Irit Epelbaum, la paceña que “creció” en Silicon Valley

Irit se graduó en Economía en Yale, hizo su MBA en Stanford. Trabajó nueve años en la meca de la tecnología de EEUU, donde estuvo en Google. Es experta en startups, va a Brasil.
domingo, 28 de julio de 2019 · 00:04

Ivone Juárez /  La Paz 

Después de siete años regresó a La Paz,  ahora con sus dos hijos: Gabriel, de cuatro años, y  Maya, de siete meses. Estuvo cerca de un mes con sus padres  y continuó su camino. Su destino, por el momento, es nuevamente Brasil, donde, junto con  su esposo Julio Vasconcellos, continuará sumergiéndose en el mundo de las startups: “Estas empresas nuevas están surgiendo a cada segundo, por eso es importante ver lo que está pasando para aprender lo que están haciendo”, dice Irit Epelbaum.

Brasil es uno de los países de Latinoamérica de mayor crecimiento de las  startups, esas pequeñas empresas de tecnología que se enfocan en solucionar los  problemas cotidianos de la gente a través de ideas innovadoras y que pueden terminar convertidas en compañías enormes y  millonarias, como Facebook, por ejemplo, dice la experta en startups.

 Irit Epelbaum y su familia en Brasil.

Esta paceña tiene  más de 15 años de experiencia en ese rubro,  todos acumulados en Silicon Valley, la meca de la tecnología de Estados Unidos, y  Brasil, donde se casó con Julio, también experto en tecnología, como ella. 

 Irit Epelbaum nació en La Paz y  a sus 17 años, después de salir bachiller en el colegio Calvert, salió a estudiar Economía en la Universidad Yale, Estados Unidos. Luego  de graduarse se estableció en Nueva York, donde, durante cuatro años,  realizó consultorías económicas y financieras, en las que le tocó trabajar con muchas empresas dedicadas a la  tecnología. 

Entonces decidió hacer un  MBA  enfocado en esa área: eligió la Universidad de Stanford, en California, cercana a Silicon Valley, donde están asentadas las grandes corporaciones de tecnología del mundo y  miles de startups. Ahí llegó a trabajar en Google, donde la función que cumplían los gerentes de producto la sedujo. Estos expertos crean el producto de tecnología, piensan cómo funcionará, qué información tendrá, los pasos que debe seguir el usuario, etcétera.  “Desde que estuve en Stanford trabajé en empresas como Google y en otras más pequeñas, startups, en el rubro de bienes raíces”, cuenta.

El equipo de Solv, la última startup que Irit ayudó fundar en Estados Unidos y en la que trabajó hasta marzo de 2019.

 Irit permaneció   nueve años en Silicon Valley,  donde aprendió que para triunfar con un emprendimiento  y convertirlo en una gran  empresa se tiene que arriesgar todo, sin miedo a perder,  y aceptar el fracaso como un estímulo para  “levantarse  y comenzar de nuevo”.

“Silicon Valley atrae a los emprendedores, a las personas muy capacitadas, con mucha garra,  que lo arriesgan todo para que una empresa salga adelante y eso se encuentra con la filosofía del lugar de apoyo a  estos  emprendedores en tecnología. Pero la mayoría no sale adelante, las empresas que escuchamos que son exitosas, son una entre millones. El 90% no acaban siendo empresas grandes,  pero eso está permitido. Silicon Valley es un lugar especial porque, en cierta manera, el fracaso también es aceptado”, dice.

 Y el valle donde Larry Page y Sergei Brin crearon Google, Chad Hurley y Steve Chen  YouTube, Mark Zuckerberg Facebook  y  años antes  Steve Jobs Apple encanta a la  gente joven que apenas termina la universidad o que la deja porque tiene una buena idea, también atrajo a Irit Epelbaum.  

El equipo de mujeres  de Solv.

“Los primeros años que trabajé con startups nunca sabíamos qué podía pasar. Veíamos señales de que las cosas iban bien, pero había competencia, había que levantar más dinero, trabajar muy fuerte para hacer crecer el número de usuarios, el mercado”, recuerda.

  “Me gustaron mucho esos años de gran riesgo, de no  saber qué  pasará, de adaptar el producto, cambiar todo para moldear la empresa. Me gusta mucho esa energía pero hay que ponerle mucho esfuerzo, muchas horas de trabajo”, añade.

