No le fueron dadas las posibilidades. Desde chica era más tímida, marcada por otros sufrimientos,  y quizás por el VIH llegó a creer en que no podía; de ahí viene mi compromiso para que otras y otros Alines sigan caminando”. 

“Ella fue una más de las chicas de nuestro continente marcadas por un embarazo precoz, violencia sexual, por la miseria, el hambre, el abandono. Entonces uno se pregunta ¿hasta cuándo vamos a ver que se muera más una Aline?   No necesitas tener VIH para saber que los que viven con el virus quieren ser amados”, añade.

Deja el matero en el piso y se endereza en su silla para aclarar que no es un portavoz de los pacientes con VIH. 

Cuando Marcelo llega a un país nuevo busca reunirse con organizaciones que apoyen a estos pacientes para escuchar sus historias de vida, apoyarlos, darles un abrazo, esperanza o, -como él dice- “simplemente estar sentado, ahí a su lado, para que se sientan acompañados”. 

Lamenta que en La Paz no hubiera podido reunirse con organizaciones de personas que  viven con el VIH. “En La Paz no fui invitado para ninguna charla”, afirma. Sólo logró reunirse con un joven, con el que compartió un tradicional api con buñuelos.

 El sol ya comienza a esconderse  y la luz del día se hace tenue en La Paz. Marcelo dice que disfruta de las charlas a  esa hora  y agradece el haber sido escuchado.

 Espera encontrar más historias en su camino alrededor del mundo, compartir con más gente de todas las edades, dar charlas gratuitas a los jóvenes para darles esperanza e impulsarlos a soñar en grande. Pero también quiere darles mensajes   sobre la importancia de  prevenir el VIH.

Marcelo Monti puede ser contactado a través de su página de Facebook:  Caminho de Aline volta ao mundo a pé pela vida contra a Aids, o en el número de WhatsApp +55 51 98 508 66 78.

 

 

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