Rolando Pinedo, el príncipe heredero millennial

No heredará un reino que gobernar, pero se preocupa por la unidad de su pueblo. A través de las RRSS se relaciona con otras comunidades afro. Cuenta que quieren reconocer a su padre como el último rey de Sudamérica.
domingo, 14 de julio de 2019 · 00:04

Ivone Juárez  /  La Paz 

Poco se sabe de  este príncipe heredero.  Vive, en La Paz,  en Villa Fátima, y aceptó una entrevista con Página Siete en una plaza de la zona Sur. Tiene unos minutos para la conversación, lo espera un examen de su segunda carrera: Derecho. Rolando Pinedo también estudió  Ingeniería Comercial. Dos carreras profesionales. ¿Un príncipe precisa estudiar?, se le pregunta al  descendiente del príncipe congolés Uchicho, de quien descienden  muchos de los afrobolivianos. 

 Rolando se sonroja, sonríe y dice: “Es simbólico, prefiero que me llamen Rolando”, responde. Nadie lo llama su majestad, ni le hacen reverencias,  al menos  aquí, en Bolivia o en Mururata, donde nació y actualmente radica la familia real, encabezada por el rey Julio Pinedo y la reina  Angélica. “Recibimos ese trato cuando vamos a algún encuentro internacional con descendientes de africanos, ahí me llaman príncipe. Después, en otros espacios, se muestran incrédulos porque no conocen nuestra historia”, añade el joven heredero que en unos días más, el 30 de julio, cumplirá 25 años.

Rolando es sobrino del rey Julio Pinedo, de 87 años, quien  al no tener descendencia directa lo nombró su heredero. También ostenta,  por deseo expreso de su padre, el rey, la Gran Cancillería para África de la Real Orden del Mérito del Príncipe Uchicho. La senadora Anselma Perlacios, descendiente del pueblo afroboliviano, considera     que Rolando es un heredero legítimo porque  forma parte del  linaje real de Uchicho. 

¿Quién fue Uchicho? Un príncipe africano capturado en 1820 por tratantes de esclavos que lo trajeron hasta Bolivia, primero a Potosí y después a los Yungas de La Paz, específicamente a la hacienda del Marqués Pinedo. La comunicadora Laura Mendoza Magariño, quien  realizó su tesis de grado sobre la cultura afroboliviana, señala que la sangre de real de Uchicho nunca fue un secreto, ni  para los africanos  que vivieron con él en esclavitud ni para sus “amos”. “Siempre lo reconocieron. Tenía un trato especial, no cubría el mismo cupo de trabajo;  los  demás esclavos trabajaban  extra para cumplir su cupo”, afirma.

“La gente de su tribu, que  fue traída con él, lo reconoció por  la señas que tenía en la pierna. Los tratantes de esclavos lo capturaron cuando había salido  a cazar”, relata  Rolando Pinedo. 

 El rey Julio Pinedo y su esposa Angélica. La fotografía fue tomada por Susana Girón y fue publicada en sitios como Gea Photowords.

Uchicho incluso fue coronado en 1832, luciendo  una corona,   capa,    bastón de mando y un chaleco bordado en oro y plata que su padre le mandó desde África y  que sus descendientes afrobolivianos guardan celosamente. “Está en un lugar seguro”, asegura.

En medio de todas estas historias que parecen de fantasía, el príncipe Rolando, en cumplimiento de la  responsabilidad que le dio la Gran Cancillería para África de la Real Orden del Mérito del Príncipe Uchicho,  dedica gran parte de su tiempo a relacionarse con organizaciones afros de otros países para seguir difundiendo que el pueblo afroboliviano guarda la sangre real de monarcas de África y que es custodio de una gran riqueza cultural.  ¿Sus recursos? Las redes sociales. Es que este  es un príncipe millennial.

Y  está alcanzando logros. Hace poco logró contactó con  una organización de Brasil que viajó hasta Mururata, donde verificó que su padre Julio Pinedo es el último rey afro en Sudamérica.  Tras la visita comenzaron a organizar  un encuentro que se llevará a cabo en agosto, en Panamá, donde se pretende reconocer a Julio Pinedo como el último rey afro en Sudamérica. 

“Quieren reconocer a mi padre como el único rey afro en Sudamérica. Estamos  invitados y estamos viendo cómo podemos ir”, dice. El joven descendiente de Uchicho añade: “Estamos abriendo más  espacio para el pueblo afroboliviano. Tenemos contactos con algunas embajadas y organizaciones de afros en Francia,  Brasil, Chile, a través de las redes sociales, hablando sobre lo que se está haciendo por el pueblo afro”, asegura.