Irit cuenta que en esos primeros  tiempos en Silicon Valley los equipos de startups estaban  formados en su gran mayoría por varones.  Considera que se debía a que pocas mujeres incursionaban en el área de la tecnología, pero también a que el ritmo y tiempo de trabajo limitaba la posibilidad de que éstas pudieran tener hijos, familia.   “Llegué a ser la única mujer en un equipo y el primer comentario que recibí fue: ‘¡Ay no!, tenemos una mujer y ahora tendremos  que compartir el otro baño con ella’. Había una mentalidad muy machista”, recuerda.

Irit, cuando salió bachiller, en la ciudad de La Paz.

 Añade que en ese tiempo su juventud, 27 años, e incluso el color de su pelo llegaron a ser una desventaja. “Había un preconcepto con las mujeres en general y ese ‘qué sabe, qué nos va a decir’”,     cuenta. 

    Con el paso de los años este trato a la mujer fue cambiando y en las empresas de tecnología se abrió más espacio para las mujeres. “En relación con  hace 10 o 15 años, ahora hay más mujeres en la parte de ingeniería. Ya hay más mujeres CEO, aunque aún no en la misma cantidad que varones, especialmente  mujeres  que tengan hijos”, dice Irit.

 Destaca que en los últimos años se comenzó a discutir sobre porqué las mujeres  no lograban alcanzar puestos  de decisión  y se concluyó que se debía a la gran cantidad de tiempo que se tiene que dedicar para que los emprendimientos salgan adelante, lo que representaba una limitación para las que  querían formar una familia y tener hijos. Ante ese hecho, empresas grandes, como Google, Facebook e Instagram,   comenzaron a tomar algunas medidas;  por ejemplo,  ampliar las licencias de maternidad para que las mamás puedan pasar más tiempo con sus bebés y  regresar a trabajar.

  Los socios fundadores de Solv. Al medio la CEO   Heather Fernández  e Irit Epelbaum,  CEO de producto.

“Hay pocas mujeres startups que después de tener hijos pueden volver a trabajar, pero hay cambios que las empresas grandes de tecnología están haciendo para que las mujeres pueden tener familia y seguir trabajando, y no sólo cuando son jóvenes y solteras”, añade Irit.

   Y lo sintió en carne propia. “Como me enfoqué en mi carrera, postergué mi maternidad lo más que pude, porque no veía cómo hacer las dos cosas: trabajar y tener una familia”, señala.

Esta  mamá startup  destaca que en  la última  empresa  que ayudó a fundar (Solv) y en la que  trabajó hasta hace poco, el equipo de producto estaba formado en su mayoría por mujeres, la CEO era también mujer, y ella ya tenía a su primer hijo, Gabriel. 

La experiencia en Solv, startup especializada en tecnología para la salud, también le trajo su más grande satisfacción profesional porque desarrollaron un sistema que permite conseguir, en 10 minutos, una cita médica para el mismo día o 24 horas después. 

 En el teleférico de La Paz, con su esposo Julio y su hijo mayor, Gabriel.

En Estados Unidos, para una cita médica con un especialista privado se tiene que esperar hasta una semana e ir a un hospital  que es muy caro. “Hicimos el producto, pero después nos dimos cuenta de que las personas querían que el mismo médico les confirmara que aceptaba su plan de salud e implementamos un sistema que permitía eso; las personas no lo pidieron, pero nosotros nos dimos cuenta que no querían llegar a la cita y encontrarse con la respuesta de que la consulta no estaba en su plan y que  tenían que pagarla”, explica. 

 El sitio fue lanzado en una pequeña ciudad de Texas y ahora está en más de 20 estados de Estados Unidos. “Cuando me fui, en marzo, ya estábamos con más de cuatro millones de citas agendadas y ayudamos a salvar vidas”, señala.

 Con toda esa vivencia Irit Epelbaum regresa a Brasil. Aún no tiene planes de volver a Bolivia, pero lleva al país con ella, en su cartera de cuero y aguayo, su pulsera hecha con monedas de centavos bolivianos, y los aretes que su abuelita Zelda le regaló. Los pendientes tienen su historia: fueron comprados en Oruro, antes de que la mamá de Irit, Sara Iberkleid, naciera.
 

 

276
18