La revolución oculta

La Independencia de Argentina comenzó más de seis años antes del 25 de Mayo de 1810. Los sucesos que desembocaron en ese hito arrancaron ya en 1809.
jueves, 06 de junio de 2019 · 00:04

Juan José Toro Montoya  /  Potosí

Argentina tiene dos fiestas patrias: la del 25 de Mayo y la de 9 de Julio. Ambas son festejadas por todo lo alto y aunque parecería que se distinguen sólo por lo cronológico y el aspecto formal, la verdad es que entre ambas existen más diferencias de forma de lo que se cree.

La diferencia formal está en el acto mediante el cual Argentina proclama oficialmente su independencia, no sólo de España, sino de “toda otra dominación extranjera”. Eso ocurrió en Tucumán, el 9 de julio de 1816, mediante el Acta de Independencia, proclamada por el Congreso de las Provincias Unidas en Sudamérica, la cual  fue firmada en esa fecha por 29 diputados de provincias que hoy pertenecen a aquel país como al nuestro. 

Busto de  Cornelio Saavedra.

Sin embargo, la independencia del territorio que hoy es conocido como Argentina comenzó, en los hechos, más de seis años antes, el 25 de Mayo de 1810. No obstante, los sucesos que desembocaron en esa fecha arrancaron antes, el 1 de enero de 1809.

La Revolución de Mayo

Argentina proclamó su libertad de la corona española el 25 de mayo de 1810, cuando se declaró roto el vínculo con la metrópoli donde, ante la sustitución del rey Fernando VII por José Bonaparte, entraba en vigencia el Consejo de Regencia de España en Indias. Estuvo liderado por Cornelio Saavedra, los tres Juan José (Castelli, Passo y Viamonte), Antonio Luis Beruti, Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Nicolás Rodríguez Peña, Hipólito Vieytes, Martín Rodríguez, Eustaquio Díaz Velez, Domingo French y otros. El gran detalle de esta gesta es que desconoció la autoridad del Consejo de Regencia y conformó la denominada Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del señor Don Fernando VII. 

Martín de  Álzaga.

Para efectos públicos, esta junta defendía los derechos de Fernando VII, usurpados en España por el hermano de Napoleón, pero ese era un argumento de orden más bien jurídico, porque lo que en verdad pretendía era declarar la independencia del Virreinato del Río de la Plata. El razonamiento apuntaba a que el vínculo entre el Virreinato y España era el rey, así que al desaparecer éste como figura de autoridad, las provincias del Río de la Plata recuperaban su autonomía.

Con ese argumento se constituyó la que ahora es conocida como la Primera Junta de Gobierno que, aunque fue lanzada con carácter provisional, asumió varias medidas administrativas y hasta políticas de Estado que determinaron que, en los hechos, hubiese funcionado como un órgano independiente de gobierno. Sus primeras determinaciones, por ejemplo, fueron formar una expedición para “auxiliar las provincias interiores” y tomar juramento a nuevas autoridades.

Santiago   de Liniers.

Y es que la invocación de Fernando VII era sólo un pretexto. Los primeros en advertirlo fueron los propios representantes de la Corona. Casi de inmediato, los gobernadores de Potosí, La Paz y Tucumán y hasta el presidente de la Audiencia de Charcas solicitaron la intervención del virrey del Perú, José Fernando de Abascal y Sousa, quien, el 13 de julio de 1810, dispuso la anexión de los territorios del Río de la Plata al virreinato a su cargo. 

“Un corto número de individuos, proclamando haber cesado la suprema soberanía, por la instalación del nuevo Consejo de Regencia, ha atentado a las legítimas, formando a su antojo una Junta de Gobierno”, decía la provisión virreinal. 

Entre 1810 y 1816, las juntas que gobernaron desde Buenos Aires no sólo enviaron ejércitos, sino que llegaron a fijar símbolos patrios y a emitir moneda. En todos ellos aparece el sol, en una explícita alusión al imperio de los incas, como símbolo inequívoco de que los rioplatenses no respaldaban a Fernando VII, sino que buscaban la libertad.

Retrato  de Cornelio Saavedra.

La “asonada de Álzaga”

La Revolución de Mayo no nació de la nada. Su antecedente inmediato fue un alzamiento previo que estalló también en Buenos Aires el 1 de enero de 1809. En esa fecha, el alcalde de Buenos Aires, Martín de Álzaga, se sublevó contra la autoridad del virrey Santiago de Liniers, pero existen autores que afirman que el verdadero cabecilla del alzamiento fue Cornelio Saavedra.

“El jefe principal de este bando fue el brigadier D. Cornelio de Saavedra, cuya actitud fue decisiva en aquel memorable día, en el que los españoles trataron de deponer inmotivadamente al virrey Liniers”, escribió Luis Subieta Sagárnaga. El alzamiento de esta fecha fue tan importante que motivó reacciones en otras ciudades del Virreinato, particularmente en Potosí. La prueba de ello es un manifiesto emitido por el síndico procurador de la villa, Manuel de Sortegaray, al gobernador intendente de la provincia, Francisco de Paula Sanz, que dice, entre otras cosas, que “el suceso del día 1º  de enero en la capital de Buenos Aires preserva esta triste idea, el desorden, la división, y el fomento de las pasiones era la tempestad, que amenazaba sobre estas provincias”.

Pero, al margen de autores, la documentación sobre aquellos sucesos apunta, también, a Saavedra como responsable. Uno de ellos es el testimonio que Saavedra emitió el 16 de enero de 1809 a favor del capitán Miguel Marín, certificando que éste participó en el alzamiento de enero de 1808. Si Álzaga fue el líder, ¿por qué es Saavedra quien emitió ese y otros documentos?

Toda esa documentación apunta a señalar que la Revolución de Mayo comenzó a gestarse en 1808 y quizá antes, con el antecedente de que ya Montevideo se había sublevado el 7 de septiembre de ese año.

El cabildo  abierto  del 22 de mayo de 1810.

 Juan José Toro es presidente de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí.

Saavedra y la discordia


Si Cornelio Saavedra fue el líder o por lo menos uno de los cabecillas del alzamiento del 1 de enero de 1808, que devino después en la Revolución de Mayo, ¿por qué su figura se pierde en el tiempo?

Entre las diferencias de fondo estaba el concepto que se tenía del nuevo gobierno. Saavedra era acusado de ser conservador, o  moderado; mientras que la corriente liderada por Castelli, Belgrano y Moreno era partidaria de un rompimiento total que incluía la guerra a muerte contra los realistas.

Con la intención de apartarlo de las decisiones, entre septiembre y octubre de 1811, el Cabildo de Buenos Aires inició acciones para reemplazar a la Junta de Gobierno y constituyó un triunvirato integrado por Feliciano Antonio Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Passo. El cuerpo de Patricios, la milicia que había organizado Saavedra, se alzó a su favor en diciembre de ese año, pero eso sólo sirvió para acusarlo de conspiración. El 22 de diciembre, la Gran Junta fue sustituida  por el triunvirato. Cornelio Saavedra fue declarado contrario a la revolución y se comenzó a emitir órdenes de arresto en su contra. Fue el principio del fin para el hombre que al haber presidido la primera Junta de Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata se convirtió, técnicamente, en el primer presidente de lo que hoy son Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay.

 

 

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