La familia real afroboliviana: Julio Pinedo (centro) su esposa Angélica y Rolando Pinedo.

¿Qué privilegios  da ser descendiente de un rey en el pueblo afroboliviano?

Los afros siempre supieron que aquí, en Bolivia, había un rey, faltaba socializarlo más con el resto de la población boliviana,   y de eso nos estamos ocupando. El pueblo afro reconoce  a  mi padre como una autoridad. Cuando hay algún congreso o evento está invitado  y si no puede asistir lo hago yo, en su representación. Le consultan sobre las decisiones que se quiere tomar en el pueblo, él da su punto de vista.

¿Cuáles son las responsabilidades?

Son responsabilidades que se van transmitiendo de generación en generación. Hoy le tocó a mi padre   y las viene cumpliendo desde que lo coronaron, en 1992, en la hacienda de Mururata, y desde los reconocimientos que le hizo el Gobierno departamental de La Paz en 2007, con el entonces prefecto José Luis Paredes, y  en 2013 la Cámara de Senadores,  presidida entonces por  Eugenio Rojas.

El príncipe heredero Rolando Pinedo de niño, junto a sus padres.

¿Cuáles son tus responsabilidades?

Representar a mi padre, cumplir los trámites que le corresponden. En este momento estoy trabajando en unos reconocimiento que él enviará a Costa Rica,  difundir la historia y la cultura afro y afroboliviana. Mi tarea es conectar a mi padre con autoridades y representantes internacionales.

¿Cómo te sientes con ese trabajo?

Muy feliz porque cada vez conozco más personas de las que aprendo mucho sobre la cultura afro.

¿Qué es lo que más te emociona?

  Compartir con ellos, cuando demuestran la cultura, que ellos tienen viva, como en Brasil, con la capoeira. En África también fue muy interesante. 

Rolando Pinedo con el traje de la saya afroboliviana.

¿Conociste África?

Sí, con mis padres. Viajamos con la productora Qipus que hizo un documental sobre mi padre. Pisamos la tierra de nuestros antepasado. Fue muy emocionante. Mi padre se quedó sorprendido porque todas las personas eran afros, apenas se veía gente blanca. Arribamos de noche y no pude dormir toda la noche, esperando a que amaneciera para salir a conocer todo.  Visitamos lugares extraordinarios, conocimos a la gente, sus tradiciones, desde cómo comen y cómo realizan sus actividades. Visitamos un sitio ceremonial, ubicado sobre una montaña, donde se coronaba a los reyes. Ahí el rey recién coronado se queda solo, durante una semana, recibiendo sólo a  autoridades. En ese tiempo debía meditar sobre lo que tiene que hacer para su pueblo. 

Una cultura muy fuerte fue esclavizada, ¿piensa en eso?

Sí, pienso en eso y llegó a la conclusión de que sin el pueblo afro muchos países no hubiesen alcanzado el nivel que tienen hoy y por eso me siento orgulloso. Tuve la oportunidad de visitar la Casa de la Moneda en Potosí, por un lado sentí tristeza, al ver las evidencias del trato que se daba a mis antepasados, pero, al mismo tiempo, sentí orgullo porque sé que mis ancestros la construyeron, y vivo así, orgulloso.

¿Cómo quieres aportar al pueblo afroboliviano? 

Quiero contribuir a su unidad. Cuando era niño, el señor Jorge Medina, quien fue diputado, siempre estaba organizando eventos para unir al pueblo afroboliviano de todo el país. Nos reuníamos y hablábamos sobre el rumbo que queríamos seguir. Deseo que ese tiempo regrese.

   El rey Bonifacio Pinedo, abuelo del rey Julio Pinedo.

“Es necesario un reconocimiento profundo”

La comunicadora social  Laura Mendoza Magariño investigó durante más de un año “las manifestaciones culturales del pueblo afroboliviano”, lo que le permitió confirmar que Julio Pinedo y sus familiares vienen de una familia real de África. “Tienen  reconocimiento de la comunidad de Nor Yungas, no de Sud Yungas, que pertenece a otra cultura, también africana”, sostiene. 

Señala que algunos afrobolivianos lograron  “rastrear”  sus orígenes en África incluso a partir  de palabras. “Tienen  un lenguaje que buscan hacer  reconocer, que es una composición de palabras africanas con español”, afirma. 

“Es necesario un reconocimiento profundo de la cultura afroboliviana, sin prejuicios ni racismo,  porque aportó  al país y a la cultura, desde la música hasta la gastronomía”, dice.

Confidencial

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