Los artistas anónimos detrás de las teas gigantes

Luis Antonio, Juan José, Reynaldo, José Luis , Andrés, Felipe Tapia, Felipe Canqui y Ramón construyeron estos monumentos. Son su regalo para La Paz, en julio.
viernes, 12 de julio de 2019 · 00:04

Noelia Rojo Zabalaga /  La Paz

Hace seis años, la Dirección de Mantenimiento de la Alcaldía de La Paz tuvo la iniciativa de regalarle a la ciudad un árbol de Navidad trabajado con residuos reciclables. Con la creatividad a flor de piel, los obreros del taller de cerrajería de Mantenimiento hicieron un árbol navideño de 17 metros de alto con  botellas PET: misión cumplida.

Desde entonces no pararon los desafíos para, cada año, crear con  productos que son desechados diariamente un árbol de Navidad diferente. El nivel fue subiendo con la innovación de  los cerrajeros de la Alcaldía. Los materiales fueron variando, se utilizaron desde las luces de  semáforos que ya no tienen uso en la ciudad porque terminaron su ciclo de vida  hasta botellas de vino.

 Los monumentos construidos con materiales reciclables en plena instalación en El Prado.

Después de Navidad había que trabajar para otras dos fiestas importantes en La Paz, carnavales y 16 de julio, aniversario del Grito Libertario de 1809, haciendo para estos casos esculturas que simbolicen estas celebraciones. En el caso del Grito Libertario  este año los cerrajeros de la Alcaldía construyeron cuatros teas gigantes. 

Cada una de estas esculturas nace como una idea y se va plasmando en el diseño a cargo de los ingenieros Rodrigo Soliz y Gabriel Collao, para, finalmente, materializarse con las manos de los cerrajeros, que en realidad tienen como principal función atender tareas de mantenimiento en la ciudad. Las esculturas son producto de su tiempo libre.

Las teas fueron erigidas durante los tiempos libres de los cerrajeros.

Ocho artistas

Los hábiles cerrajeros que están detrás de las esculturas que embellecen la ciudad son Luis Antonio Aruquipa, Juan José Morales, Reynaldo Laura, José Luis Mamani, Andrés García, Felipe Tapia, Felipe Canqui y Ramón Laura. La mayoría de ellos llevan más de 10 años en ese oficio del que –aseguran- siguen aprendiendo.

“En la Alcaldía trabajo dos  años, pero en cerrajería debo estar como  18. De changuito trabajaba lijando en chaperías, hasta que un día me hicieron soldar, me gustó y decidí estudiar en  Infocal y he mejorado”, dice  José Luis Mamani.

Su compañero  Luis Antonio Aruquipa tuvo otros inicios laborales. Comenzó trabajando en  Emaverde. “Estuve seis años en Emaverde, empecé desde joven y ahí es donde me  enseñaron cerrajería. De Emaverde me trajeron acá, a la Alcaldía, ya estoy nueve años en el oficio”, dice.

Felipe Tapia llegó a la cerrajería sin conocer mucho del oficio, pero le gustó  y decidió profesionalizarse para seguir trabajando.

 Uno de los trabajos hecho por estos artistas.

Cada día, los cerrajeros se concentran a las 7:45 en el taller ubicado en la final Villalobos. Ahí tienen 45 minutos para alistarse, antes de partir a realizar sus correspondientes diligencias de mantenimiento alrededor de la ciudad.  Su tiempo libre es para las impresionantes esculturas.

“Es un trabajo que está fuera de lo programado, se lo hace en los tiempos libres. Entonces, terminamos una gestión y volvemos al taller, a seguir avanzando”, cuenta el encargado de los talleres de la Dirección de Mantenimiento de la Alcaldía,  Gabriel Collao.

La creación de estos monumentos  es conjunta, los ingenieros y los cerrajeros se apoyan mutuamente. “Cada uno da sus ideas y viendo entre todos se corrigen los errores del diseño”,  añade  Collao.

 “Nuestro encargado (Gabriel Collao) nos da las imágenes para ver cómo podemos hacer (las esculturas), nos da pautas y de ahí cada uno le mete su creatividad”, asegura Juan José Morales y añade en medio de una risita tímida: “¿No sé si se dio cuenta’, pero la primera vez las esculturas no eran tan buenas, pero año tras año estamos mejorando”.

 Uno  de los artistas en pleno trabajo.

Tal vez los paceños notaron que el árbol gigante de Navidad de botellas PET no eran tan “perfecto”, pero ahora pueden evidenciar que el arte de estos ochos hombres ha  llegado casi a la perfección, ¿la muestra? Las cuatro teas gigantes que construyeron, que están distribuidas en diferentes lugares de la ciudad, adornándola en el mes del aniversario de  su Grito Libertario. Estos monumentos son el símbolo de la Revolución del 16 de Julio de 1809.

“Nuestros soldadores se especializaron, y eso se nota en la perfección que tiene la mano que sujeta la tea. Los detalles de las venas, los detalles de las uñas y la escala que han mantenido, las dimensiones, han ido perfeccionando”, expresa satisfecho el secretario municipal de Infraestructura Pública, Rodrigo Soliz. “Yo no los considero sólo soldadores, ya son artistas, los considero así”, remarca.

 El equipo de hombres que hizo posible  las teas para la ciudad de La Paz.

Las cuatro teas

Los monumentos están expuestas en el atrio de la Alcaldía de La Paz, en la calle 17 de Calacoto, en el parque Las Cholas y en El Prado. Son un símbolo significativo en La Paz a partir de la frase que el protomártir Pedro Domingo Murillo, que encabezó la Revolución de 1809, pronunció antes de ser ejecutado en enero de 1810: “Compatriotas, yo muero pero la tea que dejo encendida nadie la podrá apagar”. 

“Este año pensamos en algo diferente; entonces, con el ingeniero Collao y su personal diseñamos  un brazo que salía de la tierra agarrando una tea”, cuenta Rodrigo Soliz. El proyecto tenía un plazo de dos meses para su concreción, que parecía insuficiente, tomando en cuenta su magnitud y la técnica pensada, pero, ¡misión cumplida!, los cerrajeros artistas demostraron que era posible: la obra estuvo lista y con tiempo para concentrarse en sus detalles.

“El esqueleto fue construido con tubos: circular, cuadrado y  rectangular, con algo de fierro de construcción. El elemento principal es la calamina plana u hojalata. En unas partes de los dedos usamos calamina ondulada. Teníamos algunas piezas viejas que aplastamos para darle forma”, explica Collao.

Rodrigo Soliz  afirma que las teas fueron diseñadas para que los paceños puedan tomarse fotos con ella sin tener que alejar mucho la cámara para encuadrar todo el monumento. “Debía ser grande para que la gente pueda tomarse fotos, pero no al extremo de que tuvieran que  alejarse mucho, porque así el elemento (la tea) sale grande y la persona muy chiquita”, afirma.