El ecuatoriano Jesús Vélez exige justicia a su país con una huelga

Lleva 13 días de huelga en las puertas de la Embajada de Ecuador en La Paz . Demanda a su país que resuelva su caso ante la CIDH por las torturas sufridas hace 15 años.
sábado, 20 de julio de 2019 · 00:04

María Ortiz  / La Paz

El ecuatoriano Jesús Vélez Loor cumple hoy 13 días de huelga pacífica en las puertas de la Embajada de su país en La Paz, en demanda de justicia por las torturas que sufrió entre 2004 y 2005. Pese a su delicado estado de salud, Vélez dijo que mantendrá la medida de presión hasta que el Estado ecuatoriano muestre voluntad política para resolver su caso, que fue llevado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y por el que se habría guardado silencio durante más de una década.

“En tres llamados que hizo la Comisión Interamericana, el Estado  nunca puso la voluntad política para poder dar una solución a mi caso. Ese es uno de los motivos por los que yo estoy aquí en la huelga, para exigir que cumpla con la resolución que la Comisión emitió para exigir que se resuelva  en la mayor brevedad posible”, dijo Vélez.

Notificación  enviada por la CIDH al Estado ecuatoriano en marzo de 2012.

Página Siete trató de conocer la versión de la embajada de Ecuador sobre el caso mediante la solicitud de una entrevista, pero hasta el cierre de esta nota no obtuvo ninguna respuesta.

Vélez volvió a Ecuador en 2003 luego de ser deportado de Panamá, país al que había llegado un año antes en un intento de alcanzar por tierra la frontera con Estados Unidos, donde había decidido migrar desesperado por el desplome de la economía de su país. En Panamá fue detenido por las autoridades de migración, que le acusaron de tener un visado falso y de estar vinculado con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Sin haber visto a un abogado ni a un juez, Vélez fue condenado a dos años de prisión por orden de la entonces directora nacional de Migración y Naturalización, Ilka Varela. Después de diez meses fue liberado tras enfermarse de úlceras, perder un testículo y sufrir daños en la espalda, en el brazo derecho, en los pies y la cabeza, como consecuencia de las torturas a las que fue sometido en las prisiones panameñas de La Palma y La Joyita. 

Parte  del dictamen pericial médico que el ITEI le hizo a Jesús Vélez en el mes de julio.

La incansable lucha de Vélez por buscar justicia tras la detención, la condena y las torturas que sufrió hizo que, años más tarde, la Corte Interamericana condenara a Panamá y que, entre otras cosas, la cárcel de La Palma fuera clausurada.

Revictimizado en su propio país

En mayo de 2004, cuando trataba de “levantarse de toda esa tragedia que había vivido”, Vélez fue arrestado por la Policía de Ecuador, que pensó que era un ciudadano del Perú, por no tener su documento de identidad en ese momento.

“Tuve una discusión y ellos lo que hicieron fue agarrarme, me arrastraron del brazo que tenía lastimado y de mis piernas y me llevaron a un cultivo de cañas (de azúcar), donde me torturaron con una toalla, a la que le pusieron combustible diésel  para metérmela en la boca. También me lastimaron la caja torácica”,  relató Vélez.

Recomendaciones  del informe psicológico realizado a Jesús Vélez por el ITEI.

Después de los hechos, lo llevaron preso y permaneció recluido durante ocho días. Cuando quedó en libertad, la víctima inició un proceso contra los policías que lo habían maltratado.

En febrero de 2015, mientras se dirigía a reunirse con su abogado en la ciudad de Guayaquil -según contó-  fue “secuestrado” y nuevamente torturado con quemaduras de cigarrillos en sus brazos y hombros.


Vélez contó que la represión aumentó después de que denunciara los actos que había sufrido, costándole persecuciones y amenazas de muerte. 

“Amnistía Internacional intervino y lanzó una acción urgente al Ecuador, pero esa acción no fue respetada y ahí, en vistas de que ya no existía seguridad por parte del Estado, lo que me tocó fue escapar del país”, refirió.

Vélez lamenta ahora haberlo perdido todo: sus proyectos, sus sueños y hasta su salud. “Quedé como si hubiera pasado un huracán sobre mí, quedé destrozado. Perdí todas esas cosas hermosas de la vida”.

La lucha desde Bolivia

Jesús Vélez llegó a Bolivia en el año 2006 con el estatus de refugiado. Meses después  trasladaron su refugio a Brasil, donde las “difíciles condiciones” lo empujaron a renunciar y a regresar de nuevo a Bolivia, donde pudo restablecer su vida y continuar con su incesante lucha.

 Pese  a su delicado estado de salud, Vélez no ha dejado de luchar en 15 años.

Llevó su caso contra Ecuador ante la CIDH en Washington. La comisión recibió la causa en 2006 y dos años después notificó a Ecuador. En febrero de 2009, la comisión solicitó al Estado, con un mes de plazo, las observaciones sobre el caso de Vélez. Según los documentos a los que tuvo acceso Página Siete, la CIDH volvió a notificar en marzo de 2012 y agosto de 2013.

“El Estado, ante esa causa, se silenció, nunca dio respuesta al requerimiento que necesitaba la CIDH. Desde  2009 y hasta el 2014 la CIDH  seguía pidiendo información sobre el caso al Estado, pero para no dar trámite al proceso, el Estado no respondía”, dijo Vélez, quien afirmó que la espera durante más de una década no ha hecho más que alargar su sufrimiento y su derecho a consumar esta lucha.

La CIDH escribió al Estado ecuatoriano que se ponía a disposición de las partes con miras de alcanzar una solución amistosa  a lo que, según Vélez, el Estado se negó.

“Me han condenado a vivir en un mundo que no conocía, en un mundo aparte convertido en desastre para el resto de mi existencia. Todo se ha sumado en mi diario vivir: las pérdidas individuales, familiares, culturales, sociales y los valores de un ser humano”, describe Vélez en el informe del Instituto de Terapia e Investigación sobre las Secuelas de la Tortura y la Violencia Estatal (ITEI).

Además de ésta, Vélez tiene otras luchas. Su hijo de nueve años sufre trombocitopenia, un trastorno hemorrágico en el cual el sistema inmunitario destruye las plaquetas e impide la coagulación normal de la sangre. 

Según explicó Vélez, en Bolivia no existen los tratamientos para que esta enfermedad pueda ser tratada. Asimismo, él no puede ir a Ecuador para que su hijo reciba asistencia médica porque pesa contra él un arraigo que le impide entrar y salir de  su país.

 Vélez reprocha que el Estado ecuatoriano emitiera esta resolución de arraigo tras un proceso que le hicieron cuando él estaba en la cárcel de Panamá “en la más absoluta indefensión”. Y de cuyo caso se enteró hace apenas ocho meses.

“La salud del niño aquí no está apta para vivir con tranquilidad. Yo también tengo un conjunto de secuelas de las torturas que viví (…) Pero ahora prima el silencio y la indiferencia. El Estado no responde ni para dar una solución en el caso de la CIDH, ni para dar una solución a la salud de mi hijo  ni a la salud mía  ni tampoco para resolver el problema de entrada y salida del Ecuador”, lamentó Vélez.

“Al no responder, yo he venido a sentarme en esta embajada para que el Estado resuelva estos cuatro puntos”, continuó al tiempo de admitir que se siente “olvidado” por su propio país.

Vélez dijo sentirse un apátrida y denunció que la embajada ecuatoriana en Bolivia le niegue sus derechos y su pertenencia al pueblo ecuatoriano, impidiéndole el ingreso a la delegación y negándole la recogida de sus peticiones para que su caso pueda llegar a oídos del presidente de Ecuador, Lenín Moreno.

Jurisprudencia en las Américas

En 2010, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) falló a favor de Jesús Vélez y condenó al Estado panameño, ordenándole el pago de una indemnización de 59.000 dólares por las torturas sufridas en 2002.

Ese fallo sentó jurisprudencia. Fue la primera vez que un migrante ganó a un Estado en Latinoamérica y también la primera vez  que la Corte IDH dictó una sentencia relativa a los derechos de las personas migrantes en contextos de control migratorio en el continente.

A través de esta decisión, la Corte impuso límites  a la facultad de los Estados de restringir y privar de libertad a una persona como consecuencia de la infracción de normas migratorias.

En 2012, Vélez realizó una huelga de hambre en las puertas de la Embajada de Panamá en Bolivia, a la espera de que ese país cumpliera la sentencia de la Corte IDH. Después de 56 días, el Gobierno panameño finiquitó los trámites del pago de la indemnización.

“Todo eso lo he hecho yo solo sin abogados, sin gobierno, sin ayuda de ninguna institución. Y en vez de que mi país se sienta orgulloso de tener un ecuatoriano que ha luchado por esto, vea usted  el resultado: torturas, revictimización, persecuciones y desoído”, concluyó Vélez, cuyo sueño es que su caso sea resuelto después de más de 15 años de  la lucha y que pueda reparar con dignidad su salud, los perjuicios y los daños.  

Asimismo,   “el tiempo de vida que le queda” lo quiere dedicar a velar por los derechos de los migrantes en el mundo para que no sufran lo que él ha sufrido.


  Relato  de los hechos

  Jesús Vélez volvió a Ecuador en 2003 con el deseo de encontrar protección   luego de haber sido  torturado por el Estado panameño. Sin embargo, fue víctima de detención, tortura y persecución.  

2004  Vélez fue arrestado por la Policía de Ecuador al pensar que era un ciudadano del Perú. Tras una discusión lo llevaron a un cultivo de cañas de azúcar, donde fue torturado. Tras los hechos estuvo preso durante ocho días.

 2005  Inició un proceso contra los policías que lo habían maltratado. Tras la denuncia aumentó la represión contra él y en febrero de 2015 fue  secuestrado y nuevamente torturado con quemaduras de cigarrillos en sus brazos y hombros.

2006  Llevó su caso contra Ecuador ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Washington. Vélez critica que el Estado nunca mostró voluntad política para poder dar una solución a su larga  lucha.

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